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La perversión del lenguaje

lunes, 24 de agosto de 2009

la tribuna
La perversión del lenguaje
Manuel Bustos Rodríguez | Actualizado 01.09.2008 - 01:00

LAS palabras nos sirven para reconocer las cosas, identificarlas. Los avances de Occidente en el terreno científico se vinculan a su capacidad para describirlas con propiedad, distinguiéndolas entre sí, incluso cuando parecen semejantes sin serlo.

Sin esta capacidad, la ciencia no habría podido desarrollarse y hoy no estaríamos donde estamos. Imagínese el lector que, dentro de la Medicina, confundiéramos un cáncer con una bronquitis por no ser capaces de explicar con precisión sus diferencias. Por eso, entre otras cosas, resulta tan preocupante el empobrecimiento del lenguaje entre los jóvenes. O la falta de rigor con que utilizamos las palabras. Estas, sin embargo, nos remiten a una realidad subyacente, a una Verdad, de la que los conceptos, formados por palabras, han de dar correcta cuenta.

En el tiempo actual, lejos de buscarse la precisión y, por tanto, a través de ella, la verdad de las cosas, existe la creencia muy extendida de que el lenguaje puede manipularse y, de esta forma, cambiar la realidad, Y ello es así porque se piensa que ésta no tiene consistencia por sí misma; dicho en román paladino: que podemos dejar de llamar al pan pan y al vino vino sin pagar un precio. Así, nos inventamos mil y una maneras de soslayarla, como si variando las palabras que la designan, y, de esta forma, el concepto resultante de su unión, pudiésemos transformarla a nuestro antojo, según conveniencia propia o las exigencias de las modas. Algunas filosofías del piensa en positivo apuntan indudablemente en esta dirección.

Llevamos ya décadas intentando cambiar la realidad por medio de las palabras. Por ejemplo, hemos sustituido las de viejo o anciano por la ambigua de mayor; la de aborto, con toda su carga dramática, por un eufemismo: interrupción del embarazo; la eutanasia por otro, el de muerte dulce, y así un largo etcétera.

La tendencia a dar rodeos para designar las cosas existe desde siempre. Con frecuencia lo hacemos por quitarle mordiente a ciertos hechos, incluso, con buena voluntad, para no dañar o minusvalorar al posible afectado. Otras, paradójicamente, se busca, a través de la opacidad del lenguaje, dar una apariencia científica a lo producido en una determinada profesión. Casi todas las disciplinas tienen hoy sus jergas lingüísticas propias, al alcance tan sólo de los iniciados. Sin embargo, en no raras ocasiones, cuando se analizan con serenidad sus contenidos, se aprecia fácilmente la perogrullada que suelen ocultar. Nuestra cultura dominante va todavía más lejos, llegando asimismo a pervertir el lenguaje. Algunos políticos actuales, aunque no en exclusiva, son maestros en ello.

En el fondo, lo que subyace es un profundo y, a veces, interesado nihilismo: la creencia de que la realidad no es sino producto de una construcción puramente humana, cultural. De ahí que se piense -en esto consiste la nueva fe- que se puede transformarla a gusto de cada uno o a golpe de mayorías parlamentarias con sólo cambiar el lenguaje, sobre el cual opera nuestra mente para conocer las cosas. Las ingenierías sociales que son y han sido descansan en esta creencia.

Los resultados saltan a la vista en el síndrome del calcetín: el anverso de las cosas puede sustituirse por su reverso sin que por ello sufra la verdad ni el hombre que la busca. Pero conviene recordar que a éste se le deja desorientado, sin referentes a los cuales asirse, salvo los que, subrepticiamente, le inyecten los ideólogos de turno, que suelen ser jueces y parte. Las cosas son así percibidas a través de visiones deformadas que nos impiden su justa valoración. Se niega la Verdad para construir una ficción, pretendiendo que funcione como la misma Verdad rechazada.

Tal es la paradoja radical y perversa de nuestro mundo. Por eso se combate tanto, con rabia a veces, a las personas e instituciones que se presentan como portadoras de convicciones y de verdad. Pero para imponer quienes lo hacen sus verdades, las cuales desean presentar a los demás como asépticas, neutrales, desapasionadas, cuando fieles a sus premisas relativistas, no pasarían de ser unas entre muchas y discutibles como todas.

De ahí a la ideologización de lo verdadero sólo existe un paso. En cuanto una determinada ideología pretende manipularlo y, mediante la propaganda, influir en la mente de los demás, se vislumbra la antesala del totalitarismo y del pensamiento único, aunque se nos presenten disfrazados con piel de cordero.

Todos los esfuerzos son pocos, quizás hoy más que nunca, por buscar las palabras que mejor se adecuen a la realidad, a pesar del esfuerzo exigido; en última instancia, a la Verdad que la sostiene. La inquietud por desenmascarar los productos de suplencia que tienden a ocultárnosla está en la base de la libertad y del correcto juicio moral, capaz de descubrir la bondad o perversión de los actos.

http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/217599/la/perversion/lenguaje.html

LENGUAJE POLÍTICAMENTE CORRECTO

domingo, 23 de agosto de 2009

September 17
Lenguaje políticamente correcto
LENGUAJE POLÍTICAMENTE CORRECTO

Después de centenares de años hablando español, ahora salen con la utilización del lenguaje políticamente correcto. Ya sabemos que el lenguaje es sexista, machista concretamente y hasta ahora hay cosas que si bien son discutibles, son aceptadas como un convencionalismo que es el lenguaje. Por ejemplo, si un padre tiene dos hijas y un hijo, los presenta como mis hijos y si hay cuarenta mujeres y un hombre se dice "ya estamos todos" y no todas. Sin embargo se dice "esta es mi familia" aunque sólo haya hombres. También se puede pertenecer a un colectivo, un grupo o una orquesta y no importa que estén integrados por hombres o mujeres, el grupo se presenta como "el grupo" y la orquesta como "la orquesta".

Hace ya unos cuantos años dijeron los de Gomaespuma aquello de jóvenes y jóvenas, cosa que reprodujo (supongo que en el mismo tono de cachondeo) la diputada Carmen Romero (mujer de Felipe González) y le armaron una gran bronca.

Más tarde empecé a oír lo de los modistos hombres, para distinguirse de las modistas, mujeres. Muy mal hecho que se acepte por parte de las periodistas y los periodistos, que han permitido que se destape la caja de los truenos y nos quieran vender lo de miembros y miembras.

Sastre es el oficio de hacer trajes para hombre y modista, el de hacer ropa de mujer (ambos ropa a medida). Modista acaba en "a", pero sastre no acaba en "o". Entonces de la misma manera que el lampista no puede ser lampisto y menos lo de paleta o paleto, una mujer que haga trajes de hombre es "una sastre" y un hombre que haga ropa de mujer es "un modista". Si le damos la acepción de quien crea, conduce la moda, entra en la categoría de quien va en moto, motorista.

Y es que hay unas cuantas palabras que designan ocupaciones que pueden realizar hombres y mujeres que son femeninas, como artista, poeta, ciclista, lampista, violinista, pianista, (instrumentistas en general) dentista, modista y se distingue el género masculino o femenino con el articulo que ponemos delante, como el o la, los o las, un o una y unos o unas. Hasta ahora siempre ha sido así y el masculino ha representado la totalidad a no ser que no haya ningún hombre. Se suele decir "los ciclistas" aunque haya mujeres, pero sólo "las ciclistas" si no hay hombres. ¿Que es injusto? Sí, pero es lo comúnmente aceptado. Y yo creo que es una carencia del lenguaje, pero es una idiotez lo de miembras y lo de modistos. (Curiosamente me lo acepta el corrector ortográfico del Word) Idiota, palabra femenina que engloba también a muchos hombres. Idioto (no me lo acepta) A quien toca la batería le llaman baterista, o simplemente batería. Y digo "le llaman" y no "lo llaman" o "la llaman". Quizás por ahí debieran ir los tiros.

Hay otras palabras más neutras, como vocal (de una junta de una asociación), asistente (quien se presenta en un evento), suplente, con las que ni se duda en feminizar, pero no pasa lo mismo con presidente (que es quien preside) y sí se ha feminizado con la intención de remarcar que es una mujer quien preside. Presidenta (me lo acepta el corrector). Se puede ser residente, pero no residenta. Se es portavoz, pero nunca portavoza.

Así pues, a base de excepciones, se va a ir generalizando el cambiar el sustantivo y no el artículo determinado o indeterminado y en lugar de "los/las, unos/unas diputados" nos encontramos "los diputados y las diputadas", o de "todos los vascos", por "los vascos y las vascas" y van a hacer que leer o escuchar a los políticos sea farragoso y aburrido.

Entre la "a" y la "o", está la "e" que puede hacer la función de englobar los dos géneros: así un padre puede decir mis hijes, le presidente del congrese, les diputades, o le Lehendakari, les vasques . Esto naturalmente es una animalada, pero por lo menos es una propuesta para animar el cotarro.

Si he soltado alguna otra tontería, pensando que era listillo, ruego me disculpen, no pasé de bachiller y era de ciencias.



Taluego 16-09-2008
http://nachoenlared.spaces.live.com/blog/cns!E2058CC8404CC114!1105.entry

El miembro y la miembra de Bibiana Aído y Aída

lunes, 17 de agosto de 2009

El miembro y la miembra de Bibiana Aído y Aída
Archivado en:
gobierno, educacion
Por canovas
Actualizado 11-06-2008 12:07 CET
La ministra de igualdad, que igual da lecciones de gramática o gramático, ha propuesto o propuesta una iniciativa o iniciativo que va camino o camina de convertirse en una auténtica ridiculez o ridiculeza. El incluir la palabra o palabro Miembra en la Real o reala Academia o Academio de la lengua o lenguo es tan estúpido o estúpida y tan cansino o cansina como redactar un artículo o artícula como éste o ésta que están leyendo... (o leyenda).

Estamos acostumbrados y acostumbradas a escuchar al Lehendakari aquello de "Los vascos y las vascas", como si diciendo sólo "los vascos" no englobase a las segundas en toda su concepción. Es el triunfo del lenguaje políticamente correcto y gramaticalmente nefasto que en los últimos años ha alcanzado cotas de ridículo como utilizar la arroba como signo neutro que englobe a ambos géneros: "estais tod@s invitad@s", o "por los derechos de tod@s l@s trabajadores". Si se trata de quedar bien con unos y con otros, -o con unas y con otras-, la fórmula es muy correcta; si se trata de respetar un poco el castigado idioma castellano o español, la cosa ya no va tan bien...
No es este el lugar en el que soltar una clase de Lengua española de 1º de Bachillerato. Pero sí quizás el de tener un poquito de sentido común. Está muy bien lo de decir "Señoras y señores", incluso lo de "Ladies & Gentlemen", por cortesía; quizás quede un poco pedante el "vascos-vascas" de Ibarretxe; pero cuando el lenguaje políticamente correcto deja paso a un lenguaje gramaticalmente incorrecto, ya no vamos tan bien. No se trata de ser talibanes del idioma. Está muy bien eso de enviar un SMS escribiendo: "kdams n 15 mnts n l Crt Ingls". Puede que no podamos usar ese lenguaje para hacer la declaración de la renta, pero sí para quedar con un amigo. Lo mismo ocurre con el lenguaje del Messenger o cuando escribíamos los apuntes en clase de Conocimiento del medio. El lenguaje es un "ser vivo" y además no se le pueden poner puertas al campo. Un adolescente jamás escribirá la palabra "que" entera en un mensaje de móvil.
Pero otra cosa bien distinta es cuando el lenguaje, que es algo que surge del uso diario, del pueblo que le hace evolucionar de una maner u otra, se intenta imponer. No hay nada más artificial que el Esperanto, y cuando se ha intentado imponer un término desde arriba siempre ha fracasado. Y más cuando una imposición se hace por un tema ideológico que nada tiene que ver con el lenguaje de a pie.
No sabemos si es que la jóvena Ministra Aído está desocupada o que su ministerio realmente está tan vacío de contenido como parece. Pero, sin duda, ha desbarrado por completo. Intentar imponer la palabra "miembra" a unos españoles que no necesitan capote para entrar al trapo de los chistes fáciles, es cuanto menos, una temeridad. Ahora, cuando la finalidad es un tema político o ideológico, verdaderamente la propuesta caerá en el más absoluto fracaso.
EL USO DE "MIEMBRA" EN LATINOAMÉRICA"
Es cierto que en algunos países de Latinoamérica se usa el término Miembra. Veamos algún ejemplo de diarios latinoamericanos: El Gobernador Schwarzenegger nombra a Rosario Martín como su consejera. El antiguo actor de Hollywood dice de ella que es "la persona adecuada para dirigir la Agencia de Servicios al Estado y al Consumidor y espero escuchar sus consejos acertados como miembra de mi gabinete". Otro más: en Venezuela, visita de catedráticos a una universidad, entre ellos, La Dra. Carmen de Ornés, miembra activa de la AVED y Coordinadora de Tecnología de SADPRO.
Los ejemplos son muchos y diarios, pero son propios de un lenguaje que nos es ajeno en la España de hoy. En muchos países de Hispanoamérica irse al coño de la esquina es ir a hacer la compra y no precisamente de un servicio sexual. Cada país, cada región, incluso cada pueblo tiene su forma de hablar y eso es muy complicado de imponer.
Lo único que está claro de este tema es que el tema del "Miembro y miembra" llenará páginas y páginas de periódicos estos días. Si la ministra quería eso, el éxito lo ha logrado. Pero seguro que también le traerá algún que otro dolor de cabeza. Los únicos que seguro que estarán contentos serán Nacho Vidal, Roco Siffredi y compañía... Ya tienen títulos para unas cuantas películas. O películos.
http://www.soitu.es/participacion/2008/06/11/u/canovas_1213175741.html

Estimados lectores y estimadas lectoras todos y todas

OPINIÓN
Estimados lectores y estimadas lectoras todos y todas
Paolo Lüers*
Miércoles, 4 de Junio de 2008


Recientemente participé en una asamblea. Íbamos a constituir una asociación, supongamos de los Amigos de la Naturaleza. Una asistente tomó la palabra para pedir dos cosas: que la organización, para no ser excluyente para las mujeres, se llamara Asociación de Amigos y Amigas de la Naturaleza, y que en la junta directiva se incluyera a algunas mujeres.
Todos estaban convencidos de la validez de la segunda moción. No tanto de la primera. Sin embargo, nadie expresó objeción, y por aclamación se aprobaron el nombre cambiado y una junta de cinco hombres y cuatro mujeres.
Problema resuelto. ¿Realmente resuelto? No. Tal vez el de la participación de las mujeres. Pero el otro, el lingüístico, por nada. Hay una imposición de lo 'políticamente correcto'. Hay un oportunismo de otros de aceptarlo. Y hay una actitud condescendiente del resto: no contradecir, para evitar discusiones inútiles. En esta ultima categoría me moví en aquella ocasión. Pero ni la imposición, ni el oportunismo, ni la condescendencia ayudan a la causa de los derechos de las mujeres. Lo único que hacen es crear una contaminación insufrible del idioma.
Léase la Constitución 'bolivariana' de Venezuela. La mandaron a traducir al lenguaje políticamente correcto: "Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los cargos de presidente o presidenta de la República, vicepresidente ejecutivo o vicepresidenta ejecutiva, presidente o presidenta y vicepresidentes o vicepresidentas de la Asamblea Nacional; magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia; presidente o presidenta del Consejo Nacional Electoral; procurador o procuradora general de la República; contralor o contralora general de la República; fiscal general de la República; defensor o defensora del pueblo, ministros o ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la nación, finanzas, energía y minas, educación; gobernadores o gobernadoras y alcaldes o alcaldesas"...
Si ya lo dicen las constituciones, hay que hablar así: "El verdadero amigo o la verdadera amiga es un hombre o una mujer con el o la cual nosotros o nosotras siempre podemos contar".
Los políticos, siempre los primeros en asimilar --por lo menos en público-- lo políticamente correcto, ya cambiaron su manera de hablar, por lo menos cuando están en frente de una cámara: "Excelentísimos embajadores y excelentísimas embajadoras y sus respectivas y respectivos señoras y señores esposas y esposos, distinguidos y distinguidas diputados o diputadas, ministros y ministras, estimados invitados y estimadas invitadas, queridos amigos y queridas amigas todos y todas"...
Lectoras y lectores todas y todos, no se enojen conmigo porque me niego a emplear este lenguaje. Me comprometo a escribir en contra de la exclusión de la mujer, pero igualmente tengo que cuidar el lenguaje, que es mi herramienta de trabajo. No puedo escribir "querido/as invitado/as" ni mucho menos 'estimad@s amig@s tod@s'. Ni puedo pronunciar barbaridades como 'bienvenidos y bienvenidas todos y todas los amigos y las amigas".
El idioma es una estructura compleja. Siempre cambia, pero nunca por decreto o lineamientos políticos. En Venezuela hicieron un decreto que cambia el nombre de todos los ministerios. Los funcionarios públicos tienen que decir 'Ministerio del Poder Popular de...' De un momento al otro, por voluntad de un gobernante, ya no existen ministros, sino ministros del Poder Popular. Gastaron millones para cambiar rótulos, papel membretado, logotipos... Obviamente esta medida no cambia nada, ni la manera de hablar de la gente --excepto los funcionarios--, ni mucho menos la actuación de los ministerios. Sus políticas no son ahora más populares que antes del cambio de nombre.
El idioma cambia con el surgimiento de nuevas realidades, nuevas culturas, nuevas maneras de ver la realidad. Seguramente el profundo cambio cultural que representa el rol que las mujeres se han ganado en la sociedad, a la larga tendrá impactos sobre nuestro lenguaje, pero no son calculables ni mucho menos administrables. Los cambios lingüísticos no se dan porque alguien los exija o en base de acuerdos. Normalmente ni siquiera tenemos conciencia de ellos. De repente hay una nueva forma de expresarse. De repente hay palabras nuevas.
Sin embargo, los cambios gramaticales y sintácticos operan mucho más lentos e imprevisibles que los cambios en el léxico. El género es una categoría gramatical que se ha desarrollado de manera muy diferente en los idiomas. En inglés casi no existe el género gramatical. Toda cosa y persona es 'the", mientras el español tiene dos artículos, femenino y masculino. Igual con las terminaciones de los adjetivos: en inglés los adjetivos son iguales cuando se refieren a una mujer o a un hombre, en español existen las formas 'bueno' y 'buena', 'bello' y 'bella'.
En ingles dicen 'the child' y esta palabra no define el género. En español es 'el niño' y 'la niña'. Pero existe la regla (la práctica común entre los parlantes) que la forma masculina al mismo tiempo se refiere a ambos géneros. Simplemente, la palabra 'los niños' tiene dos aceptaciones que todo el mundo entiende según el contexto. Puede referirse a un grupo de varones, o puede referirse a un grupo de niños de ambos géneros. Depende del contexto. Si alguien dice 'los niños tienen derechos que los adultos no entendemos', es obvio que estamos hablando de niños para distinguirlos de adultos y no de niños para distinguirlos de niñas. No hay confusión. Y tampoco hay exclusión ninguna. Todo el mudo que escucha esta frase sabe que estamos hablando de niños indistintamente de su género. Agregar 'y niñas' a esta frase no agrega nada.
En las constituciones --de naciones, asociaciones, partidos, etc.-- hay que incluir una sola frase: "Las mujeres tienen los mismos derechos y deberes que los hombres". Esto marca la diferencia y define un derecho, no la aburrida e insufrible adición de artículos y adjetivos de género femenino que maltrata el idioma.
*Periodista de origen alemán y editor de Siguiente Página.
http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=6342&idArt=2457682

Lenguaje y verdad

viernes, 14 de agosto de 2009

Curso Filosofía del Lenguaje II
Prof. Jaime Nubiola
Universidad de Navarra
Lenguaje y verdad
Rafael Dawid de Vera
rdawid@alumni.unav.es




Tanto el segundo Wittgenstein como John Langshaw Austin subrayan el carácter instrumental del lenguaje. Las palabras son útiles que empleamos diariamente para interaccionar con los miembros de nuestra comunidad lingüística, no sólo nos sirven para referirnos a los hechos, sino que a la vez nos permiten ejecutar un sinfín de acciones: dar órdenes, rogar, rezar, halagar, insultar... No tienen por qué ajustarse sin más al mundo, debidamente empleadas pueden transformarlo, de ahí que exijan un uso responsable y circunspecto. A medida que las conocemos aumenta nuestra aptitud comunicativa, y por tanto las posibilidades de intervenir en nuestro entorno y en quienes nos rodean. Para hacer cosas con palabras primero debemos saber manejarlas, pero como son múltiples y sus usos diversos, y constantemente se transforman bajo el influjo de las inopinadas alteraciones del código lingüístico, nunca terminamos de conocerlas.
El lenguaje nos brinda la posibilidad de trascender el aislamiento, no hay mejor acceso a nuestro interior. El primer propósito del diálogo consiste en demostrar nuestra humanidad a los demás, y por consiguiente, nuestro derecho a que se nos considere como hombres y se nos trate como tales. Nos encontramos ante la piedra angular de la sociedad, pues la confianza que procede de esta aceptación recíproca posibilita cualquier alianza ulterior. A través de la palabra nos manifestamos ante el prójimo, nuestro ser se despliega ante él. De esta manera puede comprender que somos reales, participar de nuestras penas y alegrías, advertir nuestros propósitos y discernir el modo en que le afectan. No saber expresarse equivale a estar poco o mal vestido, el lenguaje, al igual que el indumento, nos humaniza. Un vocabulario acaudalado y una dicción correcta ayudan a determinar quienes somos, y por tanto facilitan la comunicación. Todos los males que la soledad acarrea acechan constantemente a quienes no se molestan por mejorar su expresión.
Al designar estamos haciendo algo más que dar simple cuenta de los hechos: los construimos. Los enunciados, asociaciones de palabras con sentido y referencia, no son meras representaciones de acontecimientos, figuras como pensaba Wittgenstein, sino que conforman la realidad misma, o al menos aquella que nos es dado conocer. Al igual que el pensamiento no puede extenderse más allá de los conceptos, el mundo no puede rebasar el cerco que el lenguaje tiende a su alrededor. Puede que no sea preciso buscar el punto misterioso en el que uno y otro conectan, tratar de dilucidar la razón de su isomorfía, pues tal vez sean una y la misma cosa. Mencionar algo sin recurrir a nombres, verbos, adjetivos… es, simplemente, imposible; lo que pueda hallarse tras estas categorías ni nos incumbe ni podemos conocerlo.
Al nombrar introducimos orden y jerarquía en el inmenso desbarajuste de los fenómenos. El hombre primitivo comenzó aludiendo a lo más inmediato, pero, progresivamente, sus ojos fueron reparando en realidades más distantes hasta que acabó topándose con el Absoluto. Cuál sería el espanto (o asombro, como solemos llamarlo) de nuestros ancestros cavernarios al reparar en la indefectibilidad de la muerte, al contemplar una puesta de sol, el mar embravecido o un cielo tormentoso. Lo que no controlamos nos infunde un gran temor que en buena medida logramos paliar gracias al lenguaje, capaz de tornar cognoscible y familiar lo desconocido y sorprendente. La palabra es el primer paso de la razón, delimita los hechos, y al hacerlo extrae las formas del caos primigenio.
Aristóteles y Tomás de Aquino entienden la verdad en términos de adecuación. Para el santo se trata de una propiedad del juicio que depende de la correspondencia del intelecto y lo real. Esta teoría ha sido, de una forma u otra, la más defendida a lo largo de la historia, pero Austin la rechaza. La verdad es una correlación mucho más compleja de lo que los realistas pretenden, pues en ella intervienen otros factores además de la mente y el mundo. Es un valor que se asigna a determinados enunciados, siempre en el marco de unas convenciones demostrativas y descriptivas, en una situación comunicativa concreta. Su fuerza nace del acuerdo de una comunidad de hablantes, y no exclusivamente de una supuesta simetría entre el pensamiento y los sucesos. La verdad o falsedad de un enunciado se subordina al contexto que le es propio. Ninguna proposición es verdadera en virtud de un rasgo interno, es decir, no hay nada que sea verdadero en sí o por sí mismo.
La verdad no es un arquetipo del que participen nuestros juicios, pues no existe al margen de lo que decimos, de dónde, cuándo y por qué lo hacemos, y de a quién nos dirigimos. Que la expresión "la tierra gira en torno al sol" sea verdadera no sólo se debe a que los hechos concuerden efectivamente con su contenido, pues la teoría heliocéntrica es la comúnmente compartida por los miembros de la actual sociedad civilizada. Ptolomeo no creería a alguien que le dijera lo mismo, puede que ni siquiera lo comprendiese. La verdad, según Austin, no se entiende con independencia de la situación total de habla y sobrestimar cualquiera de sus componentes es incurrir en generalidades que ensanchan la zanja entre realidad y lenguaje. Cuando la verdad deja de ser mundana el hombre pierde su tutela y ésta deviene incontrolable, los más graves atropellos se cometen entonces en su nombre. Lo que Austin propone es un método eficaz de combatir el dogmatismo.



Diseño de la página: Izaskun Martínez
Última actualización: 2 de junio 2006

Baltasar Garzón: El lenguaje y sus trampas...

miércoles, 12 de agosto de 2009

Baltasar Garzón: El lenguaje y sus trampas...
Enviado por tRiTiO el Martes, 08 febrero a las 18:38:31

Durante milenios las palabras encerraban los secretos del nacimiento y de la muerte, del éxito y del fracaso, de la vida y de todas sus posibilidades. Los problemas, sin embargo, aparecen cuando comienza a cuestionarse la representación de los hechos desde el universo del lenguaje. Llegamos así a una primera e inquietante conclusión: las palabras nunca son inocentes o cristalinas, constituyen una realidad compleja.

Están sumergidas en un conjunto de relaciones que si son guiadas por la mala fe o por una intención torcida desvían su sentido, alteran su contenido y pervierten su significado.

Surge así el lenguaje como arma política, que en vez de incluir, excluye; en vez de aglutinar, separa; en vez de sumar, resta; en vez de agrupar, dispersa; en vez de permitir, censura, y en vez de ayudar, traiciona.

El poder de las palabras, en su lado oscuro, se desarrolla a través de un entramado expansivo y totalitario que pretende imponer el dominio del significante sobre el significado. De esta manera, el primero, en manos de un poder interesado y corporativo, borra el sentido de lo real, deforma el orden social y político y facilita la manipulación y el engaño.

Si nos detenemos a observar esa realidad veremos con estupor de qué manera las palabras pronunciadas desde el poder, dueño del capital lingüístico y simbólico, traicionan y derriban lo que decimos y hasta lo que pensamos. El sentido de la responsabilidad y del compromiso, de la seriedad, de la firmeza, se han perdido irremediablemente.

En este mercado lingüístico, las reglas del discurso gobiernan lo que se dice y queda sin decir e identifican a los que pueden hablar con autoridad y a los que sólo deben escuchar y callar. El discurso verbal dominante en la clase política determina lo que cuenta como verdadero y relevante, lo que se debe hablar y lo que debe ser disimulado u ocultado. Así, el poder protege la forma de pensar y actuar de los ciudadanos al informar y modelar nuestra psique.

El truco es de sobra conocido: un ejército de lexicógrafos al servicio del poder nos vende, "desplazados" por deportados o expulsados, "daños colaterales" por víctimas civiles, "valla de seguridad" por muro de la vergüenza, "ayuda humanitaria" por ocupación militar en toda regla o "movimiento de liberación nacional" por terrorismo. Y esto ocurre para acomodar armoniosamente la realidad a la visión de cada una de las partes dentro de lo que se entiende como políticamente correcto. Las palabras, así utilizadas, esconden la realidad o en el peor de los casos consuman su muerte, y se convierten en mera incoherencia o sonido que ni siquiera llega a tener una clara articulación de significados. Con toda razón decía Adamov: "Gastadas, raídas, vacías, las palabras se han vuelto fantasmas en las que nadie cree".

Los nuevos lingüistas de la política se preparan para hacer del idioma un arma efectiva de dominio y para degradar con él la dignidad del habla humana y reducirla a retórica irresponsable. No debemos engañarnos. Las palabras no son ajenas al horror. Cuando se habla entre la niebla y la obscenidad, se favorece la vuelta de botas implacables de corte totalitario. Cuando el lenguaje se utiliza para entrar sin pudor y con impunidad en el infierno de los oprimidos, las palabras pierden su significado y adquieren tintes de pesadilla. Cuando la lluvia de mentiras verbales se convierte en estrepitoso diluvio, hemos de temer lo peor.

Que Hitler Y Goebbels hablaran en público con entusiasmo no fue pura casualidad. En su tratado Cinco dificultades con que se tropieza cuando se escribe la verdad, Bertolt Brecht soñaba con un nuevo idioma capaz de enfrentar vitalmente la palabra y el hecho, el hecho y la dignidad humana, de forma que ésta recuperara el lugar perdido por la degradación de los hombres en sus comportamientos y relaciones basadas en la mentira y la manipulación.

Devolver al lenguaje su musculatura moral, su pureza originaria, su condición de don supremo del hombre, rehabilitar el sentido y la verdad de las palabras debe ser nuestro compromiso. La mentira lingüística también es violencia, violencia simbólica. La más insidiosa de todas.

Retornar a las palabras esenciales significa decretar una guerra incruenta al lenguaje parasitario, frívolo y truculento, propio de algunos medios de comunicación, repleto de pontificaciones enlatadas y de lugares comunes que mantienen y propagan la bulimia consumista. Frente a éstos, la intransigencia ética debe ser la norma.

Frente a un lenguaje prostituido se debe luchar por otro que defienda los valores básicos de la dignidad, la libertad, la tolerancia y la democracia.

Baltasar Garzón (Juez español). España, 19 de marzo del 2004.

El lenguaje 'políticamente correcto' camufla el eufemismo y la hipocresía

Enero 29 de 2007

El lenguaje 'políticamente correcto' camufla el eufemismo y la hipocresía

El tema será de posible discusión en el el IV Congreso Internacional de la Lengua Española, que se celebrará en Cartagena, del 26 al 29 de marzo.

Según explica el poeta Juan Gustavo Cobo Borda, "el término políticamente correcto surgió en Estados Unidos, en relación con los estudios culturales. Porque en las aulas era preferible decir afroamericano que negro. Desde ese punto de vista, puede tener sentido en algunos casos, porque el lenguaje también se usa para discriminar".

El lenguaje políticamente correcto va más allá de los eufemismos. Está relacionado con la intención de no ofender a otros, que pueden ser minorías raciales o de género. Por ejemplo, aunque el uso correcto del español permite usar la expresión 'asociación de padres de familia', por corrección política, no falta el que prefiera decir: 'asociación de padres y madres de familia' para no excluir a las mujeres.

Al hablar de las expresiones políticamente correctas, Cobo Borda también se remitió a Jorge Luis Borges que, en sus textos, lo atribuye a la intención de disimular la afectividad, la fuerza del lenguaje.

"El español tiene unos vocablos perturbadoramente ricos -dijo Cobo Borda- que son preferibles a los que están teñidos. Pues con estos parece como si la realidad y su contundencia se pudiera apaciguar con el velo de una expresión políticamente correcta".

En todo caso, Cobo dice que la gente seguirá siendo realista, cruda y brutalmente directa. "Pero, a la vez, muy compasiva y piadosa cuando se trata de ver a alguien que tiene algún estigma, deficiencia o carencia. Aun así, la gente acostumbra a decir la vieja palabra, por lo que entonces ese lenguaje se convierte en algo innecesario".

El poeta recordó su participación durante la actualización del diccionario de la Real Academia Española: "Cuando los académicos tenían dudas, lo mejor era ir a la primera edición del diccionario, la de 1700, porque las palabras tenían un aura, un sentido expresivo y jugoso, que se ha ido perdiendo".

"Al hablar del lenguaje políticamente correcto, estamos hablando de hipocresía", dijo el escritor argentino Horacio Vázquez-Rial acerca del tema. "Este tipo de lenguaje tiene una finalidad política, de control ideológico", agregó. Explicó que los poderes constituidos "no quieren que las cosas se llamen por su nombre. No tienen ese interés".

El autor recordó que durante la izquierda poscomunista, los partidos estaban constituidos entorno de la URRS. "Con su caída, los partidos quedaron empelotos. No había más proletarios, ni burgueses. Para seguir con el negocio del partido, asumieron otras causas: la del feminismo, la de la liberación gay, el multiculturalismo, la multireligiosidad. Se trataba de defender causas que no tenían que ver con el progreso, sino con la legitimación de la realidad, que va más rápido que el lenguaje y la decisión política".

Y dio un ejemplo: "Cuando los militares toman el poder en Argentina, dicen: 'Iniciaremos el proceso de reorganización nacional'. Todo el gobierno de las juntas militares se llamó así y los argentinos se habituaron. Aún dicen: "En tiempos del proceso". En uno de sus últimos artículos, Borges se preguntaba: "¿Qué se puede esperar de un pueblo que a una dictadura le llama proceso?".

Eufemismos varios

  • Técnico en eliminación de residuos sólidos. Es más rápido decir: "basurero".
  • De color, afroamericano o afrodescendiente: negro.
  • Trabajadora sexual o mujer pública: prostituta o puta.
  • Interno o recluso: preso.
  • Establecimiento penitenciario: cárcel
  • Sanción pecuniaria: multa
  • Económicamente débiles: pobres
  • Interrupción voluntaria del embarazo: aborto
  • Neutralizar: matar
  • Crecimiento negativo: pérdida.
  • Poco agraciado: feo
  • Conflicto bélico: guerra
  • Desarrollar: hacer


http://www.eltiempo.com/cultura/2007_en_Letras/CONGRESO_LENGUA/congresodelalengua/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3416555.html

Aborto

viernes, 31 de julio de 2009


El autismo de los profesores

miércoles, 29 de julio de 2009

El autismo de los profesores
Autor: Carlos Alberto Gomez Fajardo

El autismo se expresa por una limitada y peculiar manera de relacionarse con la realidad. Estas personas tienen contacto con ella, pero es un contacto en cierto modo hipertrófico, que suele reducirse a una atención exagerada a algunas parcelas o fragmentos de la misma realidad. Hay en estos casos una asombrosa capacidad de concentración, de memoria, de análisis, en torno a aspectos para la mayoría desapercibidos. Con gran capacidad de profundización en detalles en algunas zonas de las ideas y del quehacer humano, los autistas pueden llegar a manifestar geniales destrezas en temas como el dibujo, la música, las matemáticas y otras artes, mientras simultáneamente padecen de grave dificultad en la comunicación cotidiana y en la interacción social normal.
Algo parecido puede suceder en los ambientes académicos: encumbrados profesores universitarios parecen haber llegado a extremos de desconexión de la realidad, como se deriva de sus escritos o del modo de expresarse. A veces sus discursos parecen extraídos de una historia clínica psiquiátrica. Tal vez este apenas sea un síntoma del exceso de especialización, problema educativo propio del siglo XX, pero que para el XXI representa un interesante reto pedagógico. Seguramente este “autismo profesoral” continuará en proceso de agravamiento, pues todo indica que la creciente –sin fundamento racional- fe en la técnica y en el “poder hacer” de la instrumentalización y de la progresiva complejidad en los aparatos y tecnologías, proliferará hacia máximos niveles de especialización y de atomización del conocimiento. Dar un vistazo a publicaciones académicas permite con facilidad recoger algunos ejemplos de hermetismo que hace recordar el tema de las dificultades de comunicación de aquellos enfermos a que se hace referencia. Sin mucho esfuerzo, tomando dos recientes publicaciones universitarias locales, se pueden escoger unos títulos. Para el lector no especializado aquellos, por sí mismos, dan cuenta de que son oscuridades conceptuales, y cuando los autores “aclaran” a qué se refieren, el desconcierto aumenta. Se hace presente el Babel contemporáneo. Veamos dos casos: En la Revista EAFIT, 43 (148) aparece el título “Sistema paraconsistente y paracompleto LBPcPo”. El lector curioso indaga un poco más y los autores le explican a qué se refieren los tales “sistemas paraconsistente y paracompleto”; resulta que no se trata sino de una “una extensión de la lógica clásica positiva al incluir dos operadores de negación alterna, un operador de incompatibilidad y un operador de completez…” En otra publicación local, revista de Ingeniería de la UdeA (Marzo 2009) está el artículo: “Aplicación del método Petrov-Galerkin como técnica para la estabilización de la solución en problemas unidimensionales de corrección-difusión-reacción”. Como consuelo para el lector, los autores cuentan que el tal método es algo que sirve para “eliminar el efecto no autoadjunto inducido por el término convectivo”. Lo que sigue, podrá usted imaginarlo, es un galimatías académico altamente especializado; el memorioso Funes, de Borges, pasaría toda una tarde descifrando estos contenidos… El lector normal puede preguntarse si se trata de la insólita profundidad de los actuales Galileos o de unos casos de simple pedantería que hace parte del sistema de adquisición de puntos académicos para un escalafón -publica o pereces, se ha dicho antes- o a lo mejor, de algo que se escribe sólo para que sea leído por sus “pares”, por sus “iguales”, en un curioso club de iniciados similar a las sociedades secretas que supuestamente comparten un saber de carácter esotérico. Allí no caben ni son bienvenidos, siquiera como lectores, los no iniciados. Por otra parte, don José Coll y Vehí, un profesor de lengua castellana, en 1857 escribía con contundencia y sencillez, esta lección: “Para que los demás nos entiendan es preciso que nos entendamos a nosotros mismos.”

http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=111815&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=1314

LO POLITICAMENTE CORRECTO

sábado, 18 de julio de 2009

LO POLITICAMENTE CORRECTO

Es un lenguaje lleno de eufemismos para que no pueda ofender a ningún colectivo y de tópicos con los que se supone que "todo el mundo" está de acuerdo, para evitar conflictos. Lamentablemente, es necesario tener cierta educación y cultura para saber lo que puede ser ofensivo y lo que no, cuáles son las ideas en las que hay consenso y en las que no lo hay. El lenguaje políticamente correcto suele dar lugar a absurdos textos de este tipo:

« Los padres y las madres de los niños y de las niñas de este colegio estamos en contra de la discriminación de las personas de color »

En este caso, las palabras « padres » y « niños » pueden usarse como palabras que incluyen a personas de ambos sexos (padres = progenitores de ambos sexos), igualmente « persona de color » es un eufemismo que se refiere a personas de « raza negra » o simplemente « negros ».

En realidad tampoco existe un solo lenguaje políticamente correcto, sino varios que se superponen y compiten entre sí, normalmente sin que los hablantes sean muy conscientes de ello. Por este procedimiento se presiona al hablante común para que altere el lenguaje, lo que refuerza o reprime unas formas de pensar frente a otras. Inevitablemente, el lenguaje que más se repite va calando en los hablantes y transmitiendo su carga ideológica, cuando la tiene.

Pequeño análisis de una construcción típica:

« Las trabajadoras y trabajadores del Estado español consideramos que la afirmación del Gobierno de que no se ha incrementado la tasa de desempleo, es incierta ».

Se ha sustituido el genérico "trabajadores" por "trabajadoras y trabajadores", para enviar un mensaje igualitarista de género, aunque sea a costa del buen uso del español.
Se ha sustituido "España" por "Estado español", para conformar y sumar a quienes defienden posiciones nacionalistas/secesionistas. Sin embargo, también este uso es incorrecto: los trabajadores del Estado español son únicamente aquellos que trabajan para el Estado (sean funcionarios de carrera o con contrato laboral), pero esta locución no es aplicable al conjunto de los trabajadores de un país. El uso de esta expresión es manifiestamente incorrecto para referirse a todas las personas que trabajan en España y podría excluir, implicitamente, a los trabajadores emigrantes extranjeros (si se interpreta "del Estado español" como sinónimo de españoles, es decir de nacionalidad española).
Se habla de "incremento de la tasa de desempleo" en lugar de "aumento del paro", para enviar un mensaje de simulado conocimiento económico y profundidad de análisis, por el procedimiento de hacer más complicada la comprensión de la frase (erróneamente, tendemos a pensar que lo más inteligente siempre es lo más difícil de entender).
Se dice "… es incierto" en lugar de "es falso", "es mentira" o, simplemente, "el Gobierno miente". Se hace de este modo para suavizar la expresión, pretendiendo mostrar cierta actitud conciliadora. Hacerlo así, además de ser confuso, también constituye un uso inadecuado del lenguaje: El uso de la palabra "incierto" implica que no es seguro, que se carece de certidumbre, y no de que sea mentira. En este caso, además, "es incierto" se refiere a la "afirmación del Gobierno", de modo que parece dudarse de si el Gobierno lo ha dicho o no. En el mejor de los casos, podría utilizarse la expresión "no es cierto", equivalente a "es falso".
Traslado a este blog la definición, según la Wikipedia, de la expresión: "políticamente correcto", es decir, la forma de comunicación que hoy en día se utiliza, por ejemplo, en los informativos, periódicos "serios", programas de televisión "antibasura", diálogos de personas cultas y civilizadas, étc.

Pondré un ejemplo personal: en un colegio cercano, la antigua "Asociación de Padres de Alumnos" (A.P.A.) ha sido sustituida en circulares y letreros por: "Asociación de Madres y Padres de Alumnos" ( A.M.P.A.). Se incluye a las madres de los alumnos para evitar acusaciones de discriminación, y además se les sitúa en primer lugar, para no ser acusados tampoco de prevalencia del género masculino...

Yo, humildemente, opino que se puede hablar y escribir con educación y corrección, estableciendo un término medio para este tema. Ni es de recibo saludar a una vieja amiga, conocida, nuera o rival espetándole: "¡cuánto tiempo... estás más gorda!, ni hay que mostrarse tan "políticamente correcta" como para después de escuchar algo así, respirar hondo y contestar: "buenos días, qué tal, cómo está... la encuentro a usted tan magnífica como siempre...", cuando en ambos casos, las dos personas están pensando lo mismo.

Creo que al abuso de lo políticamente correcto se le denomina "papanatismo"...

(http://margaylasletras.blog.com/)

http://foros.20minutos.es/viewtopic.php?f=5&t=788

Una nueva herramienta permitirá detectar el uso "sexista" del lenguaje

DESARROLLADA POR THE REUSE COMPANY
Una nueva herramienta permitirá detectar el uso "sexista" del lenguaje

The Reuse Company ha desarrollado la herramienta Themis –nombre tomado de la diosa de la Justicia en la mitología griega–, que permite analizar y corregir de manera automática el lenguaje sexista de cualquier documento de texto con formato Word, PDF, Power Point o, incluso HTML, así como de páginas web. De hecho con sólo introducir la URL Themis permitirá descubrir los usos considerados sexistas.



Noticia publicada el 19-09-2007

(Libertad Digital) A diferencia de los diccionarios de carácter sexista y gracias al trabajo conjunto de lingüistas e ingenieros informáticos, esta nueva herramienta –que incluye más de 1.000 términos– permite localizar automáticamente el lenguaje sexista en documentos de texto y páginas web, diferenciando de forma inteligente cuándo un mismo término se utiliza con connotación sexista o sin ella. Además, la herramienta localiza los plurales de los términos incluidos en el diccionario.

Por ejemplo, en la afirmación 'los alumnos de la región estudian mucho', Themis marcaría el término 'alumnos'. Esto es porque los creadores de Themis no valoran la posibilidad de que 'alumnos' sea del género neutro y entienden que habría que añadir 'alumnas'. Sin embargo, en la frase 'los alumnos Jaime y Pedro estudian mucho', no lo haría ya que en este caso su uso es correcto.

Otra novedad que presenta esta herramienta consiste en el rastreo de páginas web. Basta con introducir la dirección y el sistema analiza todo el sitio web en busca de páginas que incluyan terminología sexista. Por último, para que la actualización de este tipo de términos sea sencilla y ágil, Themis incluye un módulo que permite al usuario añadir las entradas al diccionario que se consideren oportunas.

http://www.libertaddigital.com/index.php?action=desanoti&cpn=1276313566

Del género y la 'génera'

martes, 14 de julio de 2009

Asturias
Del género y la 'génera'

El catedrático de Lengua Española disecciona 'El lenguaje (políticamente) correcto' en la lección inaugural del curso

ANA FERNÁNDEZ ABAD/OVIEDO



No es lo mismo decir «La heroica ciudad dormía la siesta» que «Las heroicas ciudadanas y ciudadanos dormían la siesta». El catedrático más antiguo en activo de la Facultad de Filología, José Antonio Martínez, diseccionó ayer durante su lección inaugural el mundo de 'El lenguaje (políticamente) correcto'. El género fue el núcleo central de un discurso plagado de ejemplos, que escucharon vicerrectoras y vicerrectores, alumnos y alumnas, entre otros.

«En español hay al menos tres tipos de concordancia de género; el masculino prevalece sólo en uno de ellos, eso sí, en el más frecuente. Cada concordancia depende de la construcción sintáctica. Ni gota de sexismo». Martínez subrayó que «el español nos fuerza a aludir al sexo de las personas aún cuando no venga a cuento», porque en español «no hay ningún sustantivo que no sea masculino o femenino».

En las reflexiones del catedrático, el lenguaje políticamente correcto más interesante es el llamado «no sexista». Su bestia negra, explicó Martínez, ha sido el masculino genérico, junto a la concordancia, porque «la perspectiva de género ha decidido asociarlo con la ocultación de la mujer por parte del varón y el dominio de éste sobre aquella».

De vuelta con los ejemplos, Martínez indicó que «con un mes de embarazo, no puede haber una real seguridad sobre el sexo del feto, y por eso se le nombra con el masculino genérico: 'Sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias tienen la gran alegría de anunciar que esperan el nacimiento de su segundo hijo'. Si hubieran dicho 'de su segunda hija', todos entenderíamos que ya se conocía el sexo del 'nasciturus'».

De tanto diferenciar entre el género y la 'génera' se acaba volviendo al masculino genérico. Martínez argumenta que «es el inevitable pago que hay efectuar por el uso masivo de la distinción de género: cuantos más masculinos 'de hecho' vayan desglosándose en femeninos -esto es, feminizándose-, más habrá que recurrir al masculino genérico: a más médica y fiscala, más médicos y fiscales».

Adán, Eva y la arroba

La paradoja continúa, cuando la diferenciación genérica y sexual pisa el terreno de la sintaxis y nace el 'doblete' (alumnas y alumnos, amigas y amigos). Dice el catedrático de Lengua Española que la fórmula 'señoras y señores' se ha generalizado «hasta el punto de que no seguir hoy esa convención sería casi una grosería, pero alertó de que su abuso puede «meter al auditorio en una situación de nerviosismo incontrolable».

Y, en el apartado escrito, Martínez recordó: «La arroba no es ninguna letra, y, como símbolo moderno, lo es de dirección electrónica». Quienes escucharon la digresión, no pudieron evitar reír ante una ocurrencia del filólogo: «Como símbolo simbólico, se supone que habrá resultado poco gratificante desde la perspectiva de género, pues en él la 'a' femenina está contenida en una 'o' casi cerrada masculina, al modo como en la costilla de Adán esperaba Eva su eclosión».

No todas las novedades 'chirrían' a la vista. Sostuvo el catedrático de Lengua Española que «las lenguas siguen los pasos a la realidad histórica». En su opinión, «la lengua funciona como uno de esos mecanismos 'autolimpiables': no necesita reformas programadas, se actualiza sobre la marcha del ejercicio comunicativo». Dicha evolución inherente ha provocado que el término presidenta no signifique ya 'la mujer del presidente' y que la jueza exista por derecho propio y no sólo como 'esposa del juez'.

Lo políticamente correcto no acaba en el género. El catedrático analizó eufemismos como 'ataques selectivos' «que no son sino asesinatos o actos de terror» y añadió que, por obra y gracia del lenguaje políticamente correcto, «el vil y desigual 'terrorismo' se dibuja como una simétrica y equilibrada 'lucha armada'». Desde su óptica, es un veneno en papel de regalo, porque «la capacidad ocultadora del eufemismo se ha aprovechado para desinformar acerca de la realidad».

Todo, resumió el catedrático, tiene que ver con los dos rasgos que definen la cultura, «uno, por desgracia declinante, que es la libertad de crítica a cualquier idea o creencia y el otro, felizmente emergente, que es la ideal igualdad entre hombres y mujeres».

http://www.elcomerciodigital.com/prensa/20060930/asturias/genero-genera_20060930.html

¿Miembro o ‘miembra’? He ahí la cuestión

¿Miembro o ‘miembra’? He ahí la cuestión
Publicado el 06-05-2009 , por Rosario Fernández. La Rioja

Más de una veintena de expertos reflexionan desde ayer y hasta mañana sobre la mujer y el lenguaje en el periodismo español, en unas conferencias organizadas por la Fundación San Millán de la Cogolla y Fundéu BBVA.


Hace unos meses, la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, fue motivo de polémica en diversos medios de comunicación por referirse a los miembros y miembras en una comparecencia en el Congreso. La Real Academia Española de la Lengua (RAE) respondió que ese término era incorrecto y que el uso adecuado era miembro, aunque en muchos lugares de Latinoamérica sí se emplea la palabra acabada en “a”.

Este ejemplo no hizo otra cosa que desempolvar lo que diversos sectores reclaman desde hace tiempo: acondicionar nuestro idioma a las necesidades actuales, ya que si la sociedad avanza, esto ha de reflejarse en la lengua. Todo ello demuestra que mientras la masculinización de una palabra se hace de forma rápida, la feminización cuesta bastante más. Y si no, ¿por qué se ha de decir la fiscal o la cónsul y en cambio se ha adoptado velozmente la palabra matrón para el masculino de matrona?

Más de una veintena de filólogos y expertos hispanohablantes reflexionan sobre éste y otros aspectos en el Monasterio de Yuso, en La Rioja, en el seminario Mujer y lenguaje en el periodismo español, organizado por Fundación San Millán de la Cogolla y Fundéu BBVA, un encuentro inaugurado ayer por los presidentes del Gobierno de La Rioja, Pedro Sanz; de BBVA, Francisco González; y de la Agencia Efe, Álex Grijelmo, junto a los del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel; de la RAE, Víctor García de la Concha, y de la Academia Chilena, Alfredo Matus.

El papel de los periodistas en la lucha contra el llamado lenguaje sexista, el uso del lenguaje políticamente correcto como posible ayuda para la eliminación de los reflejos machistas en el castellano y la necesidad de forzar el cambio son algunos de los temas que se debaten en este encuentro que finalizará mañana. “Este es un tema lingüístico que desata pasiones y lo que hemos hecho es agarrar el toro por los cuernos”, afirmó Álex Grijelmo durante la apertura del seminario.

En su opinión, los periodistas trabajan en la frontera del idioma y deben poner orden y dar coherencia a anglicismos como la fiscal, la cónsul o la presidenta. Grijelmo lo tiene claro: “Yo prefiero decir la juez y la gerenta y guiarme por criterios lingüísticos, que pueden ser equivocados, pero son lingüísticos”.

La RAE como notario
Víctor García de la Concha recordó que “la lengua la hace el pueblo. Nuestra labor es la investigación y el estudio para realizar una función de notaría, por lo que ha de avanzar. La Academia no quiere ser ni feminista ni machista militante, sino que desea estar en el punto intermedio”.

Para ello, recordó que en 2001 la RAE encargó a un grupo de profesoras que llevaran a cabo un estudio de los términos machistas que aparecieran en el diccionario. Se encontraron 51.000, “de los que 17.000 ya están modificados en la versión electrónica, y el resto se hará a partir del verano. El diccionario está cambiando, y va a cambiar más”, aseguró.

La lingüista Eulàlia Lledó no se cree del todo estas buenas palabras del director de la RAE. Ella participó en el citado estudio y destaca que “en la Academia no nos hicieron caso”. La institución incumplió sus propias normas del juego y obvió 28.000 entradas revisadas del informe de 4.000 páginas que preparó. “El diccionario recoge definiciones equivocadas y lesionadoras de la autoestima de las mujeres, como las mismas definiciones de padre y madre”, afirma.

“Mientras el significado de esta última palabra es hembra que ha parido, el de padre es varón o macho que ha engendrado. En la definición de madre se mezcla a todo tipo de hembras, mujeres y animales, además de un contenido que roza la mentira. Claramente comprobamos que no representa la realidad y que el diccionario no es sexista, es más que sexista”.

Lledó acusa a la RAE de ir a remolque de lo que pasa y de realizar cambios demasiado tarde. Esta lingüista está a favor del desdoblamiento y “de todos los sistemas que posibiliten que ningún grupo humano quede ensombrecido”, y cree que la fórmula del uso del masculino neutro refleja una infrarrepresentación de la presencia femenina, ya que “para existir es importante ser nombrada”. Lledó considera que el uso de lo políticamente correcto se basa en el uso de eufemismos, en el hecho de esconder palabras. “Yo defiendo todo lo contrario”, concluyó.

Mujeres objeto
Las palabras también cambian según el medio de difusión. El traductor e intérprete Ibai Aramburuzabala, quien ha realizado un estudio sobre el tratamiento de las mujeres en revistas masculinas, afirma que “todos los tópicos se cumplen.

La mujer aparece como un objeto y es relegada al mundo del espectáculo. Siempre que se menciona su trabajo, se habla de su atractivo, y la que no es bella es criticada”. La franja de edad de las féminas que aparecen en estas publicaciones es de entre 18 y 30 años, ya que cuando la superan, desaparecen.

No sólo influye en el lector quiénes aparecen en los medios, sino quiénes trasladan el mensaje, es decir, los propios periodistas. La lingüista María Elena Gómez considera que en las columnas escritas por mujeres se busca más la complicidad del lector. “Se usan más expresiones como ‘ustedes sabrán’, algo que no se da en las escritas por hombres.

Además, ellas se sienten más libres al hablar de lo que quieren y usan un tono menos pontifical”. El resultado es que a las columnistas las leen mujeres y los columnistas tienen lectores de ambos sexos. Sin embargo, estas diferencias desaparecen en los análisis políticos, en los que manda el tema y no hay distinciones.

http://www.expansion.com/2009/05/06/entorno/1241636933.html

«La lengua no evoluciona por mandato»

SOCIEDAD
«La lengua no evoluciona por mandato»
07.05.09 -

¿Los periodistas deben ser parte activa en la lucha contra el llamado lenguaje sexista? ¿Ayuda el lenguaje políticamente correcto, usado por algunos políticos y periodistas, a eliminar reflejos machistas en el idioma español? ¿Hasta qué punto existe resistencia al cambio entre quienes elaboran los diccionarios, las gramáticas y regulan el uso del femenino?
Son las cuestiones sobre las que se debate estos días en San Millán en el seminario 'Mujer y lenguaje en el periodismo en español'.
A este respecto, la Real Academia Española no va a convertirse en «feminista militante» que nos lleve al desdoblamiento de ciertos términos porque la lengua «no evoluciona por mandato», asegura su director, Víctor García de la Concha, en una entrevista que publica, en su último número la revista 'Donde dice...', de la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA).
«Siempre hubo, por ejemplo, un desdoblamiento de 'señoras y señores', pero ahora ya es 'ciudadanos y ciudadanas', 'empleadas y empleados'... Eso podría llevarnos a algo tan ridículo como decir 'voy a ir a verte con mis hijas y mis hijos para estar con tus hijas y tus hijos', por ejemplo», advierte De la Concha.


http://www.larioja.com/20090507/sociedad/lengua-evoluciona-mandato-20090507.html

PARA LOS LINGÜISTAS

PARA LOS LINGÜISTAS


En español existen los participios activos como derivados verbales.


El participio activo del verbo atacar, es atacante,

el de sufrir, es sufriente,

el de cantar, es cantante,

el de existir, existente.

¿Cuál es el participio activo del verbo ser?

El participio activo del verbo ser, es 'ente'.



El que es, el ente. Tiene entidad.

Por ese motivo, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad

para ejercer la acción que expresa un verbo,

se agrega al final de su raíz la terminación 'ente'.

Por lo tanto, a la persona que preside,

se le dice presidente, no presidenta,

independiente del sexo que tenga.

Se dice capilla ardiente, no ardienta.

Se dice estudiante, no estudianta.

Se dice adolescente, no adolescenta.

Se dice paciente, no pacienta.



Pasa el mensaje a todas las inocentes personas que, correctamente, la llaman 'Presidenta' porque todavía creen que tiene la capacidad para realizar la acción que denota el verbo.




Un buen ejemplo de lo mismo:



"La presidenta era una estudianta adolescenta,

sufrienta y poco pacienta, que quería ser eleganta, para que la nombraran representanta y además llegar a ser integranta independienta de la asamblea constituyenta. Ahora es la presidenta existenta en la Argentina. Pero un día llegará en que la veremos sonrienta en una capilla ardienta por ahora inexistenta. ¡Qué mal suena, Presidenta, política dirigenta, que se ponga tan violenta con el pobre castellano, para quedarse contenta!"

Sobre el "lenguaje políticamente correcto"

Sobre el "lenguaje políticamente correcto" *

"Por hipocresía llaman al negro moreno; trato a la usura; a la putería casa; al barbero sastre de barbas y al mozo de mulas gentilhombre del camino" (Quevedo).

El llamado "lenguaje políticamente correcto" (LPC) es ya un fenómeno lo suficientemente complejo como para exigir de quien lo trate una actitud más profunda que simplemente estar a favor o en contra. Es cierto que se presta para el cachondeo (y voy a caer en ello, por qué no), pero implica muchas otras cosas de cierta importancia, que trataré de abarcar también, en la breve medida que este artículo me permita.
Suele atribuirse el origen de este fenómeno político-lingüístico (el orden de los factores es para discutir) a la llamada "izquierda radical norteamericana". Paso por alto esta ambigua denominación para ir al punto. Es cierto que el ordenamiento político-jurídico estadounidense, con toda la influencia que a su vez pudo tener en el resto del orbe, vía medios masivos de comunicación y universidades, parece ser el ámbito inicial en el que se desarrolló esta suerte de "nomenclatura compasiva" que es el LPC. Con lo cual se unirían las buenas intenciones originales, aun supuestas, con los correspondientes resguardos judiciales (es fama que en EE. UU. se puede llegar a la corte por, literalmente, "cualquier cosa", con todo lo bueno y lo malo que esto tiene). Difícil apostar a cuál sería en este caso la "ganancia secundaria".
Lo cierto es que el LPC invadió los libros de estilo de las más variadas instituciones y medios. Y con ello apareció una "nueva policía lingüística" (la expresión es de Rafael Sábat), siempre dispuesta a perseguir, atrapar in fraganti y, por lo tanto, condenar a los infractores, voluntarios o no.
¿Qué es, entonces, si se puede saber, el LPC? No se busquen, en lo que sigue, respuestas fáciles o unívocas.
Quizás este léxico sea un pariente cercano del eufemismo (entre otros, Jaime Bedoya lo propone así). El eufemismo es, según el Diccionario de la Real Academia, una "manifestación suave o decorosa cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante"; y, según el diccionario digital Estrada, una "palabra o frase con que se suaviza una idea o concepto". Llama la atención la idea de "suave", de "suavizar"; y el hecho de que se oponga a, por un lado, lo duro o "malsonante", pero también, por otro, a la expresión "recta y franca". Sin embargo, siempre queda claro que lo que se suaviza es la "idea o concepto"... no la realidad. (Volveré sobre esto.)
No todo lo que se considera eufemismo tiene el mismo valor. Por ejemplo, remplazar "ciego" por "no vidente" es una estupidez lisa y llana o, para decirlo más suavemente, algo inútil, ya que las dos expresiones son equivalentes; en cambio, remplazar "inválido" por "minusválido" o "discapacitado" tiene la innegable ventaja de una mayor precisión y, por qué no, cierta justicia intrínseca. Si eso es lo que se busca, bienvenido sea.
Pero el LPC va mucho más allá de esto. Lo que parece pretender es validar, autentificar, legitimar al enunciador (persona física o jurídica, pero siempre "imaginaria", como todo sujeto de la enunciación) en tanto titular de una actitud antidiscriminatoria en todos los sentidos y alcances de este término.
Vale decir: el que enuncia "afroamericano" en lugar de "negro" se pone en un lugar enunciativo especial. Y esto puede ser tan imprescindible en una institución como dudoso en un individuo concreto, en la medida en que nada dice sobre la "realidad", incluyendo los sentimientos "reales" de ese individuo. Hasta acá, sin embargo, y dejando de lado los abusos que siempre aparecen (aunque quizás en este caso sean intrínsecos al LPC), la cuestión no carece de justificaciones. Las instituciones (y algunas personas, sobre todo si las representan) deben "dar el ejemplo", lo que implica una "imagen" determinada y, mejor aún, una cierta conducta.
Pero aquí entramos al terreno álgido del LPC: la conducta.
Decía Michel Foucault algo así como que el orden del discurso es independiente pero no autónomo del orden de lo real. Quería decir que el lenguaje sigue sus propias reglas, que no son las de una correspondencia unívoca (reflejo, espejo, filtro) con la "realidad", pero a su vez ésta tiene formas de determinar al lenguaje y de ser determinada por él. El famoso "giro lingüístico" de la filosofía contemporánea (me refiero al siglo XX) ha tenido la innegable ventaja de llamar la atención —diría: para siempre— sobre la relevancia esencial del lenguaje para relacionarse con la realidad, y para que la realidad se relacione con nosotros. Por cierto: como lo quería la escuela de Oxford, decir es hacer, o una forma particular de hacer.
De ahí que el LPC sea también un síntoma de la llamada "posmodernidad" con todo lo malo y, por qué no, lo bueno que ella implica: fin de las certidumbres autocráticas, por ejemplo. No en vano ciertos autores relacionan el LPC con el pecado del "relativismo" cultural; que, con todos los cuestionamientos que puede y debe suscitar, tiene la ventaja de ponerle los pelos de punta a más de un reaccionario, como se ve en este caso. Por ejemplo, José Basaburua, en un desopilante artículo de la revista en línea ARBIL, núm. 45, parangona el LPC con la masonería (!?): "El lenguaje 'políticamente correcto' y su contenido ético de los valores comunes cívicos mínimos, son un calco de los principios propugnados por la masonería de todo signo: relativismo vital, liberalismo político y personal, subjetivismo moral, imposición de una ética civil ajena y opuesta al cristianismo, etc."
Y otros ( Aleix Vidal-Quadras) dan como ejemplo de LPC, entre otros similares, llamar "lucha armada" al "terrorismo"; sin advertir que esto no es, necesariamente, una cuestión de mero LPC sino de posiciones ideológicas. ¿O acaso "terrorismo" será siempre lo que los Estados Unidos y sus admiradores quieren que sea? (Como "democracia" puede ser cualquier cosa, menos Cuba...)
Vuelvo a lo anterior: decir es hacer, pero una forma particular de hacer. Si digo "obeso" en lugar de "gordo", mi actitud antidiscriminatoria queda confinada al terreno del lenguaje, con toda su importancia (la ofensa estaría circunscrita al lenguaje, y no a mi intención); no va, no puede ir más allá. Si digo "A Coruña" o "Lleida", en lugar de "La Coruña" o "Lérida", estoy manifestando una especie de buena voluntad política para con gallegos, catalanes o quienes sean; nada más (especialmente, si lo hago obligado...). Como dice Santiago Arellano Hernández, director general de Educación de la Comunidad Foral de Navarra, respecto de ciertas leyes educativas españolas: "No debemos olvidar que la propuesta prescrita... no tiene otro amparo que lo que se entiende por 'lenguaje políticamente correcto'. El trasfondo, sin embargo, no es tan halagüeño. Las solas palabras, por correctas que parezcan, no tienen la magia de convertir los objetivos o medidas en viables o inviables, posibles o imposibles." ¿Cambiamos el lenguaje para cambiar la realidad o para evitar cambiar la realidad? Porque, mientras los españoles (ya que hablamos de ellos) se preocupan de no decir "moros" sino "magrebíes", se cuidan mucho de la "invasión de magrebíes" hambreados que quieren cruzar el Mediterráneo a como dé lugar; y ocasionalmente los internan en campos de concentración ad hoc. Perdón, en "centros para extranjeros". Y quizás eviten decir "gitanos", pero se cuiden mucho al enviar a sus hijos a una escuela "intercultural"...
Esto se da en numerosos ámbitos, que nos llevaría mucho más espacio desarrollar. Baste recordar la cuestión del lenguaje sexista. Mucho se ha afirmado acerca de que el castellano es un lenguaje sexista, pero con esto no siempre se dice la misma cosa. Es cierto que es particularmente molesto para las mujeres que, si hay treinta de ellas y un varón, deban decir "nosotros". Pero esto es una cuestión de género (no de sexo) no marcado, es decir que se da por supuesto y funciona como neutro; y no digo que las convenciones sean inocentes, lo que digo es que una actitud discriminatoria inherente a un idioma es algo más bien difícil de probar. Es cierto que los hispanohablantes tendemos a ser machistas, pero ¿los ingleses no? Es que volvemos a lo anterior: lo sexista está en la actitud del hablante, no en su habla.
Por eso es francamente mucho más molesto tener que recurrir a sintagmas como "las niñas y los niños", "los profesores y las profesoras", "los padres y las madres". Y casi ridículo (aunque más creativo, quizás) remplazar la infamante "o", supuestamente masculina, por el signo más de moda: la omnipresente arroba: "niñ@s" incluiría a "niñas y niños"... Propuesta que se hace con seriedad (yo, como editor, ya la he visto en originales de respetables autores), aunque sea más apta para chistes. Pero parece que al LPC una de las cosas que más tirria le dan es el humor.
¿Alguna conclusión? Sólo para seguir pensando.
Me atrevería a proponer que el LPC no sirve porque:
1. El lenguaje no cambia la actitud (la realidad, la acción, etc.): nominalismo mal digerido.
2. No se pueden controlar todas las connotaciones: "compañero animal", "méxico-americano" (mucho menos, en una traducción).
3. El sintagma influye sobre el signo aislado: "a ese barrio no se puede ir porque está lleno de afroamericanos...", "esos talibán de m...".
4. Elementos de la enunciación legitiman (o deslegitiman) el enunciado: un chiste judío significa distinto si es contado por un judío, por un no judío, por un nazi, etc.

* Publicado en la revista Idiomas y comunicación, núm. 6, Buenos Aires, mayo de 2002.
http://correctores.iespana.es/correcto.htm

Cuento - Maternidad y lenguaje políticamente correcto

sábado, 11 de julio de 2009

Cuento - Maternidad y lenguaje políticamente correcto

Un día fui a sacar un certificado al Registro y el señor que tomaba los datos, me preguntó cual era mi ocupación. No supe cómo etiquetar mi trabajo de "madre" y qué responder. Al percatarse de esto, el señor que tomaba los datos me dijo:"A lo que me refiero es a ¿si trabaja usted o no hace nada...?" "Claro que tengo un trabajo, le contesté, soy madre". A lo que el señor respondió, "No ponemos madre como opción, vamos a ponerle ama de casa". Esa fue la respuesta enfática de este señor. Olvidé por completo esta historia hasta que un día me pasó exactamente lo mismo, sólo que ésta vez, en la oficina de una Notaria Publica. La funcionaria era obviamente una mujer de carrera y muy eficiente."¿Cuál es su ocupación?", me preguntó ella. No sé bien por qué... pero las palabras simplemente salieron de mi boca.... "Soy una Investigadora Asociada en el campo del Desarrollo Infantil y las Relaciones Humanas". La funcionaria se detuvo... el bolígrafo quedó congelado en el aire y me miró como si no hubiese escuchado bien. Repetí el título lentamente... poniendo énfasis en las palabras más importantes... Luego, observé asombrada cómo mi pomposo anuncio era escrito en tinta negra en el cuestionario oficial. "Me permite preguntarle", dijo la funcionaria, con un aire de interés..."¿Qué es exactamente lo que hace usted en este campo de investigación?". Con una voz muy calmada y pausada le contesté: "Tengo un programa continuo de investigación (¿qué madre no lo tiene?) en el laboratorio y en el campo estoy trabajando para mi maestría (la familia completa) y ya tengo dos créditos (mis hijos). Por supuesto que el trabajo es uno de los que mayor demanda tiene en el campo de humanidades (¿alguna madre está en desacuerdo?) y usualmente trabajo 14 horas diarias (en realidad son más, como 24). Pero el trabajo tiene muchos más retos que cualquier trabajo sencillo y las remuneraciones más que económicas, están ligadas al área de la satisfacción personal." Se podía sentir una creciente nota de respeto en la voz de la funcionaria mientras completaba el formulario. Una vez terminado el proceso, se levantó de la silla y personalmente me acompañó a la puerta. Al llegar a mi casa, emocionada por mi nueva carrera profesional, salió a recibirme uno de mis socios del laboratorio, el de 8 años de edad. También podía escuchar a nuestro nuevo modelo experimental, en el programa de desarrollo infantil (de 2 años y 6 meses de edad), probando un nuevo programa de patrón en localización. ¡Me sentí triunfante! ¡Le había ganado a la burocracia! Había entrado en los registros oficiales como una persona más distinguida e indispensable para la humanidad que sólo como "una madre más". La maternidad... que carrera más gloriosa...

Fuente: http://kevinvazquez.blogspot.com/ Visto en: www.loquesomos.org

Publicado en: Educarueca | Artículo Original

Nota

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Medellín, Antioquia, Colombia
Magister en Filosofía y Politóloga de la Universidad Pontificia Bolivariana. Diplomada en Seguridad y Defensa Nacional convenio entre la Universidad Pontificia Bolivariana y la Escuela Superior de Guerra. Docente Investigadora del Instituto de Humanismo Cristiano de la Universidad Pontificia Bolivariana. Directora del Grupo de Investigación Diké (Doctrina Social de la Iglesia). Miembro del Grupo de Investigación en Ética y Bioética (GIEB). Miembro del Observatorio de Ética, Política y Sociedad de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del Centro colombiano de Bioética (CECOLBE). Miembro de Redintercol. Ha sido asesora de campañas políticas, realizadora de programas radiales, así como autora de diversos artículos académicos y de opinión en las áreas de las Ciencias Políticas, la Bioética y el Bioderecho.

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