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La causa de la burla

jueves, 30 de julio de 2009

La causa de la burla
Autor: Carlos Alberto Gomez Fajardo

En África subsahariana la epidemia del SIDA continúa en aumento. Se ha calculado que en el año 2006 el número de nuevos infectados con el virus superó los 2.5 millones de personas.
No es diferente el panorama en las sociedades occidentales en cuanto a la creciente amenaza que ha significado la enfermedad. En Uganda, lo reconocen las instituciones relacionadas con el enfoque epidemiológico serio del problema, se está ganando terreno, siempre y cuando el tema de la prevención no esté polarizado hacia el supuesto concepto del “safe sex” y en la propaganda a favor del uso del preservativo. La prevalencia de la infección por VIH en Uganda ha pasado del 18 % en el año 1992 al 6.7 % en el año 2006; la disminución de la pandemia en ése país se ha debido a los esfuerzos educativos en el sentido de una “educación para la vida”: mediante la promoción de una conducta humanizada y responsable en el campo de la sexualidad humana -abstinencia, fidelidad, monogamia- se ha avanzado en el freno a la enfermedad. El Papa ha dicho en Camerún que no es conveniente el enfoque del SIDA en el tema del preservativo. Ha hecho énfasis en el tema antropológico y en la intervención inteligente -el ejercicio de la inteligencia y la voluntad pertenece a la esencia de los seres humanos- sobre uno de los aspectos más fundamentales de la existencia de cada persona. El Papa ha propuesto, con una base antropológica racional, unas metas altas y humanas. Y como la contundencia de aquella verdad es tan poderosa, la “progresía” de buena parte de occidente se ha incomodado. El planteamiento del comportamiento humano responsable y digno pone nerviosos a los “librepensadores”. En realidad, buena parte del discurso “liberal” -haciendo referencia a una degradación demagógica y “light” del concepto “liberalismo”- se fundamenta en una manipulación degradante del concepto de la libertad. Lo que se ha establecido como “políticamente correcto” es manifestar a todos que todo vale, que allá cada quien con su “libertad” y con sus métodos de satisfacción personal de deseos y tendencias. Añaden los “progresistas” que lo que sucede es que “todas las opiniones son muy respetables” y que cada quien actúa como quiere. Pues tienen razón, pero sólo parcialmente. Por supuesto, aunque todas las opiniones merezcan algo de respeto, es un dato cierto –la realidad regala incontables ejemplos, sobre todo cuando se miran las cosas con perspectiva histórica- que hay unas opiniones mejores que otras. Hay algunas de ellas cuyas bases tienen un mayor fundamento racional que otras. Eso sí, no es infrecuente que algunas de las mejores opiniones no sean las más populares. Este es el caso: el tema de la humanización y el autocontrol en el comportamiento de la esfera de la sexualidad exige una comprensión esencialmente humana e inteligente de ello por parte de cada persona. Esta es una afirmación de carácter racional, documentada y poderosa, y esto es lo que el máximo jerarca de la Iglesia ha reafirmado. Por ello acude a una ética exigente en el campo del ejercicio de las virtudes. Como se sabe, a la gente parece gustarle más que le hablen de “derechos” y les fascina que se los enumeren repetidamente, mientras que son poco bienvenidas las advertencias sensatas sobre los “deberes”. El Papa se ha referido al deber de ser humanos y dignos. Por eso sus palabras en Camerún han merecido las frecuentes críticas y burlas con que algunos medios masivos se deleitan, contradiciendo su razón de ser en relación a la difusión de la verdad y de formación del criterio de quienes los leen o escuchan. Es una realidad que el concepto del “sexo seguro” no es sino una colosal mentira cuyas consecuencias son fatales: la promoción del uso del preservativo estimula la conducta de riesgo, que es la responsable de la diseminación de la enfermedad. La promiscuidad y el comportamiento sexual deshumanizado son los determinantes de la epidemia del SIDA. Ésa es la verdad sencilla y es lo que ha afirmado el Santo Padre. Ante la falta de argumentos muchos acuden a lo que no es sino una muestra del nerviosismo y la debilidad intelectual de la “progresía”, de los áulicos de la “postmodernidad”: la burla. Quizás también así imaginen que se eximen de la parte de la culpa contenida en sus propios fracasos.

http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=115450&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=1361

Nota

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Medellín, Antioquia, Colombia
Magister en Filosofía y Politóloga de la Universidad Pontificia Bolivariana. Diplomada en Seguridad y Defensa Nacional convenio entre la Universidad Pontificia Bolivariana y la Escuela Superior de Guerra. Docente Investigadora del Instituto de Humanismo Cristiano de la Universidad Pontificia Bolivariana. Directora del Grupo de Investigación Diké (Doctrina Social de la Iglesia). Miembro del Grupo de Investigación en Ética y Bioética (GIEB). Miembro del Observatorio de Ética, Política y Sociedad de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del Centro colombiano de Bioética (CECOLBE). Miembro de Redintercol. Ha sido asesora de campañas políticas, realizadora de programas radiales, así como autora de diversos artículos académicos y de opinión en las áreas de las Ciencias Políticas, la Bioética y el Bioderecho.

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