Objeción de ciencia en la práctica médica
(Aceprensa , 23 de julio de 2008)
Natalia López Moratalla
La idea de que el profesional sanitario tiene problemas para hacer valer su objeción de conciencia está tomando cuerpo y se habla de la urgencia de llevar a cabo una regulación de este derecho.
Ante normas jurídicas que obliguen a prestar una determinada asistencia que su conciencia rechaza, el profesional se encuentra ante un grave conflicto interior: o se somete a la norma jurídica, o bien a la norma ética que invoca su propia conciencia.
El conflicto se agrava si ocupa un puesto de trabajo cuyo perfil supone realizar intervenciones que el profesional rechaza. Más aún, su postura puede llevarle a ser discriminado, si lo que pretende el objetor es acceder a un puesto, en concurso público o privado, que incluya de algún modo tales prestaciones.
El derecho expreso a la objeción de conciencia del profesional de la salud ha sido declarado solamente por el Tribunal Constitucional español a propósito de la despenalización del aborto en los tres supuestos concretos que marca la ley. Hoy, sin poner en tela de juicio el derecho a la objeción de conciencia por convicciones, se pretende juzgar al objetor. Se trata de validar los motivos, y de "apartar" a los profesionales sanitarios que aleguen conflicto interior ante alguna de las actuaciones que impongan las leyes que se dicten en este ámbito.
Dar razón de sus objeciones
Una normativa que plantea al profesional un conflicto entre el deber de cumplirla y el deber de seguir su conciencia, tiene que ser revisada en sí misma, antes que tratar simplemente de regular el derecho a ejercer objeción de conciencia.
Aquí entra en juego el deber de todo profesional competente de dar las "razones de ciencia" que tiene para oponerse a cumplir la norma, sea cual sea su ideología y religión.
Una normativa obligatoria tiene que aprobar, al menos, el examen de racionalidad terapéutica, del buen hacer del arte de curar. Si no aprueba el examen, ¿con qué legitimidad puede poner contra las cuerdas al profesional a quien pretende obligar a cumplirla?
El aborto no es un acto médico
Es un hecho que los poderes públicos no han exigido el cumplimiento de la legislación sobre el aborto, al permitir que se haya realizado impunemente fuera de los supuestos despenalizados. Con ello, la demanda de asistencia sanitaria pública y gratuita ha alcanzado cifras impensables. Más aún, se ha generado la percepción social de que existe el derecho a abortar y, con ello, la idea de que alguien (un profesional de la salud) tiene el deber de matar al hijo no deseado.
La solución jurídica no puede consistir en imponer un Registro del personal sanitario de objetores de conciencia al aborto, y de esta forma poder cerrar puertas por sus convicciones al profesional que se niega a realizar tal prestación en un centro sanitario público. Toda regulación que incluya alguna forma de registro supone una discriminación por convicciones.
La razón esencial que justifica la oposición del personal sanitario al aborto es que participar en la destrucción de la vida de un feto humano no es un acto médico.
Cuando se despenalizó el aborto en España hace 23 años alguien podría dudar de la existencia de una vida humana individual después de la fecundación; hoy hay razones de ciencia que impiden la duda.
Hace 23 años se podía pensar que tal vez, y en determinadas condiciones, un embarazo ponía de hecho en peligro la vida de una mujer y su salud física. Hoy no hay que recurrir al aborto para tratar las dolencias de la mujer embarazada.
Hace 23 años se podía ignorar el peligro que el aborto supone para la salud mental de una mujer; hoy se sabe que el embarazo no genera un problema de salud psíquica en la gestante, mientras que su voluntaria interrupción ha creado ya un aumento espectacular del síndrome post trauma, de graves consecuencias. La asistencia médico-sanitaria se orienta a que el acto médico no cree un riesgo para la salud mayor que el que el paciente ya tiene.
Hace 23 años un profesional sanitario podía pensar que "alguien tendría que hacer" los abortos en condiciones higiénicas para evitar que la clandestinidad pusiera en riesgo la vida de la embarazada. Hoy nadie puede tener el poder de obligar a un profesional a realizar abortos para ocupar un puesto en la sanidad pública, so pena de poner en riesgo su carrera y pasar a una especie de clandestinidad profesional.
Ya sólo el conocimiento del riesgo para salud mental de la madre es de por sí suficiente para justificar la objeción de ciencia del profesional sanitario al aborto.
Por el contrario, sí corresponde al médico el diagnóstico riguroso de la existencia de malformación o grave enfermedad no curable del feto y de la existencia de un riesgo real de la gestación para la salud de la madre. Y la ética médica exige la veracidad de la certificación de tales diagnósticos. Es esto lo que debe ser regulado por ley y por las asociaciones y colegios profesionales.
Son "razones de ciencia", que pueden compartir los profesionales sanitarios de cualquier credo.
La asistencia al suicidio
El presupuesto incuestionable de que lo que le corresponde al médico es curar, y paliar lo que no pueda curar, hace que la eutanasia (acción positiva para acortar intencionadamente la vida del paciente con su consentimiento expreso) no pueda formar parte de las prestaciones exigibles al profesional sanitario.
Es más, de hecho esta acción es un delito tipificado en el Código Penal (art. 143.4) como "delito de auxilio o colaboración en la muerte de otro". Nadie puede ser obligado a realizar un delito. Y ningún profesional puede ser incitado a ejercer objeción de conciencia, con las consecuencias negativas que se derivarían de ejercer ese derecho, si una ley le obligara a colaborar en un suicidio.
Afortunadamente, el avance de la Medicina paliativa permite un conjunto espléndido de actos médicos encaminados a aminorar el sufrimiento del enfermo en fase terminal. Son actos médicos de gran calado profesional y humano, que no desconocen que el tratamiento médico no curativo puede en ocasiones adelantar la muerte.
Bien asentada en "razones de ciencia", la Medicina del final de la vida se eleva entre dos fosos delictivos: la eutanasia directa, tanto por acción que cause la muerte como por omisión o interrupción deliberada de un tratamiento curativo necesario para la supervivencia del paciente; y el encarnizamiento terapéutico, que lleva a aplicar tratamientos ya inútiles para la curación del paciente, tanto si son sencillos como sofisticados. La cuestión es si son útiles o son inútiles para curar.
En estos y en otros casos donde hoy se quiere convertir al profesional en ejecutor de prácticas no justificadas por razones sanitarias, es la ciencia médica la que eleva su objeción frente a una imposición ideológica.
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Natalia López Moratalla es presidenta de la Asociación Española de Bioética y Ética Médica (AEBI).
http://www.condignidad.org/objecion-ciencia-practica-medica.html
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sábado, 18 de julio de 2009
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ABORTO,
OBJECIÓN DE CONCIENCIA
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Beatriz Campillo
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La Discriminación Prenatal y el “Costo–Eficiencia”
La Discriminación Prenatal y el “Costo–Eficiencia”
Carlos Gómez Fajardo
Abundan los ejemplos de la pérdida del sentido terapéutico en la cual, casi insensiblemente, puede sumirse una medicina desprovista de fundamentación antropológica y sometida a un “ensimismamiento”, a una concéntrica “pasión por el objeto”, limitándose en su actuar a la aplicación de adelantos tecnológicos, sin preguntarse el “por qué” de estas aplicaciones.
Sucede una nueva realidad, aunque también antigua, pues quienes miran con respeto y con conocimiento la historia bien la conocen: la profesión médica puede efectivamente convertirse en instrumento selectivo de muerte de los débiles cuando se sustituye el ideal hipocrático, el compromiso del médico por el bien auténtico de su paciente, por diversos y “actualizados” ideales. Uno de estos espurios, aunque no nuevos, “ideal” frecuentemente propuesto, es el del “bien común”, entendido desde el prisma del pragmatismo utilitarista, el “análisis costo-eficiencia”.
De una comprensión materialista del hombre se deriva la muy discutible concepción ideológica de la política y del poder, defendida por muchos demagogos, de que la vida humana tiene precio. Esta realidad pragmática y totalitaria inspira el uso de avances de la tecno-ciencia hacia la detección precoz de determinadas condiciones, para la aniquilación de estos enfermos, no para su curación. Tal es el patético ejemplo presentado por investigadores de California, en un estudio basado en análisis costo eficiencia y en criterios numéricos de “calidad de vida” en relación a la detección prenatal, mediante el uso de marcadores bioquímicos y de ultrasonido, del síndrome de Down, conocido como mongolismo o trisomía del cromosoma 21. Este estudio pone en evidencia como el hombre, el ser humano enfermo y débil, se convierte en medio para la justificación de los fines que se convengan según los interese reinantes: es un ejemplo de la mentalidad eugenésica propia del pragmatismo materialista, o bien, un rasgo trágico de la deshumanización a que se precipita la civilización “light” de occidente.
Según estas autoridades académicas, con costos en dólares americanos del 2002, se dan estos hechos y “valores”: estudio ecográfico de translucencia nucal: 156; marcadores bioquímicos para el diagnóstico del síndrome de Down: entre 105 y 126; consulta y consejería genética: 90; “terminación” en el primer trimestre del embarazo: 576; “terminación” en el segundo trimestre: 1018 . Es real el sabor ideológico contenido en el eufemismo “terminación”, en el artículo citado se omiten las palabras “aborto” y “eugenesia”. Y quizás, el dato “nuclear” de este artículo científico, la expresión logística-matemática de la reducción del enfermo a la condición de un mero objeto avaluado por los financistas-epidemiólogos- estrategas de la salud: un caso de síndrome de Down costaría us $ 577.248. Para el lector que quiera indagar un poco más a fondo, va la referencia completa: AmJObstetGynecol 2002;187:1239-45. Merece la pena aclarar que no es sino un ejemplo más en medio de múltiples artículos “científicos” concebidos en igualmente patética visión de la medicina. Son los mismos que se fotocopian para la formación intelectual de las nuevas generaciones de médicos.
La iniquidad de estos autores no tiene una mera intención local: proponen el uso de estas metodologías como políticas sanitarias globales para la toma de “decisiones razonadas”. Los autores validan sus métodos, acudiendo a mecanismos de medición “objetiva” de la “calidad de vida” que denominan “modelos analíticos de decisión”. Se trata de una conducta homicida, con validez científica, que tiene una intención globalizadora, pues lo que proponen es la adopción de esta política de tamizaje para la detección de anormalidades prenatales en ámbitos poblacionales más amplios, considerando que en los Estados Unidos ocurren aproximadamente 4 millones de partos cada año.
La profesión médica requiere de tenaz tarea de reflexión, volver sobre sí misma, sobre su fundamento y razón de ser: el servicio hacia el bien integral del hombre. Hay que interrogarse sobre el sentido en el cual se orienta la aplicación de la técnica. Sabemos que la ciencia sin conciencia es sólo retorno a la barbarie, y ésta es la institucionalización del homicidio, especialmente, de los enfermos y de los más débiles.
Tiene razón Karl Jaspers al pensar: “...cuanto mayor el conocimiento y la pericia científicos, cuanto más eficiente la aparatología para el diagnóstico y la terapia, más difícil resulta encontrar un buen médico, tan sólo un médico”.
(vestigium 01 04 2003 EL MUNDO)
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NASCITURUS
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Científicos chinos cultivan sandías cúbicas
6/10/2007
Científicos chinos cultivan sandías cúbicas
Según los expertos de un instituto de biotecnología chino, las sandías con esta forma son más nutritivas y prácticas para guardar que las tradicionales.
El Instituto de Ciencias Agrícolas de la ciudad de Wuhan, fue el encargado de crear estas llamativas frutas, que tienen grabados caracteres chinos en las seis caras de su piel.
El director del instituto, Wang Hongtai, señaló que la forma cúbica de estas sandías se debe a una combinación de aplicación de biotecnología avanzada con el uso de moldes cuadrados.
Son 100 mil las sandías cúbicas que ha desarrollado dicho instituto, y presentan la misma calidad que las tradicionales, aunque se aplica más nutrición al producto por la compresión de la fruta.
Otro país donde se vende este tipo fue es Japón, donde se logra la cuadratura con técnicas similares a las del cultivo del bonsái.
http://teletrece.canal13.cl/t13/html/Secciones/Tecnologia/318061.html
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TRANSGÉNICOS
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Beatriz Campillo
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23:06
Breve historia de la idiotez ajena
Breve historia de la idiotez ajena
Escrito por Jorge Majfud
20-10-2007 a las 11:32:41
Esta semana el biólogo James Watson volvió a insistir sobre la antigua teoría de la inferioridad intelectual de los negros. Esta antigua teoría fue apoyada por un estudio en los '90 de Charles Murray y Herrnstein sobre "ethnic differences in cognitive ability" que mostraban gráficas de coeficientes intelectuales claramente desfavorables a la raza negra. Ahora Watson, de paso, ha propuesto la manipulación genética para curar la estupidez, pero no menciona si es conveniente curar la estupidez antes de realizar cualquier manipulación genética. También los nazis —y quizás Michael Jackson— eran de la misma idea que Watson. Ni Hitler ni los nazis carecían de inteligencia ni de una alta moral de criminales. Como recordó un personaje del novelista Érico Veríssimo, "durante a era hitlerista os humanistas alemães emigraram. Os tecnocratas ficaram com as mãos e as patas livres".
Veamos dos breves aproximaciones al mismo problema, uno filológico y otro biológico. Ambos ideológicos.Por sus denuncias a la opresión de los indígenas americanos, Bartolomé de las Casas fue acusado de enfermo mental y sus indios de idiotas que merecían la esclavitud. Es cierto que sus crónicas y denuncias fueron aprovechadas para acusar a un imperio en decadencia por parte de la maquinaria publicitaria de otro imperio en ascenso, el británico. Pero esto es tema para otra reflexión. El erudito español Marcelino Menéndez Pelayo en 1895 calificó a de las Casas de "fanático intolerante" y a Brevísima Historia, de "monstruoso delirio". Su más célebre alumno y miembro de la Real Academia Española, Ramón Menéndez Pidal, fue de la misma opinión. En su publicitado y extenso libro, El padre Las Casas (1963) desarrolló la tesis de la enfermedad mental del sacerdote denunciante al mismo tiempo que justificó la acción de los conquistadores, como la muerte de tres mil indios en Cholula a manos de Hernán Cortés porque era una "matanza necesaria a fin de desbaratar una peligrosísima conjura que para acabar con los españoles tramaba Moctezuma". Según Menéndez Pidal, Bartolomé de las Casas "era una víctima inconsciente de su delirio incriminatorio, de su regla de depravación inexceptuable". Pero al regresar a España para denunciar las supuestas injusticias contra los indios, "se encontró con la gravísima sorpresa de que su opinión extrema sobre la evangelización del Nuevo Mundo tenía enfrente otra opinión, extrema también, en defensa de la esclavitud y la encomienda. Esa opinión estaba sostenida muy sabiamente por el Doctor Juan Ginés de Sepúlveda [a través de] un opúsculo escrito en elegante latín y titulado Democrates alter, sirve de justis belli causis apud Indos". Una nota al pié dice: "Publicado con una hermosa traducción, por Menéndez Pelayo en Boletín de la Real Acad. De la Historia, XXI, 1891". Ginés de Sepúlveda, basándose en la Biblia (Proverbios), afirmaba que "la guerra justa es causa de justa esclavitud […] siendo este principio y concentrándose al caso del Nuevo Mundo, los indios 'son inferiores a los españoles como los niños son a los adultos, las mujeres a los hombres, los fieros y crueles a los clementísimos, […] y en fin casi diría como los simios a los hombres'". Con frecuencia, Pidal confunde su voz narrativa con la de Sepúlveda. "Bien podemos creer que Dios ha dado clarísimos indicios para el exterminio de estos bárbaros, y no faltan doctísimos teólogos que traen a comparación los idólatras Cananeos y Amorreos, exterminados por el pueblo de Israel". Según Fray Domingo de Soto, teólogo imperial, "por la rudeza de sus ingenios, gente servil y bárbara están obligados a servir a los de ingenio más elegante". Menéndez Pidal insistía en su tesis de la incapacidad mental de quienes criticaban a los conquistadores, como "el indio Poma de Ayala, [que] mira con maliciosos ojos a dominicos, agustinos y mercedarios, mientras advierte que franciscanos, jesuitas y ermitaños hacen mucho bien y no toman limosna de plata". Según Pidal, esto se debía a que "a esos indios prehistóricos, venidos de la edad neolítica, no era posible atraerlos con la Suma teológica de Santo Tomás de Aquino, sino con las Florecillas Espirituales del Santo de Asís".
En su intención de demostrar la enfermedad mental del denunciante, Pidal se encuentra con indicios contrarios y resuelve, por su parte, una regla psicológica que lo arregla todo: "el paranoico, cuando sale del tema de sus delirios, es un hombre enteramente normal". Luego: "Las Casas es un paranoico, no un demente o loco en estado de inconsciencia. Su lucidez habitual hace que su anormalidad sea caso difícil de establecer y graduar". Que es como decir que era tan inteligente que no podía razonar correctamente, o por su lucidez veía ilusiones. Bartolomé de las Casas "vive tan ensimismado en un mundo imaginario, que queda incapaz para percibir la realidad externa, que es la desbordante energía desplegada por España en los descubrimientos geográficos". Una confesión significativa: "Las Casas hubiera sido, dada su extraordinaria actividad, un excelente obispo en cualquier diócesis de España, pero su constitución mental le impedía desempeñar rectamente un obispado en las Indias". De aquí se deducen dos posibilidades: (1) América tenía un efecto mágico-narcótico en algunas personas o (2) los obispos de España eran paranoicos como de las Casas pero por ser mayoría era tenido como algo normal. Esta idea de atribuir deficiencias mentales en el adversario dialéctico, se renueva y extiende en libros masivamente publicitados sobre América Latina, como Manual del perfecto idiota latinoamericano (1996) y El regreso del idiota (2007). Uno de los libros objetos de sus burlas, Para leer al pato Donald (1972) de Ariel Dorfman y Armand Matterlart, parece contestar esta posición desde el pasado. El discurso de las historietas infantiles de Disney consiste en que, "no habiendo otorgado a los buenos salvajes el privilegio del futuro y del conocimiento, todo saqueo no parece como tal, ya que extirpa lo que es superfluo". El despojo es doble, casi siempre coronado con un happy ending: "Pobres nativos. Qué ingenuos son. Pero si ellos no usan su oro, es mejor llevárselo. En otra parte servirá de algo".
Sócrates o Galileo pudieron hacerse pasar por necios, pero ninguno de aquellos necios que los condenaron pudieron fingir inteligencia. Eso en la teoría, porque como decía Demócrates, "el que amonesta a un hombre que se cree inteligente trabaja en vano". En Examen de ingenios para las ciencias (1575), el médico Juan Huarte compartía la convicción científica de la época según la cual el cabello rubio —como el de su rey, Felipe II— era producto de un vapor grueso que se levantaba por la fuerza de la inteligencia. Sin embargo, afirmaba Huarte, no era el caso de los alemanes e ingleses, porque su cabello rubio nace de la quema del mucho frío. La belleza es signo de inteligencia, porque es el cuerpo su residencia. "Los padres que quisieren gozar de hijos sabios y de gran habilidad para las letras, han de procurar que nazcan varones". La ciencia de la época sabía que para engendrar varón se debía procurar que el semen saliera del testículo derecho y entrase en el lado derecho del útero. Luego Huarte da fórmulas precisas para engendrar hijos de buen entendimiento "que es el ingenio más ordinario en España". En la Grecia antigua, como dice Aristóteles, se daba por hecho que los pueblos que vivian más al sur, como el egipcio, eran naturalmente más sabios e ingeniosos que los bárbaros que habitaban en las regiones frías. Alguna vez los rubios germánicos fueron considerados bárbaros, atrasados e incapaces de civilización. Y fueron tratados como tales por los más avanzados imperios de piel oscurecida por los soles del Sur. Lo que demuestra que la estupidez no es propiedad de ninguna raza. Jorge MajfudThe University of Georgia October, 2007.
http://elmercuriodigital.es/content/view/4099/40/
Este es un "artista"??????
Este es un "artista"??????
Por favor, pido a todo el que ame a los animales y pueda reenviar este mensaje, lo haga:
Guillermo Vargas Habacuc es un costarricense que dice ser artista. El pasado mes de agosto hizo una exposición en una galería de Managua (Nicaragua); cazó a un perro callejero, lo ató con una corta cuerda a una de las paredes del local y lo dejó morir de hambre y sed. Según él, ese acto de cobarde sadismo es arte. Ahora este torturador ha sido invitado a participar en 2008 en la prestigiosa Bienal Centroamericana de Honduras. Hay una campaña internacional de recogida de firmas para pedir que se revoque esa invitación. Puedes firmar en www.petitiononline. com/13031953/ y, por favor, reenvia el mensaje a todos tus conocidos.
Gracias
En la pared del fondo, la que se mira desde el pórtico de la entrada, había un texto en el que se leía la frase "Eres lo que lees"
-Lo que forma las letras es comida de perro-
Un perro enfermo, callejero, Murió en la galería no se le dio alimento-
Según supe el perro murió al día siguiente por falta de comida. Durante la inauguración supe que el perro fue perseguido por la tarde entre las casas de aluminio y cartón de un barrio de Managua con nombre de santo que Habacuc que no pudo precisar en el momento. 5 niños de los que ayudaron en la captura recibieron bonos de 10 córdobas por su colaboración. Durante la exhibición algunas personas pidieron la libertad del perrito, a lo que él artista se rehuso. El nombre del perro era (fue) Natividad, y se le dejo morir de hambre a la vista de todos, como si la muerte de un pobre perro fuera un show mediático desvergonzado en el que nadie hace nada más que aplaudir o mirar desconcertado.
Definitivamente somos lo que leimos: puras croquetas.
En el lugar que el perro estuvo expuesto solo queda un cable de metal y una cuerda. El perro estaba sumamente enfermo, renqueaba y no quería comer de todos modos, así que en un entorno natural hubiera muerto de todos modos; pero así son todos los pobres perros: tarde o temprano se mueren o los mueren.
http://www.marcaacme.com/blogs/analog/index.php/2007/08/22/5_piezas_de_habacuc

