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Mockus: ¿En qué quedamos? - Beatriz Campillo

lunes, 24 de mayo de 2010

Mockus: ¿En qué quedamos?
24 Mayo 2010

“Mockus era ateo, pero ya no...Admiraba a Chavez, pero ya no... Extraditaría a Uribe, pero ya no... Pensaba que Petro defendía la violencia, pero ya no... Les pagaría a los médicos menos de un millón, pero ya no... ¡Me inspira mucha confianza! ¡Hay gente que iba a votar por él, pero ya no!...”

Estas líneas las encontré por casualidad en el Facebook, no soy su autora, ni sé de quién sean, pero me sorprendió que al escribirlas en Google salieran por todos lados, demostrando una vez más el poder de las redes sociales en la actual contienda electoral colombiana.

Pero más allá de eso, muestra el efecto que causa en los electores los constantes reversazos del candidato verde, que hacen dudar de su muy afamada transparencia; él dice ser distinto a todos los políticos, pero desafortunadamente se le ha vuelto costumbre sentar una posición, esperar la reacción de la sociedad, y si le es adversa, entonces opta por retractarse, afirmando que todo ha sido un problema de comunicación.

De forma tal que valdría la pena preguntarse: ¿Qué entiende el señor Antanas Mockus por transparencia? Porque no es simplemente decir que los “dineros públicos son sagrados”, que se opone a la corrupción, sino que la mayor transparencia sería mostrarse públicamente tal y como es y defender sus ideas con claridad. Lastimosamente nuestro pueblo sigue creyendo que quien habla enredado da muestra de su gran sabiduría, cuando realmente es todo lo contrario. Ya lo decía Ortega y Gasset: “La claridad es la cortesía del filósofo”.
Por tanto, la ambigüedad de este filósofo poco cortés sigue generando muchas preguntas: ¿Qué propone realmente? ¿Qué piensa? ¿Hacia dónde se dirige? ¿Sabe a lo que se enfrenta? ¿Conoce a profundidad la Constitución Política de Colombia? Y más aún: ¿Conoce los grandes debates jurídicos sobre los peligros del positivismo a ultranza? ¿Es consciente de que hay leyes que pueden ser injustas, aunque cumplan con los requisitos formales? ¿Sabe que los jueces no son infalibles?

Personalmente, no estoy de acuerdo con su excesiva alabanza a la Corte Constitucional. Según él los Magistrados son los encargados de guiarnos en los temas más polémicos, como los de vida y familia, olvidando que la Constitución está por encima de la misma Corte, y que cuando entra a decidir de fondo, modificando el mandato constitucional, legisla y, por tanto, usurpa funciones del Congreso. Además, me sorprendió enormemente que no supiera que era función de un presidente decidir la extradición o no de alguien, de manera que aspira a un cargo y no sabe cuáles son sus funciones. Y también me atemoriza su respuesta frente a la pregunta de si cerraría el Congreso, a lo que responde: “Tengo entendido que la Constitución no permite cerrar el Congreso”. La falta de contundencia es evidente, ante un tema tan grave como la posibilidad de un golpe de Estado.

Cuidado, que mencionar la Constitución todo el tiempo no es necesariamente sinónimo de respeto a ella. El presidente venezolano lo hacia todo el tiempo, sacaba de su bolsillo un pequeño librito -la Constitución-, lo mostraba ante cámaras y hasta ahí llegaba. Siempre el simbolismo ganaba, pero al contrastarlo con sus actos, la realidad era otra.

Apostilla: Más vale pensar con cuidado a quién elegiremos como presidente, teniendo en cuenta el escenario internacional y regional. Ya no sólo preocupa el crecimiento armamentista de Chávez, sino también las relaciones entre Lula y Ahmadinejad. Frente a lo cual sólo queda recordar la vieja frase del teatro: “Si en el primer acto hay una pistola en la repisa, en el tercero tiene que dispararse”… Nadie compra armas, sino tiene intención de usarlas.

Beatriz Campillo es Politóloga, miembro del Centro Colombiano de Bioética (CECOLBE), autora del Blog "Ciencias Políticas, Bioética y Bioderecho".


http://comentariodigital.com/index.php/opinion/53-beatriz-campillo/312-ien-que-quedamos

IMPORTANTE - Respuestas de candidatos ante temas candentes y sensibles

Candidatos marcan terreno sobre los temas sensibles

http://www.elpais.com.co/paisonline/notas/Mayo122010/lospresidente.html

64,9% de los colombianos somos indecentes

sábado, 22 de mayo de 2010

 

Opinión

64,9% de los colombianos somos indecentes

Carlos Andrés Pérez | Medellín | Publicado el 22 de mayo de 2010

Desde que en el año 2000 se usó estigmatizar a todos los políticos para hacer campaña electoral, la sociedad quedó clasificada entre decentes e indecentes. Esa división logró que tres años más tarde Sergio Fajardo fuera elegido alcalde y que un período después, Alonso Salazar alcanzara el mismo cargo. Desde esa época se vienen usando frases con palabras donde se generaliza al resto como corruptos y politiqueros y se utilizan calificativos como "de alcantarilla" para referirse a los contrincantes.

Hay que reconocer que independientemente de lo criticable de esa clasificación entre decentes e indecentes, dio resultado en las elecciones donde se usó (Fajardo en 2003 y Salazar en 2007), incluso la candidata de ese movimiento que en la contienda de marzo pasado tenía como eslogan la frase "Por el poder de la decencia", logró significativos 35 mil votos, aunque no consiguió la curul en el Senado.

Lo muy lamentable es que esa misma estrategia la introdujeron en la campaña presidencial y a una semana de la elección, el argumento de más peso que tiene el Partido Verde para convencer, es precisamente inyectar la creencia de que su candidato es el único decente y que Colombia tiene la oportunidad única y de oro para salir del fango donde estamos sumidos. Esa es la lógica con la que trabajan; y claro, cuando a un ciudadano lo confrontan con esa dualidad ¿cuál de las dos atrae más? Lógica de Pambelé: es mejor ser decente que indecente.

La maniobra no es nada nueva, al final de la campaña de 2003 en Medellín aparecieron vallas con las fotos de Fajardo y Salazar a cada lado y en medio una frase: "Vamos a derrotar otra vez a los politiqueros y corruptos", esto quería decir que los otros cinco candidatos que había eran indecentes y uno -el que se promovía en la valla- era inmaculado. Lo odioso, lógicamente, no es que quieran vencer las malas prácticas, sino que usen como sustento para autoconvertirse en jueces de la moral, el valor de la decencia; que entre otras debe ser parte de su estructura personal si aspiran llegar a la Presidencia, no suena bien que lo estén vendiendo como un plus. Además, al mismo tiempo están marcando al 64,6% de colombianos que, según Gallup, no los siguen a ellos sino a otros candidatos.

Lo peor de todo esto es que los aspirantes a presidente y vicepresidente y el partido que promueven este señalamiento en contra de una parte de la sociedad, parecen no darse cuenta del daño tan grave que causan. Basta leer los comentarios de sus seguidores en los foros de los medios electrónicos para constatar lo interiorizado que está la creencia de las dos Colombias: la decente que es verde y la indecente, la del resto que no los seguimos.

La verdad es que hay una sola Colombia y corregir su rumbo es tarea de todos, no sólo de unos pocos que creen tener la verdad revelada.

http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/6/649_de_los_colombianos__somos_indecentes/649_de_los_colombianos__somos_indecentes.asp

Microsoft investiga en móviles transparentes y el uso del cuerpo como interfaz

sábado, 15 de mayo de 2010

Microsoft investiga en móviles transparentes y el uso del cuerpo como interfaz

Gestos tan cotidianos como un movimiento, dar una orden de voz o incluso, tocar nuestro propio cuerpo serán  reconocidos e interpretados como comandos o directrices por nuestro entorno físico.

VIDEO - Skinput: Appropriating the Body as an Input Surface (CHI 2010)  

http://www.youtube.com/watch?v=g3XPUdW9Ryg&feature=player_embedded

2010-05-14

 

Chema Carrasco

Ya ha pasado una década de este "recién inaugurado" siglo XXI y las grandes empresas de la tecnología comienzan a dar pistas de por dónde van a ir los tiros para llegar a la tecnología, que pretenden hacer cotidiana, del 2020 ó del 2025.

Tratar de hacer posible lo imaginable es la premisa de Microsoft en su camino por avanzar hacia un tipo de sociedad mucho más interactiva con su entorno gracias a nuestra propia forma de interactuar unos con otros. En otras palabras, de lo que se trata es de simplificar todos los sistemas de comunicación para que converjan y podamos interactuar y tener acceso a toda nuestra información desde un único dispositivo que pueda ser 100% multitarea y que se apoye en nuestro entorno vital.

De esta forma una pared puede ser una pantalla perfecta para proyectar una imagen, o gracias a una plataforma multitáctil, una ventana puede convertirse en un escritorio de trabajo.

"En Microsoft estamos trabajando en tecnología de naturaleza wifi o inalámbrica para que todo esto sea posible. Un ejemplo es la casa futuro de Microsoft. Allí, para hacerse una idea, no hay bombillas, son elementos de luz que tiene la posibilidad de proyectar imágenes para que cualquier superficie habitable pueda convertirse en un sistema por el que se pueda interactuar", sentencia Enrique Fernández-Laguilhoat, Director de Desarrollo y Plataforma de Microsoft Ibérica.

Primeros pasos

Las bases para que esto sea posible se están empezando a asentar. Gracias al cloud computing, no se necesitará un dispositivo físico, como por ejemplo un pendrive, para que nuestra información viaje con nosotros. El proyecto Natal, reconoce los movimientos corporales a través de un sensor y los reproduce en el televisor, permitiendo que se pueda jugar con la videoconsola sin necesidad de mando, dar órdenes a la televisión para que reproduzca una película, gracias al reconocimiento de voz, o poder realizar una videoconferencia, como si de una llamada telefónica se tratara.

Además, Microsoft está investigando, como complemento a los movimientos naturales, las propias interacciones de nuestro cuerpo. Así mediante el concepto "Skinput", el contacto con nuestra propia piel puede ser interpretada por un dispositivo como un comando. De esta manera, podremos, por ejemplo, escuchar música por la calle a través de nuestro mp3 y con un toque de nuestro propio dedo sobre nuestro brazo podremos, iniciar la reproducción de música, pausarla o cambiar de canción.

Como es de esperar esta tecnología es muy costosa. "Este tipo de tecnología ya es posible, pero su coste es astronómico, lo que estamos haciendo es perfilar, cada vez más, esa tecnología. Que según pase el tiempo de modificación y perfeccionamiento también se abarate su coste, pero ya es posible", explica Fernández-Laguilhoat.

Algunas posibilidades reales

Si las bases que se están cimentando actualmente van tomando forma, se desarrollan y convergen, se llegará a un punto en el que por ejemplo su hijo, desde la escuela y a través de una pizarra transparente interactuará en tiempo real vía internet con un niño de una escuela situada en cualquier país del mundo. El germen de esta pizarra ya existe en las aulas españolas, la pizarra electrónica.

Si se puede proyectar la información sobre cualquier superficie, si viaja en avión con su ticket de embarque y con un gesto con el dedo índice sabrá exactamente en qué terminal va a aterrizar su vuelo y por ejemplo que tiempo y temperatura tiene en el lugar de destino.

Si se encuentra en su puesto de trabajo, puede utilizar la cristalera de su edificio como una pantalla de ordenador para después sentarse en su mesa ante dos pantallas de cristal, y con la mano, ser capaz de hacer todo tipo de operaciones bursátiles.

Un único dispositivo multitarea puede ser utilizado, con la mayor garantía de eficacia, como un GPS que nos guíe paso a paso hasta un punto de encuentro, como un teléfono y como un pequeño ordenador para tener acceso a todos los datos.

Las tabletas son cada vez más delgadas, interactivas y se vuelven indispensables para trabajar. El periódico del mañana es una fina pantalla semitransparente en la que usted puede elegir las noticias que más le gusten, desechando con un dedo las que no quiera leer y en su lugar aparece otra nueva. Parece una utopía, pero Microsoft no lo ve así.

En paralelo a la compañía de software más importante del mundo, surge el pionero de la creación del nuevo concepto de "terminales inteligentes", el diseñador Seunghan Song, con el Window Phone (no confundir con los Windows Phone). Se trata de una finísima hoja plástica transparente, que responde al clima adaptando su pantalla a la luz y humedad de su entorno. Entre otras particularidades, el Window Phone permitirá al usuario escribir mensajes a mano, que podrán ser codificados y transformados en caracteres digitales. Para activarlo no hará falta sacudirlo ni pulsar botones, el Window Phone se activa al soplar su pantalla.

Si bien los concept phones son proyecciones reales de lo que podrían ser estos dispositivos dentro de unos años, son precisamente los puntos de partida para que las grandes compañías investiguen e implementen mejoras en sus modelos futuros. Visto así, el futuro parece muy esperanzador.

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http://www.libertaddigital.com/internet/microsoft-investiga-en-moviles-transparentes-y-el-uso-del-cuerpo-como-interfaz-1276392686/

Elecciones 2010: Luces, cámara, acción

viernes, 14 de mayo de 2010

Elecciones 2010: Luces, cámara, acción

14 Mayo 2010

Beatriz Eugenia Campillo Vélez

El gran poder de los medios de comunicación, especialmente los televisivos, es arrollador, y qué decir de las redes sociales, hoy en día, en pleno furor. Realmente, la fiesta de la democracia no está lejos de parecer un Reality Show, donde la imagen, las historias emocionales de alianzas, crisis y divorcios son las que cautivan al público y se olvidan los contenidos de fondo, las ideas.

De nuestra democracia se ha dicho que es una de las más sólidas, casi exclusivamente, en razón de no haber vivido grandes dictaduras y por tener dos de los partidos políticos más antiguos del mundo. Porque si evaluamos otros aspectos, tal vez no salgamos muy bien librados.

Es increíble que la favorabilidad de un candidato esté dada, no por la fortaleza de su programa, sino por cuántos fans tiene en Facebook, cuántos lo siguen en Twitter y cuántos puntos ha bajado o subido en las encuestas, que de paso sea dicho, por muy serias que sean las firmas que las realizan, la forma de ejecutarlas, las preguntas y lo representativo de la muestra, no nos queda muy claro; no obstante, la pregunta mayor para el público en general sigue siendo ¿Quiénes las financian?... no podemos ser ingenuos, y pensar que sólo son personas interesadas en saber cuáles son las preferencias de los colombianos. Hay que tomarse en serio a Goebbels: “Una mentira repetida mil veces, se convierte en verdad”.

Por otro lado, seguimos cargando nuestra herencia caudillista. Al igual que toda América Latina, el tema de la institucionalidad aún no logramos interiorizarlo, y mucho menos el pensarnos como Estado, más allá del gobierno de turno. Aun seguimos a la espera de un mecías, un salvador, alguien que mágicamente cambie la historia y nos garantice la felicidad. Cuánta razón tenía Gómez Dávila cuando sentencia, “Los hombres cambian menos de ideas que las ideas de disfraz. En el decurso de los siglos las mismas voces dialogan”. Y no es que estemos condenados a un triste destino cíclico, lo lamentable es que nos condenemos a él, porque nuestra miopía hace ver como novedoso, algo que de fondo es más de lo mismo.

Este disfraz va de la mano del marketing político que ve al candidato como un producto a vender, los consumidores son los electores. Esta lectura económica no es nueva, y no sería tan problemática, si lo que se “vendiera” fueran los programas de gobierno, que finalmente eso es lo que el elector debería “comprar”. El gran problema, es que nos venden la figura del candidato, su imagen, y pocas veces llegamos a ver su contenido en época de campaña e incluso en el gobierno se dificulta, pues muchos siguen lo que se conoce como el manual de la “campaña permanente”, muy similar a las Lecciones de Urbanidad de Serrat.

En suma, la mascarada a la que asistimos, hace ver cada vez más lejana esa idea de entender la política como la búsqueda del bien común, a la democracia como el gobierno del pueblo, o al ciudadano como ese sujeto que solo tenía realización plena en la polis. No obstante estas visiones románticas, ideales, no las podemos olvidar, pues es necesario tener un referente del deber ser, para enfrentarnos a la realidad que cada vez es más compleja. No en vano, algunos estudiosos expresan que meterse en política es vérsela con los demonios, debido a los grandes intereses, presiones y poderes que se manejan.

Ante este panorama, la pequeña y gran puerta que nos queda es hacernos conscientes de que cada uno de nosotros es político, porque es ciudadano y que tenemos derechos y obligaciones, que debemos cumplir y ejercer con responsabilidad. Si damos pequeños pasos en nuestra formación de cultura política, tal vez no tengamos que seguir esperando un salvador y podamos exigirles más a nuestros gobernantes y candidatos. Por el momento sería un gran avance si lográramos entender que oponerse y polarizar no son sinónimos, y que todos tenemos derecho a debatir ideas, sin agresión.

Beatriz Campillo es Politóloga, miembro del Centro Colombiano de Bioética (CECOLBE), autora del Blog "Ciencias Políticas, Bioética y Bioderecho".

http://www.comentariodigital.com/index.php/opinion/53-beatriz-campillo/277-elecciones-2010-luces-camara-accion

La apuesta por Mockus - Iván Garzón Vallejo

martes, 11 de mayo de 2010

La apuesta por Mockus
 

¿Cuándo comienza la vida humana? - Cinco minutos por la Vida R.A.P.

sábado, 8 de mayo de 2010

 

¿Cuál es el valor del ser humano? - Cinco minutos por la Vida R.A.P.

 

Analizan ADN de científico para predecir qué enfermedades sufrirá

Analizan ADN de científico para predecir qué enfermedades sufrirá
CIENCIA¿Le gustaría saber qué enfermedades podrá padecer en el futuro? Eso lo sabe ahora el científico estadounidense Stephen Quake, de 40 años, después de que se analizara su genoma completo.
Viernes 30 Abril 2010

Gracias a ello, este profesor descubrió que es propenso a sufrir un ataque al corazón, además de padecer diabetes y varios tipos de cáncer.

El estudio, publicado en la revista médica The Lancet, y llevado a cabo por un equipo de la Universidad de Stanford en California, inaugura una nueva era en medicina personalizada, pero genera dilemas éticos, señala Helen Briggs, corresponsal de salud de la BBC.

Estudio revelador
Quake se presentó como voluntario para secuenciar su ADN para buscar "errores" genéticos y variaciones asociadas a 55 enfermedades.

La prueba costó unos US$55.000, relativamente poco comparado con lo que costaba antes.

Entre otros, descubrió una extraña dolencia cardíaca común en su familia, y mayor riesgo de sufrir obesidad, diabetes y enfermedades coronarias.

Pero no todo fueron malas noticias, ya que la prueba demostró que tiene un riesgo menor del esperado de padecer Alzheimer en su vida.

"Fue muy interesante, tenía curiosidad por ver qué mostraría", afirmó Quake.

"Aunque es importante reconocer que no todos querrán saber los detalles íntimos de su genoma, y que este grupo podría ser mayoría", añadió.

Más allá
El costo de la prueba continúa siendo prohibitivo para casi todos los mortales, pero algunos científicos creen que los médicos podrán ofrecer esta prueba dentro de una década.

Unos 10 individuos han visto sus genomas analizados de forma completa.

Y varias empresas ofrecen pruebas genéticas a sus empleados para analizar riesgos a ciertas enfermedades aunque sin llevar a cabo una secuenciación completa del genoma.

Pero el equipo de científicos de Stanford fue más allá al analizar la historia genética de los familiares del voluntario.

http://www.semana.com/noticias-vida-moderna/analizan-adn-cientifico-para-predecir-enfermedades-sufrira/138285.aspx

Nueva técnica podrá crear embriones con el ADN de un hombre y dos mujeres

ZS10042802 - 28-04-2010
Permalink: http://www.zenit.org/article-35144?l=spanish

Nueva técnica podrá crear embriones con el ADN de un hombre y dos mujeres


Expertos en bioética expresan su rechazo frente a este procedimiento




LONDRES, miércoles 28 de abril de 2010 (ZENIT.org).- Científicos británicos de la Universidad de Newcastle desarrollaron una técnica sin precedentes que permite crear embriones con el ADN proveniente de un hombre y dos mujeres. Así lo reveló recientemente la publicación científica Nature.

El objetivo de este procedimiento es la prevención de enfermedades hereditarias producidas por los trastornos mitocondriales.

En un comunicado enviado a ZENIT, el centro de Ateneo de Bioética de la Universidad Católica de Roma expresó su rechazo frente a estos experimentos diciendo que con esto “estamos regresando a la selección de la raza humana”.

“En nombre de la presunta salud de las nuevas generaciones se fabrican y se destruyen embriones experimentando nuevos “cócteles genéticos”, dice el comunicado.

El trastorno mitocondrial

Las mitocondrias de las células se encargan de transmitir la energía para que el organismo funcione.

Aproximadamente uno de cada 200 niños nace con mutaciones del ADN mitocondrial, aunque en la mayoría de los casos esto sólo produce males leves, incluso sin síntomas. Pero en uno de cada 6.500 el problema podría ser grave, incluso mortal.

Los niños que sufren el trastorno mitocondrial en su fase más grave, van presentando síntomas como debilidad muscular, ceguera, insuficiencia cardíaca y hepática, dificultades de aprendizaje y diabetes.

El ADN de las mitocondrias es independiente del que se encuentra en el núcleo de la célula y contiene menos genes. Sólo se transmite de madres a hijos.

Hasta ahora no se ha descubierto ningún tratamiento adecuado para el trastorno mitocondrial y las madres con una historia familiar de esta enfermedad deben decidir entre correr el riesgo de tener un hijo con este problema genético o no tener hijos.

¿Cómo funciona?

El procedimiento consiste en unir un óvulo y un espermatozoide mediante la fertilización in vitro. Al día siguiente el ADN nuclear es removido del embrión e implantado en el óvulo de una donante, cuyo propio núcleo ha sido quitado y eliminado.

El embrión resultante hereda ADN nuclear o genes, de sus dos padres, y el ADN mitocondrial de la mujer que dona el óvulo sano. Es decir, sería un bebé con el material genético de un padre y dos madres.

En los humanos, se encuentran cerca de 37 genes en las mitocondrias, el resto de los más de 23.000 genes conocidos están en el ADN encontrado en el núcleo.

El director de esta investigación, profesor Doug Turnbull, en declaraciones a la revista Nature, comparó este procedimiento con el cambio de batería de una computadora. “El suministro de energía pasa a funcionar correctamente, sin que nada de la información que había en el disco duro sea alterada”, explica.

Sin embargo, el cambio del material que contienen las mitocondrias supone siempre la destrucción de al menos un embrión del que se extrae el ADN mitocondrial sano.

Miembros del centro Ateneo de Bioética de la Universidad Católica de Roma expresaron así su preocupación asegurando que este procedimiento “trastorna la miopía ética, tanto de quien autoriza estas solicitudes como de quien la practica”.

“Y así, bajo el velo de la salud se puede aplicar cualquier acción”, dicen los médicos y científicos de este centro “y la eugenesia de mercado se afirma tranquilamente en la opinión pública”.

El Centro Ateneo de Bioética expresó también su preocupación por los eufemismos que se utilizan en este tipo de procedimientos. “Ninguna sutil distinción teórica ni lenguaje refinado científico puede impedirnos ver que estamos, de hecho, minando los fundamentos, merecidamente ganados, de la idea de un hombre como sujeto que no puede ser ni producido ni fabricado”.

ZENIT consultó con el médico ginecólogo colombiano Carlos Alberto Gómez Fajardo quien aseguró que la aplicación de técnicas de Fertilización in vitro y transferencia embrionaria para obtener embriones libres de la patología mitocondrial “hace parte de la misma dinámica de muerte selectiva de embriones”.

“Se trata de otro capítulo de la imposición de una dinámica del Baby to carry home en la cual el hijo es producto del poder hacer de la tecnocracia y de la dinámica de mercado”, aseguró el ginecólogo.

Según informa la revista Nature, 80 embriones fueron creados y desarrollados en el laboratorio en un período de seis a ocho días para lograr la etapa de blastocisto, que comprende una bola de unas 100 células. Posteriormente fueron destruidos.

Por Carmen Elena Villa



http://www.zenit.org/rssspanish-35144

Técnica selección esperma aumenta posible embarazo afectados ADN fragmentado

05-05-2010 / 15:00 h

(Comunidad Valenciana) CIENCIA-TECNOLOGIA

Técnica selección esperma aumenta posible embarazo afectados ADN fragmentado


Valencia, 5 may (EFE).- El Centro Médico de Reproducción Asistida, CREA, ha implantado una técnica de selección de espermatozoides que "aumenta considerablemente" la probabilidad de embarazo en aquellos pacientes que presentan una patología del ADN fragmentado.

Según un comunicado de CREA, a través de campos magnéticos detecta de manera rápida y sencilla los espermatozoides sanos en pacientes con esta patología, que puede provocar el fallo en los tratamientos de reproducción asistida e incluso abortos.

La aplicación de esta novedosa técnica, denominada MACS (Magnetic Activated Cell Sorting), ha sido posible gracias al acuerdo de colaboración firmado con la doctora argentina Vanesa Y. Rawe, que colaborará como asesora científica y especializada en reproducción humana.

Este método consiste en la selección inmunomagnética de los espermatozoides que presentan su ADN fragmentado, a partir del efecto de los campos magnéticos, obteniendo de este modo espermatozoides filtrados y con una mayor probabilidad de ser genéticamente normales.

La selección inmunomagnética de espermatozoides se realiza específicamente en pacientes en los que se ha diagnosticado previamente un mayor porcentaje de gametos con falta de integridad en su ADN.

Según Miguel Ruiz Jorro, director del Departamento de Andrología de CREA, la fragmentación del DNA espermático puede provocar el fallo en los tratamientos de reproducción asistida o incluso el aborto.

Por ello, ha destacado la importancia de esta técnica ya que permite mejorar el pronóstico de embarazo en parejas que presentan esta patología.

El origen de esta alteración suele ser una patología en el aparato reproductor masculino, pudiendo ir desde un varicocele (varices en el escroto) a una inflamación en la vía seminal o prostática.

En otras ocasiones, ha continuado, "es causa de los tratamientos de quimioterapia, de disfunciones a nivel del propio testículo o como consecuencia de agentes externos o medioambientales" Antes de la implantación de esta técnica en CREA, los espermatozoides de los varones con diagnóstico de ADN fragmentado eran obtenidos directamente del testículo, lo que implicaba la realización de una Biopsia Testicular.

En cambio, con el MACS sólo es necesaria la obtención de una simple muestra de semen para el posterior tratamiento inmunomagnético de los espermatozoides.

Vanesa Rawe, doctora en Biología de la Reproducción Humana por la Universidad de Buenos Aires (Argentina) y Máster en Biología de la Reproducción en Baltimore (USA), dirige su propio laboratorio de investigación en Argentina y es Responsable de Biología de Reproducción en Mamíferos de la Cátedra de Biología del Desarrollo de la Universidad de Maimónides. EFE

http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=371097

Interior tiene el perfil genético de 134.000 posibles delincuentes

Interior tiene el perfil genético de 134.000 posibles delincuentes

En la base nacional de ADN se añaden datos de 8.000 personas al trimestre - El Instituto de Toxicología sólo ha incorporado cuatro desde que se creó

MÓNICA CEBERIO BELAZA - Madrid - 03/05/2010

 

Una víctima de violación señala en un reconocimiento en rueda a su supuesto agresor. Lo hace "sin ningún género de duda". La Policía Científica compara su ADN con el de la mancha de semen encontrada en la camiseta de la mujer y constata... que no fue el violador. No sólo eso, sino que metiendo en un ordenador los datos del ADN extraído del esperma aparece el verdadero culpable, un detenido por un robo con violencia años atrás. Casos como estos son los que está ayudando a resolver la base de datos común de ADN de ámbito nacional, en funcionamiento desde noviembre de 2007, destinada a la investigación criminal. Dos años y medio después de su puesta en marcha hay 134.088 personas fichadas genéticamente en España, y la base crece con más de 8.000 nuevos perfiles cada trimestre.

A esta inmensa base de datos coordinada por la Secretaría de Estado de Seguridad han incorporado perfiles la Policía Nacional (94.740), la Guardia Civil (35.616), los Mossos d'Esquadra (3.057), la Ertzaintza (674) y el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses (4). La última cifra es llamativa por lo pequeña. Desde el Ministerio de Justicia -del que depende el Instituto Nacional de Toxicología- aseguran que acaban de incorporarse al sistema y que comenzarán ahora a meter los datos en la base. En su memoria de 2008, sin embargo, publicada en noviembre de 2009, se hablaba ya "del importante avance en la implantación del sistema CODIS, una base de datos de ADN de ámbito nacional que coordina la Secretaría de Estado de Seguridad" del Ministerio del Interior, según consta en la nota de prensa publicada en la página web del Gobierno la-moncloa.es, CODIS es la base que se usa en España, un sistema creado por el FBI.

Los datos de ADN se intercambian también con los países de la Unión Europea que han firmado el Tratado de Prüm: Francia, Holanda, Alemania, Austria y Luxemburgo. En este caso no hay una base de común que incorpore todos los perfiles genéticos, sino que cada país envía cada semana sus datos nuevos para ver si hay alguna coincidencia. Las comparaciones han dado 242 resultados positivos desde 2005 -157 robos con fuerza, 30 agresiones sexuales, 21 delitos vinculados con homicidios y 34 de casos de terrorismo-.

La ley que permite almacenar y cruzar los datos de ADN se aprobó el 29 de octubre de 2007. Hasta entonces, cada organismo tenía su propia base de datos (aunque Guardia Civil y Policía Nacional se habían unificado en 2005). La Policía podía pedir a los Mossos d'Esquadra, por ejemplo, que se contrastaran unos datos concretos, pero no se cruzaban de forma automática los perfiles "dubitados" -los que se encuentran en la escena del crimen y no se sabe a quien pertenecen- e "indubitados" -los que se extraen de un sospechoso, y tienen nombre y apellidos-.

"Para cruzar datos tenía que haber sospechas previas, un modus operandi muy marcado en una serie de violaciones, por ejemplo", explica Carmen Solís, inspectora jefe y jefe de la sección de ADN de la Policía Científica. Solís explica que la importancia de la base no radica sólo en la posibilidad de encontrar culpables, sino también en la exculpación de inocentes. "El no, además, es un no rotundo. Si hay restos de ADN y no coinciden con el perfil del sospechoso, es seguro que esa persona no ha cometido el delito. Se evitan así muchos errores procedentes de identificaciones de víctimas que vieron a su agresor en situación de estrés". La Policía Científica resolvió el año pasado 194 agresiones sexuales, 140 homicidios y 13 delitos relacionados con el terrorismo gracias a análisis de ADN. En total esta técnica permitió encontrar a los culpables de 2.450 delitos.

La ley 10/2007 determinó en qué clase de delitos podía almacenarse el ADN en la base de datos. Se optó por una fórmula imprecisa que deja un amplio margen de maniobra a la policía. La norma precisa que se podrán tomar muestras, "en todo caso", cuando se trate de delitos que afecten "a la vida, a la libertad, la indemnidad o la libertad sexual, la integridad de las personas, el patrimonio (siempre que fuesen realizados con fuerza en las cosas o violencia o intimidación en las personas), así como en los casos de delincuencia organizada". Es decir, un extenso catálogo.

La ficha genética, que acompaña ahora a la foto y a la huella dactilar en la identificación de sospechosos de haber cometido cierto tipo de delitos, no se guarda para siempre. Si la persona es absuelta o su caso es archivado definitivamente puede pedir salir del sistema. Si sólo ha sido sospechoso y no imputado, podrá hacerlo también cuando el delito haya prescrito ya. Eso sí, no se hace de forma automática. Debe haber una petición expresa. Hasta el momento han sido borrados los perfiles genéticos de 504 personas.

Violaciones antiguas

Cuando empezó a funcionar la base nacional de ADN, se descubrió que algunos crímenes antiguos habían sido cometidos por una misma persona; se halló el nexo común antes desconocido. Cuando el criminal volvió a actuar, el sistema permitió imputarle no sólo el nuevo crimen, sino la ristra que había dejado atrás. Fue el caso de El Búho, que empezó a actuar en 2001. Siete años más tarde, cuando comenzó a funcionar la base de datos de ADN, se detuvo a un hombre, Isaac Plaza, por una agresión sexual reciente. Al meter su ADN en el sistema resultó que Plaza, un madrileño de 29 años, era El Búho, el buscado violador múltiple que abordaba a mujeres por la noche, muchas veces cuando volvían a sus casas después de bajar de autobuses nocturnos. Su perfil genético coincidía con el de 15 delitos sexuales cometidos durante los últimos años.

La base de datos consiguió resolver en 2009 una violación antigua que parecía ya irresoluble. En julio de 2004 una chica había sido agredida sexualmente a primera hora de la mañana en el Puerto de Santa María (Cádiz). La Policía encontró muestras biológicas de las que se consiguió extraer ADN. Durante años no se encontró al culpable. Se conservaba el perfil genético del autor pero no se sabía de quién era. En 2009 se detuvo a un hombre de 33 años sospechoso de haber cometido un delito, se tomaron muestras de ADN y el ordenador que cruza datos habló: había sido el autor de una violación cometida cinco años atrás.

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Interior/tiene/perfil/genetico/134000/posibles/delincuentes/elpepisoc/20100503elpepisoc_3/Tes

¿Y, dónde está el clínico?

¿Y, dónde está el clínico?

Carlos Alberto Gómez Fajardo, MD - elpulso@elhospital.org.co

Se ha dicho que la medicina contemporánea se ubica en una fase de “poderío y perplejidad”. Poderío, pues nunca antes el avance de las aplicaciones de la tecnociencia ha crecido y se ha ampliado hacia las masas de un modo tan acelerado y exponencial. El crecimiento en diversos aspectos de la economía, del desarrollo y la convivencia social, pone al alcance de millones lo que antes fue apenas lujo de exquisitas y poderosas minorías. Aunque persisten cuestionables diferencias en temas como el acceso a prestaciones sanitarias y a la equidad
humana básica, el habitante normal del planeta, de un modo similar a su contacto cotidiano con temas como las telecomunicaciones o el transporte, frecuentemente tiene que ver con la aplicación de medios diagnósticos o terapéuticos que involucran el poder de la alta tecnología. Este es un dato que alcanza a ser algo de carácter “rutinario” para muchos.
Perplejidad, también por varios motivos: el alcanzado nivel de especialización es extraordinario, dada la máxima complejidad de las aplicaciones. Simultáneamente el crecimiento de sistemas logísticos, jurídicos y administrativos aproximan el peligro de reducir el acto médico a una especie de trámite de carácter administrativo. Se ha querido convertir al paciente en “usuario” y al médico en “dispensador” de servicios, en parte de un personal operativo cuyo alcance se llega a asimilar al de un empleado bancario que atiende tras una ventanilla a alguien anónimo que realiza un trámite… Es explicable la perplejidad que se presenta ante la deshumanización y la pérdida de un horizonte antropológico que ha permitido la intromisión de terceros implacables y todopoderosos en la relación médico-paciente. El Estado y entes de otro orden se llegan a convertir en el “poder tras del telón”, en un inmenso e intrincado escenario en el que aquellos dos originales “actores” (médico y enfermo) apenas se limitan a ejecutar un brevísimo diálogo secundario.
Ahora cabe la pregunta: ¿Y, dónde está el clínico? En la semiología clásica se recuerda la raíz griega klinée (lecho), haciendo referencia al actuar del terapeuta junto al lecho del enfermo. El proceso de la anamnesis, recopilación de datos y de la historia personal del enfermo, sus antecedentes, aspectos de su entorno laboral, familiar, en fin de su existencia, a los cuales se añade la visión -a la vez analítica y sintética- del médico, investigador. Es el clínico, por excelencia, quien elabora un diagnóstico, propone un plan y por último responde al paciente a su más difícil pregunta: “¿a qué atenerme?”. La pregunta por el futuro -prognosis- es también constitutiva del alma del quehacer clínico. Sólo conociendo con antelación se ejercita de modo prudente la acción terapéutica. Ambos, médico y paciente, reconocen que aquel encuentro de carácter personal, un encuentro de saber y de conciencia, tiene lugar entre seres humanos concretos, limitados, expuestos ante la realidad misteriosa y a veces agobiante de la enfermedad y de las situaciones del sufrimiento -propio o de los seres amados- y de la muerte. Estos datos reales no se pueden cuantificar según manuales de “Medicina Basada en Evidencia”.
Flexner, gran reformador de la educación médica en Canadá y Estados Unidos en los primeros años del siglo XX, trató de imprimir orden, vigor racional y metodológico al proceso de formación de los médicos en Norteamérica. A pesar de los logros, sus esfuerzos no fueron del todo compensados; él mismo, en 1925, se quejaba de una de las grandes carencias del sistema norteamericano: reconocía que faltaba mucho por hacer en el aspecto de la formación cultural, filosófica y humanista de sus profesionales.
Quizás la queja de Flexner continúe teniendo ahora validez: el clínico auténtico no puede ocultar su rostro humano tras la intermediación de la aparatología biotecnológica. El “homo faber” o el “homo económicus” no pueden abarcar la totalidad de lo que atañe al hecho de enfermar. Enfermar es un modo individual de vivir experimentado por cada ser humano. Más que aplicación de una mentalidad protocolaria -propia de una impensable y rígida ingeniería- estamos ante la necesidad del apoyo y acompañamiento existencial de un “homo viator”, ser contingente, que se pregunta y padece y que debe afrontar sus particulares situaciones límites como un hecho de carácter personal más que un hecho sociológico, económico o político. El clínico, investigador e intérprete de signos y síntomas, debe ser un integrador de conocimiento científico que a la vez sabe asumir su compromiso humano con el bien de su paciente. Al tratar de aceptar esta responsabilidad lógica y afectiva, honra la dignidad del arte-ciencia de la medicina; al esquivarla, se convierte en un operario tecnócrata que ha cedido su obligación a otros intereses y prioridades.
NOTA: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-.


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El médico, el paciente, el diagnóstico y la familia

El médico, el paciente, el diagnóstico y la familia

Ramón Córdoba Palacio MD - elpulso@elhospital.org.co

Si el diagnóstico, el pronóstico y el tratamiento hacen parte del sigilo médico y deben ser comunicados al paciente en primer lugar y sólo con autorización de éste consentimiento idóneo puede el médico darlos a conocer a otros, ¿qué papel le queda a la familia, a los parientes? ¿No es acaso hacerlos arbitrariamente a un lado? ¿No pueden los familiares y los parientes cercanos proteger al enfermo de una noticia imprudente, de evitarle sufrimientos que consideran inútiles? Que es deber del médico comunicar en primer lugar al paciente el diagnóstico, el pronóstico y el posible tratamiento nadie lo discute hoy con argumentos racionales y tampoco hay duda de que no debe éticamente revelarlos a otros sin previa autorización idónea del paciente, su dueño absoluto.

Si los familiares y parientes consideran que el médico es incapaz de cumplir con este deber de informar al paciente con el menor daño posible para éste, que es inferior a la exigencia ética de «favorecer, no hacer daño», es mejor que prescindan de sus servicios y no pretender limitar su actividad profesional y que engañe conscientemente al enfermo.
No podemos negar que la solicitud de los parientes en este sentido, aunque inadecuada, está llena la mayoría de las veces de nobles intenciones: evitarle al enfermo temores por lo que se le anuncia sobre la enfermedad que padece o los sufrimientos que le acarreará. Pero hay evidencias que demuestran que el paciente capta los sutiles cambios que ocurren en su ambiente familiar: las nuevas y amables atenciones que antes no se presentaban, las manifestaciones afectuosas que ahora se hacen frecuentes, etc., y “adivina” la causa. Y ese silencio sobre la verdad acrecienta su angustia pues se ve privado de poder expresar sus sentimientos, sus inquietudes, sus necesidades de todo orden, porque teme romper el sortilegio que lo rodea. Con frecuencia comentan con alguno que goce de su confianza, ajeno a sus parientes, el incomprensible silencio del médico, cuando él intuye la gravedad de su enfermedad; se siente tratado como inmaduro, incapaz de afrontar los sucesos de su propia vida.
El paciente tiene el derecho, derecho primario, de conocer su estado clínico patológico y el futuro que puede éste depararle y nadie es más idóneo para dárselos a conocer, por su preparación académica, su sentido humano y la formación ética que debe distinguirlo, que el médico que mereció su confianza para pedirle ayuda en la enfermedad que lo aqueja. Más aún, conocido el pronóstico y previsto humanamente su futuro, tiene la obligación moral de ordenar sus asuntos espirituales, materiales, familiares, etc., que atañen a toda persona. Los parientes no pueden éticamente arrebatarle este derecho y esta obligación y, con todo respeto, consideramos que, en general, no sean los más aptos para cumplir con el requisito de ilustrarlo sobre su situación.
Entonces, ¿qué papel le queda a la familia, a los parientes? Su misión es esencial porque el ser humano requiere de la manifestación sincera de afecto, de solidaridad, de verdadero amor, en las circunstancias trascendentales, decisivas, de la vida. Pero no se cumple esta noble labor ocultándole al enfermo la verdad sobre su estado existencial. Le queda a la familia, a los parientes, a los amigos, contribuir con el médico a que el paciente comprenda su presente y su futuro, que los acepte y los viva con dignidad. Así, las expresiones no usuales de afecto, de consideraciones inclusive puramente materiales, no le crearán suspicacia sino gratitud.
Y, ¿de qué manera puede llevarse a cabo esta noble y delicada tarea? Los principios y consejos que dicta la prudencia para el médico son aplicables a la familia, a todo el que acompañe al enfermo: «Discreta psicoterapia con la palabra oportuna y con el silencio», enseña Laín Entralgo. «Favorecer, no hacer daño» se afirma ya en el Corpus hippocraticum, y el citado Laín Entralgo expresa al respecto: «[...] el médico debe decir al paciente toda la verdad que convenga a su bien natural (el logro de su salud) y a su bien personal (el destino último de su existencia, tal como sus creencias lo entiendan); por tanto, toda la verdad que sea capaz de soportar. Pues bien: según la experiencia, el moribundo es el enfermo más capaz de soportar toda la verdad; incluso la pide en ocasiones, si se sabe leer en su mirada y en sus silencios». La familia y el médico cumplen a cabalidad su misión humana con el paciente demostrándole con palabras y especialmente con hechos, que lo aman y lo respetan de verdad.


Nota: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-

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¿Hacia delante o hacia atrás?

¿Hacia delante o hacia atrás?

Carlos Alberto Gómez Fajardo - cgomezfaj@geo.net.co

Con claridad, para quien tenga los sentidos dispuestos a percibir esta simple realidad, se ha hecho oportunamente la advertencia: “Que los avances científicos no sean un pavoroso retroceso en el campo del hombre”.
Es infortunado tener que dejar la constancia de que en efecto, tal retroceso está teniendo lugar en un mundo cuya intención de globalización pareciera limitarse estrictamente al logro de determinadas metas en lo que atañe a satisfacción de criterios de “bienestar” colectivo y personal. Es incómodo, cuando no costoso e inoportuno, el enfermo que supone unos cuidados a largo plazo por parte de unos individuos, familias y conglomerados sociales cada vez más comprometidos en la egoísta cuota de cumplimiento de objetivos que se logran por medio del uso de la tarjeta de crédito.
Esto es lo que está sucediendo con el diagnóstico prenatal de las malformaciones congénitas. En el Reino Unido, por medio de la imposición oficial de políticas de “screening” masivo a las mujeres en embarazo, se están sometiendo a abortos (“interrupción del embarazo” es el obvio eufemismo) a las gestantes, ante la sospecha de llevar en su seno niños con síndrome de Down o con alteración bioquímica o ecográfica sugestiva de defecto abierto del tubo neural, como meningocele o mielomeningocele. Igual es la situación en California y en Hawai, en donde algunos salubristas comienzan a manifestar parte de victoria por lograr reducir a cero ciertas tasas de mortalidad infantil. No faltan las autoridades locales, asiduas visitantes de la máquina fotocopiadora, que resultan con la “novedosa” idea de que es urgente aplicar entre nosotros igual conducta. Preguntemos esto -mero ejercicio lógico- a cualquiera (no todos por fortuna) de los técnicos en ecografía obstétrica que despiden de su escenario a la paciente dándole una misteriosa cifra de unos determinados milímetros de “sonoluscencia nucal”: ¿Con qué finalidad proporcionan esta información a la paciente? ¿Qué beneficios se derivan de allí? ¿Qué intención y cuál finalidad conducen a que con tanta insistencia se le plantee a la gestante sometida a este examen el énfasis en un detalle del mismo -por el cual ella en buena parte de los casos- ni siquiera ha preguntado? Casi siempre en sus respuestas se esboza un: “... es que tienen derecho”, “... es que ellas decidirán”. Eso sí, no suelen responder a la pregunta original: ¿Cuál es el Bien que se hace con ello?
Las referencias de la literatura especializada son de una frialdad similar a la alcanzada por los planificadores de políticas de eugenesia y exterminio de ciertas épocas no muy lejanas. Se conocen los estudios epidemiológicos. Viene aquí de nuevo la “medicina basada en evidencias” (MBE) que no es sino una medicina basada en costos, abuso absurdo de la manipulación terminológica derivada de una comprensión errónea del término “calidad de vida”. Curiosamente, esa metodología suele ser aceptada casi universalmente, como axioma. Otra paradoja, puesto que toda autoridad suele ponerse en tela de juicio, incluso descalificarse, de modo harto sospechoso, por el simple hecho de ponerse a favor de ideas tan obvias como defender la dignidad de la vida humana, en especial la de aquel enfermo que se encuentra en condiciones de silencio, de indefensión y de inferioridad. Pero se acepta sin mayor discernimiento el absurdo de una moda en los procesos de decisiones médicos. La MBE es una moda, es una conducta, un modo de ver, de características endémicas, propio de los últimos veinte años, aceptado irracionalmente por individuos que creen practicar una actividad racional, como si esta no tuviese puntos débiles en su dinámica intrínseca. Son los manes de la era del vacío de Lipovetsky: impera la ética del relativismo “light”, el narcicismo lleno de fatuidad y de meteorismo moral. Da lo mismo ser aficionado al yoga que a los aeróbicos, a los vinos que al vegetarianismo activista, a la “reingeniería” que a la teoría X, Y o Z. Todo es igualmente “respetable”, hasta la inconsistencia y el absurdo.
Para comprobarlo, basta que el lector dé una mirada a los títulos que aparecen regularmente en los índices de contenido de las principales publicaciones de una especialidad como la ginecología y obstetricia. Sirven como ejemplo estas: Fertility and Sterility; American Journal of Obstetrics and Gynecology; Obstetrics and Gynecology. Allí aparecen copiosamente referencias disfrazadas con un tenebroso manto de neutralidad ética: feticidios selectivos, diagnóstico en blastómeras, tecnologías de PCR y FISH en embriones preimplantatorios para seleccionarlos, reducciones fetales, terminaciones médicas del embarazo por medios farmacológicos. El eufemismo como sistema hace su aparición desde las primeras páginas, como si con la repetición del equívoco se fuera logrando una desensibilización ética del lector, y por lo tanto, de la sociedad sobre la cual este lector incide con sus creencias y con sus actuaciones.
Una errónea definición de hombre: “Homo económicus”, es el sustrato de esta aberración. Por eso es el enfermo un indeseable ante el cual el tecnólogo operario de diversas especialidades de la medicina se convierte simplemente en un francotirador cuya tarea es la identificación de la víctima. Francotirador que además ha renunciado a su compromiso humano e hipocrático de respetar la vida de los débiles para convertirse en el ejecutor de los deseos de unos clientes, o usuarios, quienes, cuando exigen el aborto como una “medida terapéutica” (lógicamente, no lo es), están manchando sus manos con la sangre de sus propios hijos.
Hay que persistir en la tarea de dejar la constancia de que esto está ocurriendo con la medicina contemporánea. Es una realidad fáctica, pertenece al mundo de los hechos, no de las opiniones. Dejamos la constancia. Aunque resulte incómodo. Aunque saltemos bruscamente la barrera de los buenos modales en la política. También nuestra tarea, como miembros de una especie que aún es capaz de preguntarse por su destino y por sus fines, es continuar haciéndolo, aunque parezca inoportuno a quienes sólo desean cumplir estrictamente con las tareas numéricas que otros le han asignado y de las cuales obtienen lucro económico.
No nos queda duda de que la tolerancia ilimitada, es simplemente un modo de dimitir.



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La responsabilidad y la tendencia a la ayuda

La responsabilidad y la tendencia a la ayuda

Carlos A. Gómez Fajardo

La esencia de la vocación del médico está contenida en afortunada expresión del profesor Ramón Córdoba Palacio: “Pero hay otra condición del quehacer médico que se extiende, o debe extenderse, a todo el que participe en cualquier forma de la misión de aquél, de “su privilegio” de “ayudar a una persona”: la resolución consciente y voluntaria hacia la ayuda en la tensión que suscita la presencia del dolor y la enfermedad. Esta tendencia hacia la ayuda, que es el meollo de la “vocación” del médico, debe hacer parte esencial de la acción de todo el que en una u otra forma ofrece su colaboración a quien la haya menester en el área de la salud”.
Ahora resulta que a las situaciones que desfavorecen el quehacer del médico, se suma la inicua circunstancia de un ejercicio clínico sometido a las voluntades y a los intereses comerciales de quien ejerce un implacable poder: el intermediario financiero. En no pocas ocasiones, de modo directo o indirecto, es éste el empleador del médico. Este poder se torna material por medio de figuran tan contradictorias como la del auditor, investido a la vez de la fuerza jurídica y de la condición de empleado de la compañía cuyos intereses monetarios defiende. Se conocen ampliamente las oscilaciones de políticas de costos, y ejecuciones de presupuestos, las contrataciones con diversas entidades inspiradas por cambiantes y pasajeros funcionarios en los cuales se concentra momentáneamente la capacidad ejecutiva. No en vano circulan profundas críticas a la llamada “Medicina Basada en Evidencias -MBE-”, con sus procesos de protocolización de procedimientos diagnósticos y terapéuticos inspirados en rígidos esquemas economicistas. Como si a estos esquemas tuviese el paciente que amoldarse, ignorando que los hechos reales tienen preeminencia respecto de los abstractos modelos de los teorizantes. La “MBE” se convirtió en una medicina basada en costos y controlada por funcionarios anónimos. Ellos ejercen un poder de veto desde escritorios ajenos a las circunstancias personales del enfermo y de su médico tratante; controlan los hilos financieros y los resquicios jurídicos. Por sus manos pasa la aprobación del examen o del tratamiento propuesto; éstos tendrán lugar sólo con el apoyo de su “nihil obstat”, de su magnánimo “fiat”, o se estrellarán y detendrán ante su definitivo e implacable “archívese”. Una importante publicación local (Medicina y Laboratorio, Vol. 10 No. 7-8 p. 322) especifica este valeroso señalamiento, refiriéndose a la “MBE”: “Bajo su nombre se darían manipulaciones económicas por los intermediarios en salud...”
Añade mayor complejidad a la labor del médico una circunstancia vivida por muchos miembros del personal sanitario, aquí y ahora, como en otros países y épocas: la condición del ejercicio profesional en zonas de conflicto bélico. Es menester recordar que la Ley 23 de 1981, hoy vigente y aplicable en lo que atañe a la ética médica, señala en su artículo 2º, (del juramento): “Ejercer mi profesión dignamente y a conciencia; velar solícitamente y ante todo, por la salud de mi paciente.” “Hacer caso omiso de las diferencias de credos políticos y religiosos, de nacionalidad, razas, rangos sociales, evitando que estos se interpongan entre mis servicios profesionales y mi paciente”. Más adelante, el mismo código establece: “El médico dispensará los beneficios de la medicina a toda persona que los necesite, sin más limitaciones que las expresamente señaladas por esta ley...”.
Realmente, en no pocas ocasiones, la tarea del profesional de la medicina, y de sus colaboradores y subalternos también incluye desplazamientos y ejecución de misiones de gran riesgo ordenadas por superiores, en condición de funcionarios que obedecen órdenes y hacen parte operativas de políticas, ante las cuales naturalmente, está la compartida responsabilidad de aquellos. Es pertinente mencionarlo, en ocasiones ésos superiores no están cobijados por la Ley 23 de ética médica, pues muchos no son médicos. Sólo son administradores de empresas o sus equivalentes. Pero no dejan de ser ciudadanos colombianos, cuyas decisiones, acciones y omisiones, también están sujetas a códigos jurídicos ante los cuales deben responder. A mayor rango de poder de decisión, naturalmente, debería ser mayor la responsabilidad que se asume efectivamente. Igual sucede con niveles directivos y empresariales privados, de cuyas decisiones (a veces apoyadas en la complejísima y voluminosa reglamentación de las leyes vigentes) vienen retrasos o negativas a medidas diagnósticas o terapéuticas de las que derivan consecuencias adversas para los pacientes: puede que estos retrasos y negativas sean jurídicamente válidos: son, y en medida grave, humanamente injustos. Calderón de la Barca lo sintetizó hace siglos en inmortal sentencia: “En lo que no es justa ley, no ha de obedecer al rey...”.

Nota: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-

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El homicidio de Eluana Englaro

El homicidio de Eluana Englaro

Ramón Córdoba Palacio, MD - elpulso@elhospital.org.co

¿Fue la trágica muerte de Eluana Englaro un homicidio o el desenlace natural de una enfermedad terminal? Los medios de comunicación de masas dieron la noticia con más o menos espectacularidad y algunos promovieron debates o comentarios que en general mostraron un mayor o menor desconocimiento del tema que analizaban. Alguno de estos comentaristas trató de sentar doctrina pero sólo exhibió su gran ignorancia -la ignorancia es siempre atrevida- en lo relacionado con la antropología filosófica y la simple biología.
Si Eluana mostraba actividad cerebral, si no había “muerte cerebral” no obstante su coma profundo, Eluana debía considerarse como persona viva, con vida humana, y las medidas para provocar su muerte constituyen éticamente un franco homicidio. En el lugar en el cual se desarrollaba esta vida no es posible pensar que una sonda gástrica sea un medio extraordinario de atención a una persona enferma y menos aún el suministro de alimento ordinario y de líquido que satisficieran las necesidades básicas de una persona según su peso y área corporal. No necesitaba la ayuda de un respirador: su respiración se cumplía naturalmente. Si sufría dolores físicos o angustia psíquica durante su existencia debemos afirmar sin ninguna duda que el médico tratante no cumplía con su primordial deber: tratar por los medios a su alcance de suprimir el dolor físico y la angustia psíquica. Así lo proclama la bioética personalista cuando nos enseña sobre la ortotanasia, es decir, la atención al enfermo sin prolongar su agonía y sin acortar su existencia, procurándole todos los recursos físicos, emocionales proporcionales e inclusive religiosos, adecuados a su condición clínico-patológica. Es el verdadero derecho a morir con dignidad.
En Eluana, según los datos conocidos de la necropsia, no había ninguna condición patológica que la llevara a un desenlace fatal y su muerte se produjo por deshidratación. En otras palabras: Eluana fue condenada a morir cruelmente de sed y de hambre por decisión de su propio padre y por desconocimiento de los deberes éticos del médico que accedió a ser verdugo.
Se condenó a muerte, y muerte cruel, a un enfermo porque su padre no soportaba más el sufrimiento que alcanzó 17 años, un padre que según las noticias pocas veces la visitaba. Pero lo aberrante, lo horrendo, es considerar como conducta honesta suprimir la vida de alguien porque otra persona, cualquiera sea el rango de afinidad, está sufriendo. Aceptar este modo de actuar es aceptar la conducta de las peores tiranías que ordenan suprimir vidas humanas porque la presencia de esas personas causa zozobra, inquietud y tienen el poder de quitarlas de en medio; es aceptar en nuestra historia las muertes en épocas nefandas de “niños de la calle” para evitarles a ellos y a la sociedad la carga que representaban. Es aceptar la ley del más fuerte, la ley de la selva más abominable cuando la aplica el animal racional, sociable por naturaleza, capaz de solidaridad, capaz de amar al más necesitado, al más débil.
La eutanasia bien sea por acción o por omisión es siempre un homicidio, “homicidio por piedad” le denominan algunos autores, y desde la ética no puede justificarse. Este juicio no es cuestión religiosa sino simple y llanamente antropológico: ¿Qué se suprime? ¿Se puede condenar a muerte a quien no cometió ninguna falta? ¿Hay alguna razón superior al respeto a la vida, a la dignidad intrínseca e incondicional y a la libertad del ser humano?
Sí, asesinaron a Eluana, y el autor intelectual de este homicidio fue su propio padre. Y el verdugo, alguien que por su profesión, por su preparación académica y por el êthos de su profesión debió cuidar de ella, debió asistirla sin otra consideración que el sumo respeto por su vida y su dignidad intrínseca e incondicional.
Nota: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-

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Groningen: un protocolo intolerante

Groningen: un protocolo intolerante

Carlos Alberto Gómez Fajardo, MD - elpulso@elhospital.org.co

Es muy conocido en la práctica médica contemporánea el efecto negativo que tiene lugar cuando en la misma priman la despersonalización, los fríos criterios “costo-eficiencia”, el manejo burocrático y normativo en el cual intervienen impersonalmente protagonistas -enfermos y médicos- que se convirtieron en sujetos sin rostro, distantes, apáticos funcionarios o usuarios que reducen sus actuaciones a las de robots de un escenario de “protocolos”, rodeado de muros altos, fríos y sin ventanas.

Una prueba -actual y dramática- de esta alteración del original “ethos” humano de la profesión médica, está en la propuesta de unos pediatras holandeses que defienden la muerte selectiva (infanticidio) de niños con severos trastornos, especialmente los nacidos con mielo-meningocele. Se trata del “Protocolo de Groningen”. En criterio de esos funcionarios, hay niños cuya “calidad de vida” no cumple con requisitos mínimos para ser aceptados por la sociedad. Por tanto, deben ser “suprimidos”, para evitarles sufrimientos a ellos y a sus padres.
Hay cuestionamientos lógicos ante aquella concepción utilitarista del acto médico, que se torna en acción a favor de la muerte. Quizás por su evidencia parezca sorprendente la necesidad de afirmarlo, pero así es: con el Protocolo de Groningen se pretende violar descaradamente la Declaración Universal de Derechos Humanos en su artículo 3º: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.
Hay otro olvido injustificable en la sociedad europea de inicios del siglo XXI: se deja de tener en cuenta que precisamente en el Código de Nuremberg, se hizo énfasis en la situación de las personas con limitaciones de la autonomía. Se impone el deber de tener especial cuidado con el tema de consentimiento: “…el consentimiento voluntario del sujeto humano es absolutamente esencial”. Al olvido de las lecciones de Nuremberg sobre el consentimiento en poblaciones en situación de fragilidad, se añaden otros olvidos: La declaración de Helsinki-Tokio (1964-1975) reza en su introducción: “La misión del médico es velar por la salud de la humanidad. Sus conocimientos y su conciencia deben dedicarse a la realización de esta misión”.
Sobre todo, hay una falta de memoria histórica, con honda cercanía geográfica: pretenden olvidar los pediatras holandeses que precisamente con la Alemania nazi se dio inicio a las políticas de exterminio mediante la institucionalización de la muerte de algunos calificados como indeseables -comenzando por los niños enfermos- decretada por los “Tribunales de Eugenesia”.
Hoy reaparece la mentalidad costo-eficiencia de aquellos ominosos años 20 del siglo pasado: se imponen los criterios de “calidad de vida”, que pretendiendo objetividad llevaron a la sociedad a creer que realmente era un beneficio la aniquilación de los que fueron rotulados “indeseables”. Alfred Hoche y Karl Bingding sostuvieron esas tesis en aquel ambiente académico y jurídico: había vidas “que no merecen ser vividas…”. Los modernos pediatras holandeses que proponen el fatídico “Protocolo de Groningen”, copian las políticas de eugenesia que Europa habría querido olvidar. A ello se suman otros planes de gran alcance, como el “Eurocat Working Group”.
Cuánta actualidad tienen hoy las palabras de H. Arendt (“Responsabilidad y juicio”; Paidós, Barcelona 2003): “… Auschwitz había sido creada para la ejecución de matanzas administrativas que debían llevarse a cabo con arreglo al más estricto reglamento. Dicho reglamento había sido redactado por los asesinos de despacho y parecía excluir -probablemente había sido redactado precisamente para eso- toda iniciativa individual, para bien o para mal. El exterminio de millones de personas fue planificado para que funcionara como una máquina…”.
¿Es aquella máquina de exterminio diferente de lo que hoy se conoce como “Protocolo de Groningen”? .

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¿Médicos con la conciencia atada?

¿Médicos con la conciencia atada?

Mario Montoya Toro, MD - elpulso@elhospital.org.co
Es cada vez más preocupante la situación de los médicos frente a ciertas EPS, como consecuencia de la tan nombrada Ley 100, cuya concepción fue quizá bien intencionada, pero cuya elaboración, lo mismo que la reglamentación y la posterior interpretación caprichosa que de ella hacen estas empresas, han llevado a los profesionales de la salud a una situación en la cual se ven muchas veces compelidos a actuar por fuera de los lineamientos de la ética. Muchas veces estos médicos, por ignorancia de las normas éticas tan importantes en el campo de la medicina, actúan de manera no ética, inconscientemente. Pero también puede darse el caso de que a pesar de que el individuo comprenda cuáles deberían ser los límites de su actuación, se vea obligado a sobrepasarlos, por temor a perder un salario menguado, que representa para él, el sustento de su familia.
Este temor a perder el trabajo con tales entidades, es cada vez más grande, ya que parecería que alguien tenga la intención de crear un tipo de médico que pudiera considerarse un obrero de la salud, para lo cual se facilita la creación irresponsable de nuevas facultades de medicina de manera que al masificar los conocimientos profesionales de esta área, la oferta laboral sobrepase las necesidades y por consiguiente abarate hasta niveles verdaderamente vergonzosos la paga de los médicos, la cual ni siquiera puede llamarse hoy correctamente honorarios, sino meramente salario como el de cualquier trabajador.
Por eso no es raro que para proteger su puesto de trabajo, el médico hoy en día tenga que poner en práctica conductas totalmente cuestionables, tales como decir a una persona de 65 años, que una determinada cirugía ya no puede hacerse en su caso porque ha rebasado la edad en la cual se podría hacer ésta sin peligro para su vida, y lo que es peor, a veces se trata de cirujanos que si tuvieran esa misma persona en su consulta particular no vacilarían en decirle que hay que operarla lo más pronto posible. ¿Qué ha llevado a esto a algunos médicos? Lo que ya dijimos: el temor a quedarse en el aire sin posibilidades de trabajo con qué sostener su familia.
Para no citar sino otro caso, se sabe bien que algunas entidades están contratando los médicos con estas premisas: un salario determinado, del cual se deducirá mes por mes el costo de cualquier examen de laboratorio, rayos X, ecografía, etc., cuyo resultado no confirme la sospecha que tenía el médico sobre la enfermedad del paciente, o sea, no confirme el diagnóstico de presunción. Significa esto que se considera que el diagnóstico del médico debe ser absolutamente cierto por aquello que llaman "ojo clínico", puesto que si no es así y se quiere confirmar la sospecha diagnóstica con el examen de laboratorio o de otro tipo, está obligado el médico a haber acertado totalmente en el diagnóstico, lo cual querría decir que el examen de laboratorio sobra y que en medicina todo se va a manejar puramente por el aspecto clínico. No podemos desconocer tampoco la importancia del examen médico que comprende la entrevista suficientemente cordial, clara y larga para que pueda aportar elementos de juicio al médico que le permitan orientarse hacia un diagnóstico, lo cual hoy en día es imposible por el tiempo que le dan para ver a cada paciente. Yo quisiera ver alguien que me demuestre que en 15 o 20 minutos es posible hacer de primera vez una entrevista correcta al paciente, establecer una empatía con él y hacerle un examen físico adecuado para poder aventurarse a un diagnóstico.
Muchas otras situaciones similares a éstas podríamos citar, en las cuales el médico está siendo obligado a actuar en contra de las normas que la ética impone a la práctica médica. Es una verdad dolorosa y no hay a la vista remedio a esta situación. Se ha hablado mucho de reformas de la Ley 100. En el supuesto de que esas reformas estén en camino, ¿serán para mejorarla en bien de la tarea del médico, del respeto de él por si mismo y por el paciente y por su profesión, o irán incluso a empeorar las circunstancias en las cuales se ejerce hoy la profesión contra todo principio de ética?
La independencia del médico para su práctica profesional está destruida a pesar de que vivimos en un país que dice respetar las normas internacionales relacionados con la práctica de la profesión. Releyendo en días recientes algunos temas que tienen que ver con ética médica, encontramos de nuevo aquellos deberes de los médicos en general, comprendidos en el Código Internacional de Ética Médica, aprobado por la Tercera Asamblea General Mundial de la Asociación Médica en Londres en octubre de 1949, uno de cuyos deberes: "El tomar parte en cualquier plan de asistencia médica en la que el médico no tiene independencia profesional," es considerado como contrario a la ética.
Nota: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-.

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Extorsiones en el sistema de salud

Extorsiones en el sistema de salud

Ramón Córdoba Palacio, MD - elpulso@elhospital.org.co

Cuando por cualquier razón y conscientemente se inicia un proceso de degradación, éste, como un alud, va tomando fuerza y acrecentándose hasta adquirir caracteres catastróficos. Así, infortunadamente, tenemos que registrar que al amparo de la Ley 100 ya no sólo se negocia con la existencia humana sino que, además, se extorsiona frecuentemente y con cinismo a los pacientes -clientes para ellos- y a los médicos -verdaderamente, sus esclavos-.
El Diccionario de la Real Academia Española define extorsión como: «Acción y efecto de usurpar y arrebatar por fuerza una cosa a uno». Y sobre usurpar dice el mismo diccionario: «Apoderarse de una propiedad o de un derecho que legítimamente pertenece a otro, por lo general violentamente».
La sola definición muestra lo repugnante de estas conductas, pero se hacen aún más condenables cuando lo que se arrebata es la intimidad de una persona humana o la libertad y el derecho de trabajar honestamente. Algunos altos mandos de algunas de las intermediarias comerciales creadas por la malhadada Ley 100, protegidos en su inexpugnable trinchera -inexpugnable no siempre por la claridad y lo ético de sus acciones, sino por la ineficacia de las entidades encargadas de su fiscalización- exigen perentoriamente a los médicos enviar la historia clínica de su paciente para satisfacer unos honorarios -tarifa, para ellos- ya devengados, para el pago de unas prestaciones ya cumplidas por éstos, burlando así olímpicamente lo ordenado en el Artículo 34 de la Ley 23 de 1981 y en la Constitución Política de Colombia que en el Artículo 15 proclama: «Toda persona tiene derecho a su intimidad personal y familiar y a su buen nombre, y el Estado debe respetarlos y hacerlos respetar», y el Artículo 74 que indica: «El sigilo profesional es inviolable».
Derecho a la intimidad que no es sólo un ordenamiento legal sino, y primordialmente, un derecho inherente e inalienable a la condición del ser humano, un factor indispensable para poder participar de una vida social sana, para poder convivir en comunidad, que se enseña en el hogar y reafirma el despreciado pero valioso tratado de urbanidad de Carreño. Al respecto, Vidal afirma: «Dentro del secreto confiado se admiten grados, el más importante de los cuales es el secreto profesional»; y, un poco más adelante, agrega: «En el orden de los principios, el secreto profesional tiene toda la urgencia del secreto: obliga rigurosamente y siempre en razón de la justicia». Todo lo anterior adquiere mayor compromiso si tomamos conciencia de que siempre, o casi siempre, en el secreto médico está involucrado el secreto llamado «natural», es decir, «cuando la revelación está prohibida por la propia naturaleza de la cosa que se conoce», enseña Taliercio, porque traería daño o simple disgusto, injustamente proporcionado, al dueño de lo revelado. «Ser depositario de un secreto íntimo constituye, por tanto, un don que nunca se merece. El confidente, al descubrirnos su intimidad, nos ha entregado lo más sagrado de su ser, nos hace partícipes de su riqueza interior, que sólo quiere compartir con aquella persona que considera digna de confianza». Nada de esto cuenta para quienes exigen conocer la intimidad del paciente, consignada en la historia clínica, para cubrir unos honorarios que en conciencia y legalmente deben.
No es menos grave que cuando un médico, en cumplimiento de su deber profesional y humano pretermite algunas de las disposiciones que le imponen, disposiciones arbitrarias y casi siempre injustas y lesivas de la integridad del paciente, se lo castigue o amenace con despedirlo, pues las órdenes que rigen en esos comercios de seres y vidas humanas no permiten ninguna desviación ni a derecha ni a izquierda -si se permitieran correrían peligro las ganancias económicas, su única razón de ser-. Y la extorsión y las exigencias arbitrarias, injustas y lesivas de la dignidad del ser humano-paciente, han llegado hasta a amenazar con cancelar contratos a clínicas y hospitales que conserven en su nómina médicos que tienen como principio ético primordial la existencia e integridad de quien se confía a sus cuidados, atentando así desvergonzada e impunemente no sólo contra el paciente que cayó en sus manos sino también contra el derecho al trabajo honesto que protege la Constitución Política de 1991.
Y nuestras gentes siguen engañadas con la propaganda de que es una Ley igualitaria, que protege los derechos fundamentales de todos los colombianos, entre ellos el de la salud mediante una atención honesta, oportuna y diligente. La Ley 100 con las instituciones intermediarias, cohíbe la atención médica fundada en el valor primario del paciente como ser humano, y permite ponerle precio a éste en dinero contante y sonante.
¿Hasta cuándo tendremos que soportar la displicencia de las autoridades encargadas de hacer cumplir las determinaciones de la Constitución Política, de defender la dignidad de todos los colombianos?.
Nota: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-


http://www.periodicoelpulso.com/html/oct04/opinion/opinion.htm

Beneficios por mutilarse

Beneficios por mutilarse

Ramón Córdoba Palacio, MD - elpulso@elhospital.org.co

Uno de los más trascendentales elementos para juzgar el desarrollo del Homo sapiens, mejor aún del Homo sapiens sapiens, es el uso que hace de su capacidad racional, el ejercicio de su razón para trazarse su propia línea de conducta. Esto significa, sin lugar a dudas, que sus instintos son orientados, dominados, por un sentido ético, por un sentido de libertad responsable, social -porque esencialmente es eso, un ser social-, y por esta característica sus actos, actos humanos, permiten distinguirlo totalmente de otros animales, con los cuales comparte necesidades y manifestaciones orgánicas y que conocemos como “actos del hombre”. Vale la pena recordar que acto humano es el que se lleva a cabo libre y voluntariamente precedido de una opción libre y consciente, y previa evaluación de su eticidad.
Ese ejercicio de su racionalidad y la capacidad de orientar sus deseos, inclusive el de la reproducción, es lo que ineludiblemente nos obliga a educar al vástago del ser humano, pues no está preparado para enfrentar al mundo con sentido humano si no se lo prepara: el homo sapiens sapiens es un ser cultural, no un ser instintivo. Al animal irracional se lo entrena, se le crean reflejos condicionados; al ser racional de lo educa en la libertad responsable; por eso al animal irracional se lo mutila cuando es necesario que no se reproduzca o para que no actúe en contra de lo que quiere su amo, y al animal racional se le inculca, especialmente con el ejemplo, respeto por sus semejantes, respeto por sí mismo, en otras palabras, sentido ético de actuaciones.
Esta diferencia fundamental entre los seres racionales y los irracionales no ha podido ser negada ni por los más radicales filósofos materialistas quienes, con razón, han controvertido el predominio exclusivo de la razón en la conducta humana cuando se pretende desconocer que el hombre, el ser humano, es también sentimientos, una unidad indestructible de cuerpo y espíritu, un espíritu encarnado, un cuerpo animado. Es oportuno afirmar que esta diferencia entre seres racionales e irracionales no surge de una confesión religiosa sino de la antropología filosófica, es un concepto que encontramos ya en las enseñanzas de Aristóteles (384 - 322 a. C.) y el que sea totalmente aceptado por confesiones religiosas, no le resta plena vigencia.
Sin embargo, ahora, distinguidas personalidades de nuestro medio -Ministro, Senador de la República, deportista, columnistas, etc.- proclaman que el ser humano debe ser tratado como ser irracional, y en vez de enseñarle el manejo racional y responsable de su comportamiento, incluyendo el genital, es mejor mutilarlo, invitarlo a cambio de beneficios, a que se haga una castración funcional, una mutilación de su organismo, intervención que según sus promotores carece de complicaciones; pero es que el concepto de mutilación no depende de si se presentan dichas complicaciones o no, sino de la acción médica misma. Meses antes ya lo habían hecho invitando a las mujeres a hacerse gratuitamente la ligadura de las trompas. En ambos casos el beneficio, el señuelo, es puramente económico, y se pretende abierta o solapadamente, que con estas medidas se remediará la pobreza pues así se evita que haya pobres. Nueva pero absurda medida terapéutica contra la pobreza, infortunadamente proclamada y practicada por algunos que recibieron formación médica y juraron cumplir su misión honestamente.
Ya en la ética médica enseñada desde Hipócrates de Cos (460 - 375 a. C.) encontramos la sentencia que desde entonces es la guía del ejercicio honesto de la misión del médico: “favorecer, no hacer daño”, precepto que tampoco ha podido ser cambiado, pues sin él, el profesional de la medicina se convierte en verdugo, en ministro de muerte. Desde esa época el médico está autorizado éticamente a intervenir sobre el órgano enfermo con el fin de colaborar al bien de la persona humana. Cabe una pregunta: ¿están enfermos los conductos deferentes de los varones o las trompas de Falopio u oviductos en las mujeres mutiladas? Insisto: no es problema de creencias religiosas sino de simple ética general y profesional.
Recordemos que ya en siglos pasados existió la costumbre de castrar a las personas de confianza de los poderes políticos, los eunucos, y también a niños sometidos a poderes artísticos, religiosos o no, pero que de todas maneras quedaba mutilados.
Beneficios para hombres y mujeres que se mutilen: ¿progreso o retroceso? No oriente su deseo de satisfacción genital sino que, ya mutilado, usted le puede dar rienda suelta -como lo hace instintivamente cualquier animal irracional- a su genitalidad, que no es sexualidad. Pero en el fondo hay otro aspecto no despreciable: es la confesión pública de que para quienes promueven la mutilación masculina y femenina, la genitalidad puede y debe satisfacerse de inmediato con la única condición de que de su ejercicio, aunque sea éticamente irresponsable, no surja una nueva vida, un embarazo no deseado, pero tampoco honestamente evitado.
Toda mutilación, toda supresión de una parte del organismo o la supresión de su natural y normal función, es un grave desconocimiento de la dignidad del ser humano, dignidad absoluta e incondicional. La compra de voluntades es condenada por la ética porque atropella la dignidad humana de quien se vende y, más aún, de quien compra: mercaderes de seres humanos.
Nota: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-

http://www.periodicoelpulso.com/html/0705may/opinion/opinion.htm

Objeción de conciencia

Objeción de conciencia

Ramón Córdoba Palacio, MD - elpulso@elhospital.org.co

Causan espanto y vergüenza los conceptos lanzados a los cuatro vientos sobre la objeción de conciencia por parte de algunos medios de comunicación -casi todos- y especialmente de representantes del Estado -de un Estado que se proclama democrático-, de directores de salud, de magistrados de tribunales de ética médica, de gerentes de hospitales oficiales, de académicos, etc., es decir, de personas que debieron aprobar estudios de bachillerato y universitarios, y que por las dignidades que ostentan o cargos que desempeñan deben defender la dignidad y la libertad humana, orientar a sus conciudadanos.
La objeción de conciencia no es cuestión religiosa ni legal -así haya quien sostenga que la ley está por encima de la conciencia- sino un derecho inscrito en la misma condición de ser humano, de persona, que por estructuración ontológica es libre y que, necesariamente, tiene que elegir siempre y para todas sus acciones humanas por baladíes que parezcan.
¿Ignorancia crasa o criterio de superhombre, es decir, de tirano? Entre estas dos hipótesis está la respuesta a la preocupante posición que han asumido. Como sus conceptos sobre el no respeto a toda vida humana desde el momento mismo de la concepción, el no derecho del hijo sano o enfermo a la vida, las falacias sobre los peligros de la madre, etc., tienen serias impugnaciones éticas, científicas y sociales, acuden a la fuerza de determinaciones legales para imponer sus opiniones. Acusan de fanático a quien no piense como ellos y en la debilidad racional de la falacia de sus argumentos quieren imponerlos con presiones legales, como lo hicieron célebres regímenes: el nazista en Alemania, el estalinista en Rusia, para no mencionar sino dos de los más nefandos.
Cuando ante cuestiones éticas o morales de la magnitud del aborto, la eutanasia, etc., se agotan los argumentos racionales, históricamente se ha echado mano a la imposición violenta de criterios que atropellan la libertad y la dignidad de la persona humana cualesquiera sea la religión, la ideología política, la raza, la circunstancia económica, cultural o social de quien se opone. Se empieza obligando sutilmente a realizar lo que en conciencia uno se ve inhibido de practicar; luego, si esto no basta, se toman medidas tales como impedir que se ejerza su profesión, lo que equivale a cerrar la posibilidad de ganarse la vida honestamente, y de allí a la desaparición forzada no hay sino un paso. Nos quejamos y con razón de la situación en que viven muchos de nuestros conciudadanos en manos de violentos organizados como insurgentes, pero ahora el Estado, o al menos algunos de sus distinguidos representantes, pretenden implantar como legal la misma norma: ¡O piensas como yo y haces lo que te indico o pereces!
Más aún, en su ignorancia o en su soberbia están seguros de que su conducta debe ser paradigmática porque está fundada en los más nobles ideales de defensa de la vida y de la dignidad humana, de la igualdad de todos los seres humanos y de la justicia. Desconocen también, o lo olvidan maliciosamente, el artículo 18 de la Constitución Política de 1991, vigente a pesar de quienes niegan la validez de la objeción de conciencia. Y en su insana soberbia consideran que el médico que haga objeción de conciencia tiene, por determinación oficial, que convertirse en cómplice al tener el deber de señalar a alguien que elimine a un ser humano (en el caso de aborto o eutanasia), como si la objeción de conciencia no incluyera toda participación en el crimen.
Puede vejarse y hasta destruirse al ser humano que consciente de su dignidad, de su libertad y de su responsabilidad se niega a actuar acogiéndose a la objeción de conciencia, pero el derecho de acogerse a ésta no desaparecerá mientras el ser humano estructuralmente sea inteligente, racional, libre y digno. Este privilegio, la objeción de conciencia, no depende de elementos externos como leyes o disposiciones positivas sino de la condición de ser la persona una realidad humana, y de dicho privilegio no puede excluirse a ningún miembro de esta especie cualquiera sea el cargo que desempeñe en la sociedad, tanto en el área oficial como en la privada, porque es inherente a la persona humana y no al cargo.
Nota: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-

http://www.periodicoelpulso.com/html/nov06/opinion/opinion.htm

¿Eutanasia pasiva?

¿Eutanasia pasiva?

Ramón Córdoba Palacio, MD - elpulso@elhospital.org.co

Con mucha frecuencia, más de lo deseado por los errores que se difunden, opinamos sobre temas que desconocemos o conocemos muy superficialmente. Y las confusiones que se crean son mayores cuando quien habla o escribe es un insigne personaje en otro campo del conocimiento. Entre las áreas en las cuales es común que se cometan estos desaguisados están la economía, la política, la religión y, actualmente, la ética y la bioética.
Es usual pero erróneo deducir que cuando un clérigo dice, escribe o publica su personal concepto sobre temas fundamentales, ese concepto pasa a ser la opinión oficial de la iglesia correspondiente. Al menos en la Iglesia Católica Romana eso no es así y no podemos afirmar que ésta acepta algo porque un sacerdote, inclusive teólogo reconocido, lo admita. La Iglesia Católica tiene canales bien establecidos para definir oficialmente sus criterios y afirmar que ésta avala algo -especialmente en temas de especial gravedad- porque en la obra de un moralista aparece aprobado, es una falacia o una ignorancia crasa.
Igual error ocurre al referirse a la mal llamada “eutanasia pasiva”. Hoy en día -y desde hace ya varias décadas- la tendencia de los autores que se ocupan del tema es considerar la eutanasia como un todo y no tener en cuenta la división de activa y pasiva, pues ésta, la pasiva, no existe en realidad ya que dejar de llevar a cabo un acto que debe realizarse, crea éticamente responsabilidad por una acción que consciente y voluntariamente se omitió, un acto de omisión, un acto que implica voluntaria actividad humana: dejar de hacer.
Si analizamos lo anterior desde el punto de vista antropológico y de la ética médica, es obvio que no existe realmente la llamada “eutanasia pasiva”. Recordemos: se estructura un acto de eutanasia cuando voluntaria y conscientemente, y para acortar la existencia del paciente, se lleva a cabo o se omite un tratamiento o una medida asistencial que es necesaria, debida y que tiene sentido, es decir, cuando en la intención del médico o de quien hace su papel predomina el deseo de suprimir la vida del enfermo. Este criterio es válido aún para los enfermos en período terminal, porque para vivir dignamente esta etapa de su existencia necesitan humanamente los llamados cuidados básicos: hidratación, alimentación, comodidad, acompañamiento, etc.
En cambio en la ortotanasia, que no debe confundirse con la impropiamente denominada eutanasia pasiva, el médico o quien haga su función, suspende u omite un tratamiento o cuidado médico que no es necesario, no es debido y carece de sentido dada la posible respuesta a la indicación médica. La intención consciente y la ejecución voluntaria de suspender u omitir el tratamiento o la medida médica es, en esta situación, contribuir a la dignificación del paciente reconociendo la limitación intrínseca, biológica, de la vida terrenal que tiene un final ineludible -un agotarse natural de su energía vital-, la limitación intrínseca de la medicina que sólo puede y debe contribuir a la dignificación de la persona y de la vida del paciente y la limitación del profesional de la medicina que no es dueño sino cuidador de dicha vida para dignificarla, no para eliminarla. Por estas razones, la ortotanasia es el verdadero derecho a morir con dignidad, y si se cumplen correctamente las exigencias de atención primaria y de tratar oportuna y adecuadamente el dolor y la angustia del enfermo -tratamientos paliativos-, merece siempre la aprobación ética.
En cambio, desde el punto de vista antropológico y ético, la eutanasia -suprimir la vida de un enfermo porque padece sufrimientos en vez de suprimir éstos- es siempre reprobada por la ética axiológica personalista y por la ética médica; la ortotanasia es siempre, tanto antropológica como éticamente, aprobada, y no debe confundirse con la mal llamada “eutanasia pasiva” ni con la distanasia -alejar por todos los medios el momento de la muerte sin importar la prolongación de la agonía del enfermo-.

http://www.periodicoelpulso.com/html/nov06/opinion/opinion.htm

El peor depredador

El peor depredador

Ramón Córdoba Palacio, MD - elpulso@elhospital.org.co

Las autoridades nacionales se muestran preocupadas por el notorio incremento de la delincuencia juvenil y en no pocos casos infantil. Esta preocupación debe ser motivo de sincera inquietud de todos quienes vivimos en este país tan azotado por tantos flagelos y tan inhumanos, que muestran el grado de descomposición a que hemos llegado y la indiferencia de algunos sectores que en última instancia son responsables, bien por omisión porque olvidaron sus deberes, bien porque los tergiversaron prefiriendo popularidad política, prebendas, posar de progresistas, etc.

Se han esbozado explicaciones que sin duda contienen elementos de certeza tales como abandono de los padres -así el hogar no esté aparentemente desintegrado-, falta de amor, pobreza, trabajo de la mujer por necesidades económicas o de realización de su personalidad, etc. Pero no se ha llegado en mi concepto al fondo del problema que explica todos los demás, los ya citados y otros muchos que aún no se han publicado.
En el trasfondo de esta dolorosa como vergonzosa situación, encontramos sin ninguna duda la filosofía que orienta la formación de nuestros niños en todos los niveles, de su educación sin sentido verdaderamente humano: se enseña como principio y se subraya con el ejemplo, que es mejor tener que ser, y se relega al hombre a un segundo lugar, a veces en grado inferior al de los objetos o cosas superfluas.
Encontramos así que: para un buen número de cónyuges lo importante no es ser verdadero esposo o esposa sino tener consorte, tener a quien mostrar en sociedad, con quien distraerse, etc.; muchos progenitores confunden consciente o inconscientemente el tener hijos -más frecuentemente un hijo- que sean prueba de su capacidad genésica, con ser padre y madre; medios de comunicación de masas que para tener muchos lectores se dicen de avanzada y llegan a publicar verdaderas antologías del crimen más bien que ser fieles a sus principios religiosos, políticos, a su misión esencial de orientar la opinión pública; instituciones educativas que ostentan títulos de identidad con credos religiosos y que prefieren el número de alumnos, el ingreso monetario, a ser leales con sus creencias, en predicar la fe que haga honor a su misión, constituyéndose así en difusoras de conductas permisivas erróneas, sembrando caos en las mentes de sus educandos; profesionales de todas las ramas del saber humano que optan por la ganancia económica y no por el honrado cumplimiento de su misión.
Todas estas enseñanzas teóricas y prácticas, con ejemplos evidentes y repetidos a veces con bombos y platillos como el ideal del éxito social, político y profesional, han hecho de nuestros jóvenes verdaderos depredadores y los más peligrosos: es mejor tener dinero que ser honesto y el modo de conseguirlo carece de importancia; si para evitar competidores que pongan en peligro los ingresos económicos hay que asesinar, esto no demerita el comportamiento de nadie porque no se usa preguntar quién es, qué hace, sino cuánto es su patrimonio, no se usa preguntar cómo consiguió dicho patrimonio sino a cuánto asciende el mismo. El valor esencial del ser humano se trocó por el precio comercial del ser humano, y se niega en la práctica la dignidad intrínseca de éste, fundamentada no en una fe o credo religioso sino en la antropología filosófica que nos enseña la esencia de esta dignidad.
Debemos tener presente que la acción depredadora en los seres con inteligencia instintiva, los llamados irracionales, tiene límites: el de sus propias necesidades satisfechas, porque generalmente sólo cazan para su subsistencia algunos animales de distinta especie. En el depredador humano esos límites no existen, porque la ambición del tener no se sacia, porque el tener se constituye en única meta de la vida, en única justificación de la misma y sólo les interesa cazar a los de su misma especie.
Sí, hemos creado el peor de los depredadores mediante una filosofía educativa que proclama explícita o implícitamente que tener es superior a ser, que es mejor poseer siendo inhumano que carecer de algo siendo honesto y convivir en paz.
NOTA: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-.

http://www.periodicoelpulso.com/html/0910oct/opinion/opinion.htm

Nota

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Perfil

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Medellín, Antioquia, Colombia
Magister en Filosofía y Politóloga de la Universidad Pontificia Bolivariana. Diplomada en Seguridad y Defensa Nacional convenio entre la Universidad Pontificia Bolivariana y la Escuela Superior de Guerra. Docente Investigadora del Instituto de Humanismo Cristiano de la Universidad Pontificia Bolivariana. Directora del Grupo de Investigación Diké (Doctrina Social de la Iglesia). Miembro del Grupo de Investigación en Ética y Bioética (GIEB). Miembro del Observatorio de Ética, Política y Sociedad de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del Centro colombiano de Bioética (CECOLBE). Miembro de Redintercol. Ha sido asesora de campañas políticas, realizadora de programas radiales, así como autora de diversos artículos académicos y de opinión en las áreas de las Ciencias Políticas, la Bioética y el Bioderecho.

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