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Critican experimentos con transgénicos aprobados por gobierno español

martes, 2 de febrero de 2010

Critican experimentos con transgénicos aprobados por gobierno español

Monsanto y Bayer han solicitado al gobierno español permiso para realizar experimentos al aire libre con cultivos transgénicos en municipios que engloban al menos 50 áreas naturales protegidos, desde espacios de la Red Natura 2000 hasta Parques Nacionales.

El responsable de agricultura y alimentación de la organización Amigos de la Tierra, David Sánchez, señaló que cultivar transgénicos, con demostrados daños a la salud, es una muestra más de la poca ética de estas empresas y de cuáles son los intereses que defiende el gobierno español.

“Liberar transgénicos al medio ambiente es una irresponsabilidad, pero cultivar transgénicos con demostrados daños a la salud, afectando a espacios naturales protegidos es una muestra más de la poca ética de estas empresas y de cuáles son los intereses que defiende este gobierno, que no son precisamente los de los consumidores o el medio ambiente”, advirtió el especialista.
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Cultivar transgénicos afectando la salud y los espacios naturales protegidos es una muestra más de la poca ética de estas empresas

En otro momento, precisó que estos cultivos experimentales no han pasado por ningún trámite para evaluar su seguridad, y de algunos incluso se han demostrado sus daños sobre la salud.

“Estos transgénicos plantean un riesgo inaceptable de contaminación de otros cultivos y para el medio ambiente. Amigos de la Tierra exige al Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino que cambie su actitud, ponga la defensa del medio ambiente y la salud pública por encima de los intereses de las multinacionales, y deniegue los permisos para realizar estos ensayos”, manifestó.

Como cada año, empresas como Monsanto, Bayer, Pioneer, Procase o KWS solicitan permiso para experimentar con organismos modificados genéticamente al aire libre.

Entre los permisos solicitados para 2010, hay más de medio centenar de ensayos en municipios que engloban espacios naturales protegidos, con maíz, betarraga o papa, repartidos por casi todo el país. Ni las empresas ni el gobierno dan la localización exacta de los ensayos, por lo que podrían estar situados dentro de los espacios protegidos.

En 2009 estas mismas empresas solicitaron ensayos en 67 municipios. Muchos de ellos con transgénicos peligrosos para la salud. Amigos de la Tierra y otras organizaciones presentaron alegaciones a todos ellos. El gobierno nunca respondió, y no hay forma de saber si finalmente se autorizaron o realizaron estos ensayos.
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Entre los permisos solicitados para 2010, hay más de medio centenar en municipios con espacios naturales protegidos,

Es el gobierno el que los autoriza, previo informe de la Comisión Nacional de Bioseguridad (CNB). Este organismo, cuya independencia y representatividad científica es muy cuestionable, no publica sus actas desde junio de 2008, dando una muestra más de la política de oscurantismo del gobierno en materia de transgénicos.

España acoge el 42% de los ensayos experimentales al aire libre que se han realizado en la Unión Europea, UE, durante los últimos años, según datos oficiales.

El 82% de estos ensayos han sido realizados por multinacionales como Monsanto, Bayer o Pioneer, lo que convierte a España, con el visto bueno del gobierno, en el gran laboratorio de las multinacionales de los transgénicos.

Además de albergar casi la mitad de los ensayos al aire libre en la UE, España es el único país que cultiva transgénicos de forma comercial, con más de 76,000 hectáreas de maíz transgénico cultivadas en 2009. Frente a esta posición, países como Francia, Alemania, Austria, Grecia o Polonia mantienen la prohibición de su cultivo.

Según Amigos de la Tierra, la situación de los transgénicos en España es tan escandalosa, y es tal el desprecio del gobierno hacia el medio ambiente y la sociedad civil, que varias organizaciones ecologistas, de consumidores, agricultores y de cooperación han recurrido recientemente al Defensor del Pueblo para pedir amparo.



http://www.inforegion.pe/portada/47213/critican-experimentos-con-transgenicos-aprobados-por-gobierno-espanol/

Intelectuales se suman al rechazo a cultivos de maíz transgénico

Intelectuales se suman al rechazo a cultivos de maíz transgénico


ngélica Enciso L.

Periódico La Jornada
Jueves 28 de enero de 2010, p. 40

Mientras el gobierno federal acaba de autorizar el consumo humano y animal de cinco variedades de maíz transgénico –cuatro de Monsanto–, intelectuales se sumaron al rechazo a la entrega de 28 permisos para el cultivo experimental de este grano en territorio nacional, pues estudios internacionales han documentado daños a la salud.

La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), dependiente de la Secretaría de Salud, expidió ocho autorizaciones sanitarias para la importación y comercialización de organismos genéticamente modificados para uso y consumo humano y animal, así como para procesamiento industrial, informó Agro Bio.

Los autorizados son cinco desarrollos de maíz, uno de algodón, uno de soya y uno de alfalfa. Agro Bio precisó que con la aprobación de estos productos, en total son 77 los que están permitidos para que sean consumidos en el país.

Estudios internacionales

Por su parte, Greenpeace recordó que hace unas semanas a escala internacional se dieron a conocer estudios científicos elaborados por el Comité Independiente para la Investigación e Información sobre Ingeniería Genética (Criigen) que alertaron sobre daños en hígado y riñones de mamíferos derivados del consumo de variedades de maíz transgénico.

Por ello, consideró la organización, las autoridades deben aplicar el principio precautorio, para prevenir o detener mayores efectos negativos en el ambiente, la agrobiodiversidad y la salud humana y animal.

Asimismo, rechazó que los cultivos transgénicos traigan consigo mejores condiciones para los agricultores, ya que la patente de las semillas está en manos de empresas monopólicas, como Monsanto, que detenta 90 por ciento de las semillas de este tipo en el mundo y es el promotor directo e indirecto de 28 de las 31 solicitudes de siembras experimentales de maíz transgénico en el país.

Agregó que los experimentos no favorecen la investigación pública, ya que los científicos no tienen acceso para recolectar datos, debido a que las empresas controlan gran parte de la investigación por medio de las patentes y los candados del secreto comercial.

Greenpeace refirió que a pesar de que la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) alertó a las autoridades en el estudio Origen y diversificación del maíz acerca del riesgo de contaminación que representa el transgénico para el país –centro de origen y diversidad genética del grano–, se otorgaron permisos de liberación al ambiente de variedades de este tipo.

La organización ambientalista explicó asimismo que el rechazo al cultivo experimental de maíz en México lo han expresado científicos, productores y ambientalistas, así como artistas e intelectuales, entre ellos Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis, Bruno Bichir, Julieta Egurrola, Jesusa Rodríguez, Liliana Felipe, Cecilia Suárez, Vanessa Bauche y Laura Esquivel.

http://www.jornada.unam.mx/2010/01/28/index.php?section=sociedad&article=040n1soc

¿Transgénicos en espacios naturales protegidos?

Denuncia de ecologistas
¿Transgénicos en espacios naturales protegidos?

MADRID, 26 Ene. (EUROPA PRESS) -


La organización ecologista Amigos de la Tierra ha denunciado que las compañías biotecnológicas Bayer y Monsanto han solicitado permiso al Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino (MARM) para tramitar ensayos con transgénicos "peligrosos" en municipios españoles que incluyen espacios naturales protegidos. Sin embargo, ambas multinacionales aseguraron a Europa Press que sus peticiones se ciñen a la legislación y negaron esta posibilidad.

A pesar de ello, la ONG insiste en que, "como cada año", empresas como Monsanto, Bayer, así como Pioneer, Procase o KWS, solicitan permiso al Gobierno para experimentar con organismos modificados genéticamente al aire libre y subrayan que muchos de estos experimentos se engloban en "al menos" 50 espacios naturales protegidos, "desde zonas de la Red Natura 2000 hasta Parques Nacionales como Daimiel o Doñana".

En esta línea, afirman que han hecho una "petición formal" al MARM para que facilite la localización exacta de la ubicación de los ensayos ya que apuntan que sólo "está disponible a nivel de municipio" por lo que estiman que "podrían estar situados dentro de los espacios protegidos".

Por todo esto, Amigos de la Tierra exige al ministerio "que cambie su actitud, ponga la defensa del medio ambiente y la salud pública por encima de los intereses de las multinacionales y deniegue los permisos para realizar estos ensayos".

MARM: NO HAY RECLAMACIONES

Por su parte, fuentes del MARM precisaron a Europa Press que "todas" las peticiones que existen al respecto se exponen públicamente en su página web (www.marm.es) y quedan abiertas para posibles alegaciones. Asimismo, recalcaron que "no tienen conocimiento" de que Amigos de la Tierra haya hecho alguna reclamación sobre el asunto al que hacen referencia.

Así, las mismas fuentes señalan que cualquier solicitud acarrea un proceso que pasa por un Comité Científico formado por personas "de gran renombre y prestigio" donde hay representación de las comunidades autónomas y es donde se analizan las peticiones y se estudian "todos los pros y los contras" para después aprobar "las que cumplen los requisitos necesarios que dicta la ley". Finalmente, las solicitudes pasan al Consejo Interministerial donde se vuelven a revisar.

Mientras, una de las empresas señaladas por Amigos de la Tierra, Bayer CropScience asegura que no ha llevado a cabo "ningún" ensayo de campo con algodón modificado genéticamente en espacios naturales o protegidos y que "todos" los que han desarrollado fueron autorizados por las autoridades competentes además de estar de acuerdo con la "legislación europea y española".

"Nosotros no vamos a hacer, ni haremos, ni hemos hecho ensayos en parques naturales, es totalmente imposible", indicaron, al tiempo que subrayaron que no tienen "ningún tipo de interés en hacer cosas contra el medio ambiente".

Asimismo, ante dicha acusación, Monsanto Agricultura España aclaró que el desarrollo de "todos" sus cultivos experimentales se realiza siguiendo "estrictamente" el marco regulatorio español y, "tal y como establece la normativa vigente", estos ensayos sólo se solicitan y se autorizan "exclusivamente" en aquellos lugares donde ya se cultivan variedades convencionales de la misma especie.

En España, según esta compañía, los ensayos experimentales de cultivos genéticamente modificados se vienen realizando desde 1995 "sin que se haya descrito nunca ningún efecto perjudicial para el medio ambiente o para la salud humana". En esta línea, Monsanto apuntó que su "objetivo primordial" es "la contribución a una agricultura más sostenible con el medio ambiente, a través de la conversación de los recursos naturales; con los agricultores, mejorando su calidad de vida y la productividad de sus cosechas; y con la industria, permitiendo producir más con menos y ofreciendo alimentos seguros y de calidad".


http://www.europapress.es/epsocial/medio-ambiente-00323/noticia-transgenicos-espacios-naturales-protegidos-20100126190257.html

La guerra de los transgénicos

lunes, 2 de noviembre de 2009

La guerra de los transgénicos
MÓNICA SALOMONE 01/11/2009

Es uno de los debates científico-ecológicos más acalorados: transgénicos sí o no. La guerra se presenta larga y dura. Unos los prohíben, otros apuestan por ellos. España, el país europeo donde más maíz ‘trans’ se cultiva, se ha convertido en el gran campo de batalla. ¿Qué está pasando realmente?

Llanuras del Guadalquivir, en los alrededores de Sevilla. Estamos en un pequeño campo de girasoles, organizado en varias parcelas. El polen amarillo se pega a las gotas de sudor. Alguien da unas palmadas y de entre las plantas parten piando decenas de pequeñas aves antes invisibles. Pero no es el único ruido ambiental: de algunas parcelas, cubiertas con finas redes blanquecinas, sale un zumbido constante. Abejas. Abejas obreras trabajando no sólo para su reina, sino para nosotros. Esto es un campo de producción de semillas de Monsanto, compañía líder mundial en el sector agrario y símbolo, también mundial, de la agricultura biotecnológica, la de los cultivos transgénicos, ésos sobre los que se libra desde hace más de una década una auténtica guerra social, económica y científica.

El conflicto atraviesa ahora una fase crucial. En los campos europeos sólo puede crecer un tipo de cultivo transgénico con fines comerciales: el maíz MON810. Su peculiaridad es que Monsanto le ha insertado un gen que lo convierte en venenoso para uno de los enemigos más feroces del maíz, la plaga del taladro. Después de 11 años cultivándose en Europa, el MON810 se enfrenta ahora a su renovación, o no, por parte de las autoridades europeas. La decisión es importante para España, el país europeo donde, con diferencia, más maíz transgénico se cultiva.

La guerra se plantea larga y complicada. Bando uno: los transgénicos serán esenciales para erradicar las hambrunas, aumentando el rendimiento del suelo y logrando además una agricultura sostenible. Bando dos: los transgénicos son tóxicos, destrozan las economías locales y el equilibrio ambiental. ¿Quién tiene razón? Entremos en el laberinto transgénico. Ojalá a la salida podamos decidir si tomar o no lecitina de soja transgénica.

Las abejas siguen con su trabajo: polinizar. Después Monsanto enviará las semillas a todo el planeta. A todo. Aquí nacen gran parte de las semillas de girasol, maíz y algodón que se cultivarán no sólo en Europa, sino también en otros continentes. Cuando en el hemisferio Sur es invierno, semillas de variedades sureñas viajan en avión hasta el Guadalquivir para ser multiplicadas en un clima adecuado, de forma que no se pierde tiempo y se cumple el ideal de toda gran empresa: máxima eficacia.

En otras palabras, esto de las semillas es un gran negocio global. En realidad, hoy en día casi todo lo referente a la agricultura lo es, y no sólo lo que envuelve al boom transgénico. Boom, sí, porque los cultivos transgénicos han pasado de ocupar 10 millones de hectáreas en seis países en 1997, a 125 millones de hectáreas en 25 países en 2008.

Los girasoles entre los que paseamos no son transgénicos, y sin embargo tienen mucho en común con los cultivos que sí lo son. Para empezar son, lo mismo que los transgénicos, plantas formateadas según las preferencias del agricultor y las condiciones ambientales, algo logrado tras largos años de investigación agronómica. Es decir, se parecen a un girasol salvaje tanto como un caballo de carreras a un mulo de granja. Como consecuencia, las semillas de estos girasoles están protegidas por estrictos derechos de propiedad intelectual, y por supuesto son más caras. Hay que comprarlas para cada siembra porque si se plantan las del año anterior no rinden igual, así que las semillas ni se guardan ni se intercambian con el vecino, prácticas habituales en la agricultura tradicional.

La ‘revolución verde’ fue la primera fase de la globalización de la agricultura; el proceso por el que, a lo largo del último medio siglo y en casi todo el planeta, el campo se fue tecnificando y explotando de forma intensiva. Gracias a ella, el suelo rinde mucho más, y hay más alimentos y más baratos. Pero todo tiene un precio. Una parte se paga en lo que algunos llamarían romanticismo: en esta era en que la fruta llega de los antípodas y hay naranjas todo el año, las entrañables granjitas locales del imaginario urbano quedan a años luz. Pero hay más. Los cultivos intensivos aumentan la contaminación química, la sobreexplotación de acuíferos y la salinidad del suelo. “Estas críticas [a la revolución verde] son válidas”, han escrito en la revista Science Robert E. Evenson y Douglas Gollin. Pero ¿de qué otra forma hubieran alimentado los países en desarrollo a una población en crecimiento explosivo?, se preguntan estos autores, que se basan en un informe del Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional, integrado por los 15 centros principales de investigación pública en cultivos esenciales. Para Evenson y Gollin, “no está claro” que hubiera habido alternativa a la revolución verde.

Los cultivos transgénicos vienen a ser el último capítulo de esta revolución. Un capítulo en el que las posturas sobre el modelo de agricultura a seguir chocan tan violentamente que brotan chispas. Para unos, sólo se podrá alimentar a los 8.000 millones que seremos en 2030 introduciendo los transgénicos, sobre todo teniendo en cuenta que la urbanización y el cambio climático recortarán suelo cultivable. Es más, será precisamente la biotecnología la que logre el ansiado equilibrio entre uso y preservación del medio: el control humano sobre los ecosistemas será tan perfecto que reparará incluso los daños que él mismo provoque. Los antitransgénicos, en cambio, advierten del grave riesgo de multiplicar los daños ambientales y sociales de la revolución verde, para la que sí ven alternativa: justamente, esas granjas locales.

En el primer bando, la mayoría de la comunidad científica y las organizaciones de Naciones Unidas para la alimentación y la salud (la FAO y la OMS). En el otro, las asociaciones ecologistas. ¿Y el público? El Eurobarómetro de 2005 muestra que sólo en siete países europeos, España entre ellos, los que están a favor de los transgénicos superan a los que se oponen. En cualquier caso hay matices, zonas de frontera… y sombras. Se debería poder tomar postura a la luz de datos, como cuánta comida produce cada tipo de agricultura; con qué costes; cuál es su impacto ambiental… Sin embargo, es información difícil de obtener.

La batalla de los datos. A ver, ¿se usan más o menos pesticidas y herbicidas con los transgénicos? ¿Cuánta riqueza generan, y para quién, estos cultivos? La organización ISAAA (Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas) es la más citada a la hora de contabilizar el impacto de los transgénicos, pese a que no ocupa un punto equidistante entre posturas. El ISAAA defiende “el potencial de los cultivos biotecnológicos” y entre sus fuentes de financiación está la propia Monsanto. Según sus datos, los transgénicos han rendido mucho más y a un coste relativo más bajo.

Ese ahorro se debe en gran parte a que las plantas transgénicas necesitarían menos herbicidas y pesticidas. Pero no hay acuerdo al respecto, y no sólo por parte del bando ecologista. En opinión de Pere Puigdomenech, director del Centre de Recerca en Agrigenómica (CSIC) y blanco frecuente de organizaciones antitransgénicos –o sea, nada sospechoso de tener prejuicios contra la biotecnología–, la cuestión “está bastante enredada, ya que es difícil tener datos fiables y globales”.

Las plantas transgénicas actuales son sobre todo de dos clases: resistentes a plagas y tolerantes a herbicidas. En las primeras se ha insertado un gen que produce una toxina contra la plaga del taladro, así que estas plantas sintetizan ellas mismas el veneno contra este gusano que las devora por dentro. En cambio, la ventaja de las plantas tolerantes a herbicidas casi viene a ser la opuesta: el gen extra que se les ha introducido las vuelve indemnes a los productos contra las malas hierbas, de forma que pueden ser tratadas sin temor con grandes cantidades de herbicida.

“La lógica dice que en los cultivos resistentes a insectos se van a usar menos insecticidas, y en los tolerantes a herbicidas, más herbicidas”, explica Puigdomenech. “Si lo juntamos todo se crea confusión, que quizá es lo que se desea. Lo que yo he leído es que efectivamente se reduce el uso de insecticidas cuando se utilizan plantas resistentes a insectos, y esto reduce el riesgo de intoxicaciones de agricultores; también parece haberse incrementado el uso de un herbicida en concreto, el glifosato”.

Los cultivos tolerantes a glifosato –soja, maíz, colza, algodón y alfalfa– ocupan hoy el 63% de los cultivos biotecnológicos del planeta. Es el herbicida considerado menos tóxico. Pero el aumento en su uso está haciendo que proliferen malas hierbas resistentes. El fenómeno de las resistencias es normal en todo tipo de agricultura y se da con cualquier herbicida e insecticida, pero cuando tantas cosec has dependen de un único producto, éste puede perder eficacia.

En Argentina, por ejemplo, el país que ocupa el segundo lugar mundial en cultivos transgénicos tras EE UU y por delante de Brasil, hay una maleza que se ha vuelto resistente y causa estragos en la soja transgénica: el sorgo de alepo. Rosa Binimelis, investigadora de la Universidad Autónoma de Barcelona, presenció “cómo el problema iba creciendo, cómo se usaban cada vez más y más herbicidas para combatir el sorgo de alepo, con los consiguientes costes económicos y sociales”. Ahora se busca introducir nuevos transgénicos tolerantes a más herbicidas, algo que Binimelis desaprueba: “Es matar moscas a cañonazos”.

Pero volvamos a los campos de Monsanto en Sevilla. Hemos dejado atrás los girasoles y nos acercamos al maíz. ¡Por fin, el famoso MON810! El único cultivo transgénico comercial en Europa, y cuyo permiso ahora debe renovarse. La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), la voz científica oficial al respecto, se pronunció a favor en julio; pero la decisión final no es científica sino política, y corresponde a la Comisión Europea. Deberá decidir en breve.

Las semillas europeas de MON810 se producen en la finca a unos metros de los girasoles. Aquí, entre el maíz, no hay abejas, porque es el viento el que poliniza. Arranca el polen del penacho que corona cada planta de maíz y lo transporta hasta las hebras de la mazorca, ésas que se ven como una especie de cabellera; atrapado el polen, cada hebra se convertirá en un minúsculo conducto hasta un óvulo.

“¿Ve? Son todos iguales, no es que uno tenga cuernos y el otro no… No se distinguen en nada”, explica Olivier Crassous, director de producción de la planta sevillana de semillas. Efectivamente, ni el más experto distinguiría entre un maíz no transgénico destinado a Galicia y su vecino de parcela MON810, preferido por los agricultores del Valle del Ebro. ¿Por qué esas diferencias entre agricultores? En Galicia no hay taladro; pero en el Valle del Ebro esta plaga puede partir la cosecha a la mitad. España es el país europeo donde más MON810 se cultiva: en 2008, 79.300 hectáreas frente a las 8.300 de la República Checa y 7.100 de Rumania. En Francia, Grecia, Hungría, Austria, Alemania y Luxemburgo han optado por prohibir su cultivo; Irlanda sigue por el mismo camino.

Así que estamos en el punto de mira. “España es el principal campo de batalla; todo el mundo se fija en lo que pasa aquí”, dice Binimelis. La parte positiva es que es aquí donde se han hecho los estudios más prolongados sobre coexistencia entre cultivos. Se trata de aclarar si el maíz transgénico se cruza en el campo con el convencional, un fenómeno que la propia UE, para disgusto de los investigadores en transgénicos, llama “contaminación”.

Viajamos a Girona, a la región de Foixá, con Enric Melé y Joaquima Messeguer, del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA) y autores de los estudios más importantes sobre coexistencia. Paramos entre dos campos de maíz y ellos sacan su equipo. Trituran un pedacito de hoja de maíz en un pequeño vial con un líquido, en el que sumergen algo parecido a un predictor. El dispositivo responde enseguida: sí, este maíz tiene el gen que produce la toxina contra el taladro. Estos investigadores llevan seis años haciendo esto mismo innumerables veces en las parcelas de Foixá, y han descubierto que basta una separación de unos 20 metros para que no haya cruces por encima del 0,9%, umbral establecido para etiquetar un alimento como transgénico.

¿Hay problemas de convivencia? “Nos ponemos de acuerdo para plantar de forma que la floración no coincida, y nos va bien”, dice Quim Paretas, propietario de un silo donde se secan tanto los maíces transgénicos como los convencionales, excepto el ecológico. ¿Juntos? “Claro. A los agricultores les da igual mezclarlos porque no son para consumo humano, sino para piensos. Todo el maíz se etiqueta como transgénico”. O sea: los animales comen pienso elaborado con transgénicos y etiquetado como tal, pero el consumidor no distingue la carne de un animal alimentado con transgénicos porque la etiqueta de esa carne no lo dice. Así que la pista de los transgénicos –y la posibilidad de que el consumidor los rechace– se pierde en los piensos animales.

A todo esto, ¿son los alimentos elaborados con transgénicos peligrosos para la salud, o no? Lo cierto es que, si sobre el uso de herbicidas o los efectos ambientales el debate científico continúa, en lo referido al efecto de los transgénicos sobre la salud casi no hay discrepancias. No ha habido hasta ahora trabajos científicos publicados en revistas con controles de calidad exigentes que hallen riesgos en los transgénicos hoy en el mercado. Esto, claro, puede cambiar en el futuro, y de hecho la EFSA sigue evaluando posibles nuevas pruebas.

Hay algo que molesta mucho a quienes cultivan transgénicos: que mientras que el único cultivo permitido en Europa es el maíz, sí se permite la entrada y consumo de soja transgénica. “Si podemos importar y consumir soja transgénica, ¿por qué no la podemos cultivar? Sin la soja transgénica la cabaña europea no tendría qué comer”, dice irritado Paretas. La guerra transgénica, en su opinión, se está exagerando: “Cuando digo que cultivo transgénicos me miran como si fuera un delincuente. Cuesta mucho explicarlo”. A él, el maíz transgénico le permite asegurar la cosecha. Sin más.

No en todas partes la convivencia entre agricultores es tan idílica como en Foixá. Los agricultores ecológicos españoles llevan años pidiendo un decreto que regule la separación entre cultivos transgénicos y convencionales. Hace unos meses la plataforma Som lo que sembrem presentó en el parlamento catalán 106.000 firmas en contra de los transgénicos en Cataluña.

La posibilidad de que las plantas transgénicas transfieran sus genes a otras variedades no preocupa sólo a los agricultores ecológicos. También puede convertirse en un problema a gran escala, por ejemplo si afecta a cultivos que dan de comer a cientos de millones de personas. Es el caso del arroz. Dentro de diez años China necesitará un 25% más de arroz para cubrir la demanda de su población, y ha apostado por la biotecnología: está a punto de aprobar la comercialización de arroz transgénico. Ahora bien, ¿qué pasa si este arroz transfiere a una mala hierba la tolerancia a un herbicida, por ejemplo? ¿Cómo combatir entonces esa mala hierba?

Esto se previene siguiendo unas normas básicas en los cultivos, dicen las compañías de semillas. Pero es difícil hacer respetar las reglas en países como India o China, donde la nueva tecnología aterriza sobre la agricultura local como un jumbo en una pista de avionetas. Prueba de ello fue la entrada en el mercado europeo, hace apenas dos años, de arroz transgénico ilegal chino. En Europa saltaron las alarmas sanitarias previstas, pero quedó claro que en China se cultivaban grandes extensiones de arroz transgénico antes incluso de su aprobación en el propio país.

En los laboratorios del IRTA unos platillos albergan minúsculas plantitas de arroz. No es un arroz cualquiera. A principios de esta década Melé y Messeguer participaron en un ambicioso proyecto europeo para producir un arroz resistente a insectos, que efectivamente consiguieron. “Tenía muchas ventajas”, explica Melé, pero “nunca ha salido del laboratorio”. Y es que tropezó con los estrictos requisitos legales –ensayos– que la UE impone a los transgénicos. Una normativa que, para muchos, tiene el curioso efecto de hacer el juego a las multinacionales. “Acaban siendo las únicas capaces de superar la burocracia europea”, comenta Messeguer. Paradoja: lo que los antitransgénicos ven como una barrera de contención ante el avance de las multinacionales, acaba reforzando su poder.

En cualquier caso, ¿qué peligro implica ese poder? ¿No lo tiene todo gran imperio en la economía global? Hay un riesgo: que pervierta las actuaciones de la propia comunidad científica. En 2001 el investigador Ignacio Chapela, de la Universidad de California en Berkeley (EE UU), publicó en Nature que las variedades autóctonas de maíz en México estaban contaminadas con maíz transgénico, lo que ponía en peligro la biodiversidad de esta especie. El trabajo fue criticado con una saña muy poco corriente. La periodista francesa Marie Monique Robin cuenta en su libro El mundo según Monsanto que la polémica fue espoleada por una empresa de marketing contratada por esta compañía.

Hay una crítica a los cultivos transgénicos difícil de rebatir: en sus doce años de existencia no han cumplido las expectativas respecto al mundo pobre. La tecnología se extiende cada vez a más países y no todos ricos, sí; pero ¿dónde están los cultivos resistentes a la sequía y la salinidad? ¿O los enriquecidos con nutrientes específicos? Las empresas aseguran que todo llegará. Pero “excepto algunas iniciativas aisladas, no hay programas importantes que aborden los problemas fundamentales de las personas pobres o que se centren en los cultivos y animales de los que éstas dependen”, dice el informe de la FAO Biotecnología agrícola: ¿una respuesta a las necesidades de los pobres?

Hasta ahora el avance transgénico se ha guiado más por intereses comerciales que por esa vieja promesa de combatir el hambre en el mundo. ¿Nos creemos, o no, que efectivamente son la mejor salida posible para un futuro difícil?


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http://www.elpais.com/articulo/portada/guerra/transgenicos/elpepusoceps/20091101elpepspor_9/Tes

Austria no quiere transgénicos en Europa

Austria no quiere transgénicos en Europa

algo que difiere de la postura que adoptaba en el debate de la legislación europea de transgénicos.
25-05-2009

Austria no quiere transgénicos en Europa, la Unión Europea no ha logrado que este país levantara el principio de precaución adoptado por el Gobierno austríaco frente a este tipo de alimentos, algo que también han aplicado otros países. Pero más allá de esta decisión, Austria no quiere transgénicos en Europa, algo que difiere de la postura que adoptaba en el debate de la legislación europea de transgénicos.

Recordemos que Holanda proponía que cada país decidiera sobre el cultivo, importación o consumo de productos transgénicos en su territorio, pudiendo aplicar o no libremente el principio de precaución. Austria, junto a otros países, secundaba esta propuesta, pero evidentemente se trataba de una propuesta que no maridaba con la línea de actuación de la Comisión Europea que mantenía que no era viable que cada país renacionalizara este tipo de decisiones. Entonces la CE recordaba a los países participantes en el debate que existía un marco legal aprobado hace años y que los sistemas de control sobre alimentos transgénicos eran totalmente fiables, con lo que el debate no tenía razón de ser. A pesar de ello y evidentemente por obligación, la Comisión Europea tomó nota de la sugerencia holandesa y seguramente quedó archivada.

Austria no quiere transgénicos en Europa pero no tiene potestad para decidir por los demás países, a pesar de que muchos habitantes de toda Europa estén de acuerdo con este deseo. El caso es que los partidos políticos austríacos aprovechan el deseo generalizado de la población de Austria para hacer campaña utilizando como argumento la solicitud de una Europa libre de transgénicos. Algunos productores de alimentos ecológicos del país lo tienen muy claro y no entrarán en el juego de las multinacionales dominantes del mercado de los organismos genéticamente modificados como pueden ser Monsanto, Novartis, BASF, etc. Estos productores desean mantener su independencia y que la Unión Europea deje de intentar introducir este tipo de alimentos en el país.

Nos sorprende que lo que más se destaque en las declaraciones que realizan los productores ecológicos, no sean los daños medioambientales, la falta de estudios que determinen la seguridad de los alimentos transgénicos, etc., en cambio sí se destaca el beneficio económico que obtienen las multinacionales de la biotecnología tachándolas de verdaderas mafias que pretenden patentar la vida.

En este punto sería interesante leer el post Semillas transgénicas, sus problemas y consecuencias para entender el riesgo que encierran las patentes de alimentos. También será interesante recordar las palabras de Gilles Eric Seralini, profesor de Biología Molecular y experto en organismos modificados genéticamente en el post La guerra de los cultivos transgénicos (II), el experto realizaba declaraciones impactantes en las que reconocía que las empresas biotecnológicas habían intentado sobornarle para que hablara positivamente sobre los transgénicos, con lo que la descripción de “mafia” que realizan los productores ecológicos austriacos no estaría desencaminada.

Los austríacos rechazaron los transgénicos mediante referéndum en 1997 y desde entonces existe una pugna por introducir los transgénicos en el país, la presión la ejercen la EFSA (Agencia de Seguridad Alimentaria de la Unión Europea), indicando que determinados OGMs son inofensivos y que no existe razón alguna para aplicar el principio de precaución. También presiona la Comisión Europea al indicar que alimentos como el maíz Mon 810 han sido aprobados en la Unión Europea, y por supuesto, las empresas biotecnológicas, que han movilizado a sus abogados para que los productos transgénicos sean defendidos legalmente y basándose en la aprobación europea.

La Comisión Europea ha intentado en varias ocasiones levantar el veto a los transgénicos, recordemos el post Maíz transgénico en toda Europa, José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, anunciaba reuniones para que los países que se oponían a los alimentos modificados genéticamente levantaran las cláusulas que impedían la producción de maíz transgénico. Por desgracia para la CE, hace poco Alemania prohibía el cultivo de maíz transgénico Mon 810 sumándose así al principio de precaución adoptado por otros países.

En este vídeo de Euronews, podemos conocer cuáles son las dudas de agricultores, consumidores y políticos sobre las recomendaciones de la EFSA con respecto a los alimentos transgénicos. La primera razón que se argumenta es que la EFSA saca sus conclusiones de los estudios que han sido facilitados por las empresas biotecnológicas en lugar de desarrollar sus propios estudios. Según se indica en el vídeo, la EFSA simplemente da el visto bueno a estos estudios previa verificación de los datos aportados. También se destaca que la EFSA no posee un laboratorio para realizar el seguimiento correspondiente (algo difícil de creer).

Por otro lado, en el vídeo podemos conocer también la postura contraria, algunos expertos del país indican que es necesario introducir los transgénicos para superar la creciente demanda de alimentos y poder soportar los cambios medioambientales que estamos sufriendo. Se asegura que los OGMs son una solución efectiva y que los detractores de los alimentos transgénicos no hacen más que fomentar miedos sin fundamentos frenando así una solución efectiva y precisa.

Austria quiere seguir sin alimentos transgénicos y no se concibe que otros países puedan decidir por el país en esta cuestión. Sin OGMs, ese es el mensaje que se lanza desde todas las fuerzas políticas a la población austríaca. Nuestra conclusión se conjuga con la solicitud holandesa que referenciábamos al principio, que cada país sea libre de decidir sobre esta cuestión, no se puede otorgar toda la soberanía de decisiones a la Unión Europea, es como si desapareciera la identidad. Es difícil que Europa pueda hablar con una sola voz dada la variedad de opiniones e intereses que giran en torno a los OGM, evidentemente si hablamos del aspecto económico y la competitividad, sería algo necesario, pero estamos hablando de un conflicto de intereses también saludables.

Austria quiere lo mismo que quieren quienes apoyan los alimentos transgénicos, una postura unida a nivel europeo, pero tampoco debería ser aceptada a pesar de que muchos la veamos como loable, ya que es necesario respetar la decisión de cada país por mucho que nos pese.

(Fuente: Gastronomiaycia)


http://www.generaccion.com/noticias/noticias/des.php?id=6432

Distrito Federal de México libre de maíz transgénico

Distrito Federal de México libre de maíz transgénico
viernes, 30 de octubre de 2009

30 de octubre de 2009, 11:23México, 30 oct (PL) El gobierno del Distrito Federal de México impedirá en su territorio el cultivo de maíz transgénico, que tanta polémica genera por estos días, reseñó hoy La Jornada.

Según declaraciones del jefe de esta entidad, Marcelo Ebrad, se trata de una política distinta a la que se sigue en el ámbito nacional, donde se han aprobado ya el desarrollo de 15 cultivos de este tipo.

Al presentar la víspera el Programa de Protección a las Razas de Maíz Nativo, Ebrad remarcó que México debe adoptar una política sensata, responsable, de protección y de freno a la proliferación de transgénicos.

En ese ámbito destacó la inconveniencia de que se extienda en el país este tipo de cultivos, especialmente en el caso del maíz, y del alto costo que esto traerá en términos de cultura, economía, agricultura y bioseguridad.

La ciudad de México produce tres mil toneladas de maíz cada año, principalmente para el consumo de su población rural.

Por ello, el jefe capitalino ratificó el compromiso de su administración de apoyar todos los esfuerzos que se hagan en favor de la protección de las razas nativas del altiplano mexicano.

El pasado 22 de octubre, la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación de México (Sagarpa) aprobó 13 cultivos adicionales a los dos ya previstos.

La empresa estadounidense Monsanto Comercial obtuvo nueve concesiones, y las seis restantes fueron para Dow AgroScience/PHI México.

Los cultivos experimentales deben desarrollarse en campos de Sinaloa, Chihuahua, Sonora y Tamaulipas.

La decisión del gobierno federal de autorizar las cosechas de maíz transgénico genera fuerte polémica entre académicos y ambientalistas por el efecto que esto tendrá en variedades nativas.

lma/ggr

http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=133327&Itemid=1

El cultivo de maíz transgénico experimental desata una polémica en México

El cultivo de maíz transgénico experimental desata una polémica en México
Por Sophie Nicholson (AFP) – hace 3 días

MÉXICO — Mientras los científicos advierten de la necesidad de incrementar la producción de alimentos en el mundo, inclusive a través de transgénicos, en México, la cuna del maíz, se ha desatado una polémica por el cultivo de variedades de este grano genéticamente modificadas.

La manipulación genética del maíz, sagrado en la cosmogonía azteca al ser visto como el origen del hombre y base de la alimentación de los mexicanos, es un tema muy delicado en este país, donde se tienen registradas más de 50 especies endémicas del grano, incluidas roja y azul.

En días pasados, el Gobierno mexicano autorizó los 22 primeros permisos para que firmas como Monsanto, Dow AgroSciences y Pioneer realicen pruebas experimentales de maíz transgénico en granjas del norte y oeste de México.

Los críticos de los transgénicos temen que la amplia variedad de maíz mexicano se vea reducida a unos cuantos y resistentes granos genéticamente modificados, lo que además de amenazar las especies endémicas pondría en riesgo la subsistencia de cientos de miles de campesinos.

México es el primer productor mundial de maíz blanco, utilizado para elaborar las famosas tortillas, pero las importaciones de grano amarillo de Estados Unidos, destinado principalmente como alimento de ganado, se han multiplicado.

Las autorizaciones para el cultivo experimental de maíz transgénico son presentadas por el Gobierno como un esfuerzo para que México recupere su autosuficiencia alimentaria y así mantener los precios bajos.

El precio del maíz se duplicó en 2007, lo que provocó numerosas protestas ante los incrementos al kilo de tortillas, presente en todas las comidas de los hogares mexicanos.

"Ningún país debe de ser dependiente de su alimentación de otros países. Esta biodiversidad que tenemos en el maíz se puede aprovechar y parte del aprovechamiento también puede ser a través de esta tecnología", dijo a AFP Ariel Álvarez, titular de la gubernamental Comisión de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados (Cibiogem).

Estados Unidos, China e India cultivan transgénicos, en Europa seis países los han prohibido y los detractores señalan que estos organismos, que también incluyen soja y algodón, representan una amenaza a la salud y al medio ambiente.

La organización ecologista Greenpeace mantiene una campaña para proteger el maíz mexicano después de que en la década de los 90 se localizaron restos de granos transgénicos en variedades endémicas pese a que en la época había una moratoria a los cultivos.

Las autorizaciones de cultivo experimental se realizarán en 10 hectáreas de Estados fronterizos del norte, en distritos del oeste y en Sinaloa, y si bien el Gobierno asegura que se han adoptado medidas para evitar que contaminen plantíos endémicos, Greenpeace advierte de que están en riesgo 31 variedades.

"La intención final no es experimentar. La intención es abrir la puerta para este tipo de siembras que únicamente van a beneficiar a las empresas", dijo a AFP Aleira Lara, activista de Greenpeace.

En Texcoco, localidad ubicada en el límite norte de la Ciudad de México, un enorme banco de maíz alberga a temperatura helada gran parte del tesoro mexicano, compuesto de granos de disintos colores, formas y tamaños, para sumar más de 27.000 muestras de todo el continente americano.

"Es una bodega de potenciales genes para futuros cultivos y así enfrentar los problemas que se presenten. Por ejemplo, para enfrentar el cambio climático", dice el experto en maíz Kevin Pixley, del Centro Internacional de Mejora de Maíz y Trigo (CIMMYT), administradora del banco.

Los expertos del CIMMYT también asesoran sobre técnicas de cultivo para enfrentar problemas como la severa sequía que se presentó este verano boreal.

"Si el mantener la diversidad en un campo significa que persiste la pobreza de campesinos que cultivan variedades muy inferiores, creo que sí es un asunto muy cuestionable", comentó Pixley.


http://www.google.com/hostednews/afp/article/ALeqM5i51I2Eicfd9N2ZrxmY0QMe8inOaA

«Empezaron mis padres cuando la agricultura sólo se llamaba agricultura»

lunes, 12 de octubre de 2009

«Empezaron mis padres cuando la agricultura sólo se llamaba agricultura»

11.10.09 - A. G. ZAMORA

La cooperativa Crica, dedicada a la elaboración de productos lácteos, recibió el premio a la mejor empresa elaboradora de Castilla y León. Sus portavoces, los hermanos Julio César y Alfonso Criado Catalina, expusieron, al igual que su antecesora en el premio, su decidido rechazo a los cultivos transgénicos. «Es mentira que con los cultivos transgénicos se vaya a acabar con el hambre en el mundo, ni siquiera incrementar la venta del producto de nuestro trabajo; pero, cuidado, porque sí acabarán con la agricultura y la ganadería y y con la naturaleza si nos dejamos; no consumáis productos transgénicos, pidió, Julio César Criado.
En su intervención, ambos se emocionaron al explicar el origen de la cooperativa familiar que ahora dirigen ellos, pero cuya actividad empezaron sus padres hace 45 años, «cuando la agricultura ecológica no se llamaba así, se llamaba sólo agricultura».
Los responsables de la cooperativa familiar agradecieron la labor de quienes apuestan por este tipo de producción, desde los agentes sociales, grupos de consumidores, organizaciones agrarias (en su caso, la Unión de Campesinos de Castilla y León, a la que pertenecen), el Consejo de Agricultura Ecológica, y quisieron compartir el premio con los productores y elaboradores ecológicos, «porque somos compañeros y no competidores», y con los propios consumidores, «que con su confianza en este modelo de producción hacen posible nuestra existencia; no os defraudaremos», prometió Julio César Criado.
Su explotación, ubicada en la localidad vallisoletana de Mejeces, se enfrenta, en primer lugar, con la dificultad del clima continental extremo de la Tierra de Pinares, y otra dificultad es la comercialización, según indican.
Mantienen una veintena de vacas de ordeño, de las razas parda alpina y frisona y producen unos cuatrocientos litros diarios de leche en crudo, que venden pasteurizada, envasada en botella de vidrio que recuperan. Además elaboran yogur, queso.

http://www.nortecastilla.es/20091011/zamora/empezaron-padres-cuando-agricultura-20091011.html

En los laboratorios del CIB, en Medellín, está lista la semilla que salvaría de la ruina a los agricultores

miércoles, 30 de septiembre de 2009

En los laboratorios del CIB, en Medellín, está lista la semilla que salvaría de la ruina a los agricultores


La primera variedad de papa transgénica en el mercado local, resistente al ataque de la polilla guatemalteca (Tecia solanivora), será el resultado de una investigación hecha en Colombia totalmente.

De esto están encargados los grupos de biotecnología vegetal de la Universidad Nacional, sedes Bogotá y Medellín, la Corporación para Investigaciones Biológicas (CIB) y un grupo de profesionales de Corpoíca, del Centro Internacional de la Papa (CIP) y de Fedepapa.

Además la iniciativa cuenta con una financiación de 1.900 millones de pesos del Ministerio de Agricultura y un aporte de la Secretaría de Agricultura de Antioquia en la construcción de un invernadero de bioseguridad.

Así, con la modificación genética de la papa, se espera solucionar un problema que ha generado tanto o más controversia que los transgénicos mismos: el uso indiscriminado de plaguicidas, que han ocasionado resistencia de la plaga a estos insumos, la destrucción de sus enemigos naturales y la presencia de residuos químicos en el alimento, en los campos de cultivo y en las fuentes de agua.

Hoy, luego de diez años de investigaciones y pruebas de todo tipo en los laboratorios del CIB, la papa transgénica está lista para pruebas de campo y solo falta el visto bueno a una solicitud hecha al Comité Técnico Nacional de Bioseguridad (CTN).

Una vez este dé el aval, se sembrará en un invernadero construido para este fin y se someterá durante un año a todo tipo de pruebas con el fin de garantizar su efectividad -la resistencia a la plaga- y la inocuidad para el medio ambiente, es decir, la imposibilidad de que su polen llegue a otras especies nativas de papa, que se afecten la fauna y la flora local, entre otros aspectos.

Luego, se sembraría en algunos lotes, 'a cielo abierto' , en las instalaciones de Corpoíca, para someterla a otras pruebas similares a las descritas.

Posterior a los resultados exitosos que esperan los investigadores, se iniciaría otra etapa, esta vez, al aval para consumo humano por parte del Ministerio de la Protección Social.

Superado lo anterior, Colombia tendrá disponible semillas de papa genéticamente modificada o transgénica, resistentes al ataque de la polilla guatemalteca, plaga que llegará a su fin y por la que se han invertido varios miles de millones de pesos en erradicarla. Estos recursos, aún no cuantificados, han provenido del Gobierno, las instituciones dedicadas al agro, las empresas que comercializan insumos para su prevención y control y los propios agricultores.

Cuatro fases de trabajo

Según Diego Villanueva y Fernando Ángel, investigadores del CIB, con sede en Medellín, las variedades escogidas para hacerles modificación genética son las conocidas como Diacol Capiro (R12) y parda pastusa, dos de las más sembradas en Colombia; recientemente comenzaron a trabajar con la pastusa Suprema, nueva en el mercado.

De este modo, el proyecto de modificación genética de plantas de papa, liderado por el CIB de Medellín, implica cuatro fases de trabajo.

Una primera fue la caracterización molecular en el laboratorio, las pruebas de invernadero y las de campo abiertas, ya descritas. En segundo lugar, una evaluación de la diversidad de papa silvestre en Colombia, con el fin de determinar el posible riesgo de flujos de genes a través del polen.

JUAN CARLOS DOMÍNGUEZ / REDACCIÓN DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS


http://www.portafolio.com.co/negocios/agronegocios/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_PORTA-6206750.html

El príncipe de Gales culpa a los transgénicos de los suicidios en la India

lunes, 24 de agosto de 2009

El príncipe de Gales culpa a los transgénicos de los suicidios en la India
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EFE
Publicado Lunes, 06-10-08 a las 10:25
El endeudamiento resultante del cultivo de transgénicos y la falta de los resultados esperados han llevado a algunos agricultores indios al suicidio, según el príncipe de Gales.
En una intervención a favor de los métodos agrícolas tradicionales, de la que informa hoy "The Daily Telegraph", el heredero del trono británico dijo que esos agricultores indios se quitan la vida al endeudarse por esa causa.
En su discurso, transmitido por vídeo al grupo ecologista indio Navdanya, Carlos de Inglaterra se mostró a favor de restablecer el equilibrio necesario para la supervivencia humana en el planeta.
El príncipe de Gales se refirió al "número horrible de suicidios de pequeños agricultores en la India debidos parcialmente al fracaso de las variedades de cosechas transgénicas".
Aunque los suicidios se produjeron antes de la introducción de las cosechas transgénicas en ese país, algunos ecologistas creen que los agricultores se vieron forzados a comprar las nuevas semillas, que no sólo son más caras, sino que además no produjeron cosechas significativas.
Las empresas multinacionales que han patentado y comercializan esas semillas niegan, sin embargo, esa relación.
El príncipe de Gales, que es un ferviente partidario de la llamada agricultura orgánica o biológica, responsabiliza a los cultivos transgénicos del desastre medioambiental que, según él, se divisa ya en el horizonte.

http://www.abc.es/20081006/gente-casas-reales-europa/principe-gales-culpa-transgenicos-200810061024.html

El maíz transgénico: Una amenaza al patrimonio genético del país y a la soberanía alimentaria

sábado, 22 de agosto de 2009

Revista No. 22/23

Hechos Nacionales

El maíz transgénico: Una amenaza al patrimonio genético del país y a la soberanía alimentaria

* Grupo Semillas: Tel (1) 2855728 | Colombia | 01/19/2005 | Este artículo ha sido leído 8381 veces

En países tropicales con alta diversidad de maíz como Colombia, existen mayores riesgos y amenazas que en países del Norte respecto a la introducción de maíz transgénico. Son evidentes las repercusiones y los impactos que estos cultivos y alimentos modificados genéticamente pueden generar. A continuación, se muestran algunas posibles implicaciones que tendría la introducción del maíz transgénico en los agroecosistemas de Colombia.

Impactos ambientales del maíz transgénico

    · Contaminación genética de las razas del maíz criollo de Colombia


El maíz es una planta de polinización cruzada. El polen es viable 24 horas y es dispersado por el viento y los animales. Una planta de maíz libera14 a 50 millones de granos de polen. Varios estudios realizados sobre la distancia a la cual el polen de maíz es transportado por el viento muestran que con vientos lentos a moderados se presenta alta concentración de polen a 1m de la fuente. 2% llega a 60m; 1,1% a 200m, 0,5% a 500m y 0,2 % a 800m. Si es transportado por insectos: el polen viaja varios kilómetros. Con vientos fuertes el polen puede viajar hasta a 180km (J. Embarling Soil Association, 1999). La Agencia Europea de Medio Ambiente, 2002, considera que el maíz tiene «riesgo medio a alto» para transferencia de genes hacia otras plantas de la misma especie. Adicionalmente el Instituto Tecnológico de Gestión Agraria de Navarra (España), encontró dispersión de polen de maíz a distancias por lo menos de 500m. Un estudio de la Unidad Nacional de Investigación sobre polen del Reino Unido, 2000, señaló que el porcentaje de flujo de polen y cruzamiento de maíz que se presenta a una distancia de 600m es de 0,8% y a 800m de 0.2%.

Estos datos evidencian el peligro real que existe de que el polen del maíz transgénico pueda contaminar variedades nativas de los centros de origen, como se presentó en México. También la contaminación de las variedades locales y convencionales de países como Colombia, que son centros de diversidad del maíz, como es el caso de Colombia.

Para el caso de México, Varios análisis han mostrado que gran parte de las semillas nativas de las comunidades indígenas y campesinas están contaminadas con maíz transgénico importado de Estados Unidos. Esta situación ha generado una fuerte movilización y rechazo por parte de las organizaciones de México, mediante campañas y acciones en defensa de la «cultura» del maíz.

Colombia presenta gran diversidad de maíces nativos, de los que se han referenciado cientos de variedades pertenecientes a 23 razas, especialmente en la región Caribe y en la región Andina, que son las áreas donde las comunidades indígenas y campesinas las han conservado y manejado (por ejemplo: maíz azulito, cariaco, negrito, piedrita, ojo de gallo, diente caballo, clavito, montañero, puya y chamí, entre otros.) Estos maíces han sido la base fundamental para la soberanía alimentaria, especialmente de las poblaciones rurales. Uno de los principales peligros que tendría introducir maíz transgénico en Colombia, es que los genes modificados genéticamente, se transfieran hacia las variedades criollas y las contaminen, perdiéndose así las características originarias de este importante patrimonio genético del país.

El maíz RoundUp Ready (RR) ha sido modificado genéticamente para expresar tolerancia al herbicida glifosato de Monsanto. Una de las mayores preocupaciones de liberar este maíz en Colombia, es la transferencia de los genes que dan esta característica de resistencia, hacia los maíces criollos o hacia las malezas de gramíneas cercanas a esta especie, lo que podría generar nuevas malezas resistentes a herbicidas. Sería casi imposible impedir que esta situación se presente, tanto por condiciones ambientales o por el uso, manejo e intercambio del maíz que realizan las poblaciones rurales. Una vez el maíz transgénico circule libremente dentro del país, bien sea vía alimentos importados o a través de cultivos comerciales, no es posible realizar un control que evite el ingreso de este tipo de maíz a las diferentes regiones y comunidades en las cuales se siembra maíz e inevitablemente, tarde o temprano sus variedades criollas serán contaminadas.

El maíz Bt es una variedad a la cual se le ha introducido genes de una bacteria del suelo llamada Bacillus thuringiensis. Esta bacteria produce una toxina que controla algunos insectos plaga de la familia Lepidóptera. Cuando se libera comercialmente un cultivo de maíz Bt en un país como Colombia, podrían ocurrir varios eventos, entre los que podremos enumerar: las plagas podrían adquirir la resistencia a la toxina Bt, debido a la exposición permanente a la toxina (durante todo el ciclo de cultivo). Esto ya ha ocurrido en la agricultura convencional debido al abuso de insecticidas, problema que podría agudizarse con el uso masivo de los cultivos Bt.


La toxina Bt, en las condiciones de un cultivo transgénico se encuentra permanentemente en la planta. Esto quiere decir que la planta se convierte en un bioplaguicida, que se produce durante todo el ciclo del cultivo y en una mayor concentración que cuando dicha toxina es aplicada de forma asperjada. Además, estamos hablando de la capacidad que tiene la toxina de autoreproducirse dentro de un ser vivo que se transmite de una generación a la siguiente. Por lo anterior, las autoridades competentes en materia de bioseguridad, tanto en Estados Unidos como en Europa, requieren una evaluación mucho más estricta para los cultivos Bt con respecto a otro tipo de cultivos transgénicos.


Otro evento que podría ocurrir con un cultivo Bt es que al controlar una plaga primaria, las plagas secundarias que no son controladas por la toxina del cultivo se conviertan en plagas principales. Esto ocasionaría que se tenga que utilizar mayor cantidad de insecticidas para su control, situación ya ocurrida en la China con el cultivo de algodón Bt luego de 5 años de cultivo y evaluación, entre 1997 a 2001 (Xue, 2002).


Además, las toxinas que producen estas plantas, pueden afectar a los insectos benéficos que ayudan al control de plagas en los cultivos. En Suiza, un experimento con larvas de Crisopa carnea reveló que la mortalidad de éstas se duplicó cuando consumieron larvas de taladradores alimentados con maíz Bt de Novartis (Environmental Entomology, Vol 27 Nº2). En el Reino Unido, en un estudio con coccinélidos, que son controladores de plagas, se encontró que fueron afectados por la toxina Cry 1Ab en maíz Bt (Entomology scl Vol 36 Nº2). Adicionalmente, pueden existir impactos sobre los microorganismos del suelo a partir de los residuos de cosecha y exudados en el suelo de los cultivos Bt. En el mundo, no se han realizado estudios suficientes que evalúen estos posibles efectos y su impacto en los ecosistemas (Deepak, 1999). Un estudio realizado en la Universidad de Nueva York encontró que la toxina Bt permanece activa en el suelo hasta 234 días (Soil biology and biochemistry, 1998 Vol 30 Nº4). Igualmente en Estados Unidos un estudio llevado a cabo por Koskella, J., y Stotzki G., 1997 en applied Microbiology, demostró que la toxina Bt tiene efectos tóxicos en la lombriz Lumbricus terrestres.

Incremento en el consumo de agroquímicos

La industria promueve los cultivos transgénicos como «más productivos y rentables». Argumenta que estos cultivos van a disminuir significativamente el consumo de plaguicidas y herbicidas. Sin embargo, luego de un tiempo, especialmente a mediano y a largo plazo, en los cultivos Bt las plagas empiezan a desarrollar resistencia a la toxina, lo que obligaría a los agricultores a volver a depender de los plaguicidas que son producidos por las misma empresas que desarrollaron estas tecnologías. Adicionalmente, los cultivos Bt sólo controlan algunas plagas específicas, pero en muchos casos no controlan otras plagas que son importantes en los cultivos, lo cual obliga a los agricultores a aplicar altos volúmenes de insecticidas para su control.

Para el caso de cultivos resistentes a herbicidas (RR), tanto en Estados Unidos como en Argentina, la siembra masiva de cultivos de soya RR ha aumentado fuertemente el consumo de Glifosato. Por ejemplo, en Argentina se pasó de aplicar un millón de litros de glifosato en 1990 a 120 millones en 2003; la mayoría utilizados en el cultivo de soya RR (Pengue, 2003).

Otro argumento de la industria a favor de la rentabilidad de estos cultivos es que los agricultores ahorrarían dinero al no tener que utilizar pesticidas; pero la empresa dueña de esta tecnología obliga a los agricultores a pagar las regalías por el uso de dicha tecnología. De manera que lo que ahorraría el agricultor en la aplicación de plaguicidas, se lo cobraría la empresa por el uso de esta tecnología, a través de un rígido contrato que debe firmar el agricultor con la empresa.

¿Cómo se podría afectar la salud humana y animal?

Una de las mayores preocupaciones con respecto a los alimentos transgénicos, son los efectos desconocidos que pueden generar sobre la salud. El problema para Colombia es que el maíz es utilizado principalmente como fuente fundamental de alimentación humana, a diferencia de Europa y EEUU. En estos países la mayor parte del maíz se utiliza para la alimentación de animales y para elaborar productos industriales. Razón por la cual en dichos países, las evaluaciones de riesgos sobre la salud humana son realizadas bajo parámetros que se ajustan a sus necesidades y prioridades. Para el caso de Colombia y de países ubicados en otras condiciones ambientales y contextos sociales y donde además existe una limitada capacidad de control de nuestras autoridades competentes, es inaceptable que se extrapolen conclusiones de bioseguridad obtenidas en los países del norte, para un producto transgénico específico.

En el caso del maíz transgénico, la preocupación con respecto a los efectos sobre la salud, radica principalmente en su construcción. En el proceso de la transgénesis se utilizan genes promotores y vectores que provienen de segmentos de virus y de bacterias. No se han realizado suficientes estudios que permitan conocer los posibles efectos sobre la salud humana del consumo de los alimentos que contienen estos genes provenientes de microorganismos.

Adicionalmente, en la construcción de plantas transgénicas no todas las células a las cuales se les insertan los nuevos genes son transformadas, puesto que se realiza mediante un procedimiento al azar. Es por ello que en el proceso es necesario utilizar genes «marcadores» que sirven para identificar los casos exitosos. El problema radica en que los cultivos transgénicos que se comercializan masivamente en el mercado poseen genes marcadores que generan resistencia a antibióticos. Estos quedan como desechos en las planta y en los alimentos y existe la probabilidad de que se transfiera la resistencia a antibióticos al organismo que los consume, vía flora intestinal, lo que generaría un problema grave de salud pública, puesto que cuando se necesiten estos antibióticos ya no funcionarían (Ho, 2003). Teniendo en cuenta los cuestionamientos mencionados, la British Medical Association le solicitó a la Unión Europea prohibir el uso de genes de resistencia de antibióticos en la construcción de transgénicos a partir de diciembre de 2004.

En realidad no se han realizado en el mundo estudios completos, sistemáticos, con rigor científico, e independientes, sobre los riegos en la salud de los organismos transgénicos. Existen algunos estudios independientes en Estados Unidos y en Europa, que han llevado a concluir que estos genes extraños podrían generar problemas como alergias, desequilibrios en el sistema inmunológico y mayor susceptibilidad a adquirir enfermedades, tanto en las personas como en los animales. Varios estudios han mostrado que las toxinas Bt pueden ser alergénicos reales y potenciales para los seres humanos. La prototoxina Cry 1Ac es un inmunógeno sistémico y de las mucosas (Vázquez – Padrón, et al, 1999). También se encontró que una cepa de Bt causó muerte de ratones en ocho horas (Hernández et. al, 1999) y en otros experimentos con ratones se encontró que la toxina Bt lesiones en el íleo parte del intestino (Delgado Cummins & Ho, 2001).

Sin embargo, estos efectos son difíciles de predecir y de evaluar. Por un lado por que la población está consumiendo estos alimentos sin que se realice un seguimiento de sus efectos a través del tiempo; por otro lado, a la industria no le interesa invertir en capacidad técnica o económica para llevar a cabo este tipo de estudios, además la mayoría de los gobiernos no se encuentran en capacidad técnica de realizarlos ni están dispuestos a llevarlos a cabo.

Debido a que la industria no está asumiendo las evaluaciones de riesgos ni las consecuencias de los posibles daños generados, diferentes sectores de la sociedad civil de todo el mundo han planteado serios cuestionamientos. En la evaluación de riesgos de los organismos transgénicos se ha invertido la carga de la prueba; es decir que quienes tienen que demostrar que estos organismos no son seguros son los consumidores. Esta situación es bastante crítica y agravada por el aval de los gobiernos para eximir a la industria de esta responsabilidad.

Para el caso de Colombia, es preocupante que el país está importando la mayor parte del maíz para el consumo nacional, sin ejercer ninguna medida de etiquetado o segregación de estos productos. No existe una norma para evaluar la seguridad e inocuidad de los alimentos transgénicos. Adicionalmente, en las solicitudes y evaluaciones de riesgos que se están tramitando ante el Consejo Técnico de Bioseguridad del Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, no se considera ningún tipo de evaluaciones de posibles efectos sobre la salud humana y animal de estos cultivos y alimentos.

Para el contexto de Colombia es especialmente importante analizar los impactos socioeconómicos que generaría la introducción de maíz transgénico. Debido a que estos cultivos fueron creados para las condiciones ambientales y socioeconómicas de los países del norte, introducirlos en nuestros países presenta impactos negativos en los sistemas productivos, especialmente en los sistemas de los pequeños agricultores. Estas tecnologías son propiedad de unas pocas empresas transnacionales y las semillas están controladas y protegidas por patentes. Lo cual priva totalmente a los agricultores del control de sus semillas y genera una dependencia a todo el paquete tecnológico (semillas, agroquímicos y mercado) propiedad de las empresas.

Adicionalmente, estas tecnologías están diseñadas para ser aplicadas en grandes extensiones de monocultivos altamente mecanizados, «agricultura sin gente», tal como ha ocurrido en Estados Unidos y en Argentina. Para el caso de Argentina, se ha generado una concentración de la tierra en pocas manos y un desplazamiento masivo de la población rural hacia los cinturones de miseria de las ciudades. Esto ha causado un colapso en la agricultura campesina y graves problemas de seguridad alimentaria. Este sería el espejo más cercano de lo que sucedería en Colombia al adoptar este modelo. ¿Será que necesitamos una agricultura que promueva un desplazamiento mayor al que ya ha generado la guerra?

    · Pérdida de la diversidad agrícola y de la soberanía alimentaria

Una consecuencia adicional que se podría generar con la introducción de cultivos de maíz transgénico en Colombia, es que los agricultores abandonen sus variedades nativas, ante el supuesto argumento de mayor productividad y rentabilidad que ofrecen estos cultivos. Situación que generaría una fuerte pérdida de las semillas criollas y también la pérdida del control de las semillas por parte de los agricultores, causada por exclusión competitiva, tal como ocurrió con las semillas de la revolución verde; y la consecuente entrega de la soberanía alimentaria de nuestros países a las transnacionales.

    · El problema del mercado

Otro problema relacionado con la contaminación genética de las variedades nativas, es que los agricultores orgánicos perderían su estatus de orgánicos y sus variedades serían rechazadas en el mercado alternativo. Adicionalmente las mismas empresas que producen los transgénicos, pretenden ahora apoderarse de la certificación de semillas orgánicas. Esto generaría que los agricultores orgánicos ahora tendrían que pagar para que los certifiquen como tal.

Algunos países y regiones exportadoras de soya y maíz que han logrado mantenerse libres de transgénicos, han obtenido mayor demanda y mejores precios en el mercado internacional, especialmente en Europa. Sin embargo, en la medida en que se pierda la garantía de su seguridad, vía contaminación (como le ha ocurrido a Brasil con la soya RR) o porque los países liberan comercialmente estos cultivos, se pierden estas preferencias en el mercado.

    · El contaminado es quien paga

Uno de los aspectos sociales más críticos relacionados con la contaminación genética, es que los agricultores que tienen cultivos no transgénicos, sean contaminados. Podrían ser demandados por las empresas «dueñas» de estas semillas, las cuales están protegidas por fuertes sistemas de patentes. Las leyes actuales están diseñadas para que los agricultores que tengan involuntariamente estas semillas en sus parcelas, puedan ser demandados por la empresa dueña de esta tecnología y tengan que pagar por «el robo» de los derechos de propiedad de éstas e incluso podrían ir a la cárcel. Esto ya le sucedió a un agricultor canadiense de canola.

Para el caso de Colombia, esta situación sería dramática porque el maíz transgénico que se pretende introducir, se establecería en las zonas de mayor producción de maíz, especialmente en la región Caribe y en las zonas de producción agroindustrial de Tolima, Valle del Cauca y el piedemonte llanero. El problema sería que alrededor de estos cultivos están asentadas numerosas poblaciones locales que tienen al maíz como uno de sus cultivos fundamentales y conservan sus variedades criollas. Por ello, inevitablemente sus parcelas serían contaminadas y estarían sujetos a que las empresas dueñas de estos maíces puedan demandarlos por el uso ilegal de sus tecnologías.

Con el TLC los transgénicos no se podrían controlar

En Colombia esta situación llegaría al límite de lo increíble, especialmente si se firma el Tratado de Libre Comercio, TLC, que algunos países andinos pretenden suscribir próximamente con Estados Unidos. Dentro de las cláusulas que Estados Unidos considera no negociable, se encuentra la adopción de normas sobre propiedad intelectual, que incluyan patentes sin límites y sin exclusiones. Esta situación, le permitiría a las transnacionales el control de todo tipo de recursos genéticos y de las tecnologías asociadas a ellos. El TLC también obligaría a que los países firmantes no puedan oponerse a la introducción de organismos transgénicos e incluso no podrían hacer monitoreo de éstos en el territorio Nacional. Es decir, el Protocolo de Cartagena y la débil norma nacional de bioseguridad se convertirían en piezas de museo. Además el TLC sería la estocada final del sector agropecuario del país y especialmente para los pequeños agricultores, porque sería totalmente insostenible competir con la invasión de productos de Estados Unidos altamente subsidiados. Luego de firmar el TLC, en Colombia va a pasar exactamente lo mismo que pasó en México con el maíz una vez suscribió el TLC. México ha sido obligado a importar masivamente este cereal de Estados Unidos, haciendo colapsar la producción de los pequeños productores nacionales (GRAIN, 2004).

Conclusión

La información presentada en este documento evidencia los enormes riesgos e impactos que se generarían en Colombia con la introducción de cultivos, alimentos y productos derivados de maíz transgénico, especialmente los efectos ambientales, socio-económicos, sobre la salud y en general sobre la soberanía alimentaria del país.

Colombia, es uno de los países que posee mayor diversidad de maíz, tanto en la variabilidad genética como en la expresión cultural alrededor de su cultivo. Es por ello que si el gobierno toma la decisión de introducir maíz transgénico al país, esta enorme diversidad tendría un alto riesgo de contaminación genética. Además, se debe tener en cuenta que el país no cuenta con la suficiente capacidad técnica y científica en materia de bioseguridad. Tampoco existe una adecuada y fuerte normatividad jurídica que permita garantizar el uso seguro de estas tecnologías.

La cantidad de evidencias científicas que se han presentado en diferentes regiones del mundo, han mostrado los efectos perjudiciales de estas tecnologías tanto en el ámbito ambiental, tecnológico, productivo y socioeconómico como en la salud. Deberían ser suficientes argumentos para que el gobierno de Colombia, declare al territorio nacional «libre de transgénicos», basado en la aplicación del Principio de Precaución. Especialmente, se deberían tomar medidas para proteger al maíz, tanto por ser un patrimonio genético importante del país, como por ser uno de los cultivos fundamentales de la mayoría de los agricultores.

Diferentes sectores de la sociedad, incluyendo a las comunidades indígenas, negras y campesinas como también al movimiento ambientalista y las organizaciones sociales que promueven los sistemas de producción sostenibles con enfoque agroecológico, tienen una posición crítica sobre los cultivos y alimentos transgénicos y su trabajo está orientado en gran medida hacia una agricultura y alimentación libre de transgénicos. Es así como desde los diferentes sectores sociales se están promoviendo campañas y acciones que han permitido la sensibilización y la difusión de información sobre este tema hacia la población rural, los consumidores y los académicos. De otra parte, se están adelantando acciones judiciales que buscan que el gobierno nacional adopte las medidas de control y de seguridad por el uso de estas tecnologías. También han buscado que en el país, la toma de decisiones concerniente a los productos transgénicos tenga en cuenta a todos los sectores de la sociedad que están involucrados.

Para lograr el objetivo planteado por los diversos movimientos sociales que quisieran que Colombia sea un país «libre de transgénicos», se debería adoptar la combinación de múltiples estrategias que permitan el acceso a información veraz y completa sobre los cultivos y alimentos transgénicos, de tal forma que los ciudadanos tengan elementos suficientes para decidir libremente sobre si aceptan o no estas tecnologías y productos.

Para el caso del maíz, las organizaciones indígenas Zenú, que hacen parte del resguardo de San Andrés de Sotavento, ubicadas en los departamentos de Córdoba y Sucre, quienes poseen una de las culturas más importantes alrededor del maíz en el país (ver «Los maíces criollos y la soberanía alimentaria en la región Caribe, RECAR»). Estas organizaciones frente a la fuerte amenaza que representa el maíz transgénico para su cultura y sus sistemas productivos, han decidido promover una campaña en defensa del maíz, la cual se fundamenta en aspectos como:

    · El rechazo a la privatización y patentamiento de todas las formas de vida y el rechazo al TLC.

    · El rechazo a la introducción de semillas y alimentos transgénicos en Colombia y especialmente del maíz en la región Caribe.

    · Buscar que el Gobierno nacional detenga la importación e introducción de maíz transgénico en el país y promueva los sistemas de producción de maíz basados en la producción agroecológica.

    · Exigir que las autoridades competentes en el ámbito regional y nacional, establezcan mecanismos de control para evitar que el maíz transgénico llegue a sus territorios.

    · Adelantar acciones que conlleven la defensa y recuperación de los recursos genéticos, sistemas productivos tradicionales y la recuperación de la soberanía alimentaria.

    · Establecer estrategias y medidas de control mediante un reglamento interno del Resguardo Indígena Zenú, relacionadas con la introducción de semillas y alimentos transgénicos, en sus territorios, manejadas por las comunidades a través de sus autoridades, de los cabildos locales y regionales.

    · Adelantar actividades de capacitación y difusión de información, dirigidas a las comunidades y organizaciones, sobre estos temas.

    · Establecer alianzas estratégicas con diferentes sectores de la sociedad para promover campañas y acciones que permitan evitar la introducción de cultivos y alimentos transgénicos en el territorio Zenú y en general, en el país.

Bibliografía

    · Cummins, J., & Ho, M., 2001. Bt is toxic. ISIS News 7/8, 1474-1547. www.isis.org.uk

    · Deepak, S., Flores , S., Stotzky, G., 1999. Insecticida toxin in root exudates from Bt corn. Nature, Vol 402.

    · GRAIN, 2004. La enfermedad del momento, trataditis aguditis. Mitos y consecuencias de los tratados de Libre Comercio con los Estados Unidos. GRAIN, 12p

    · Hernández, E., Ramisse, F., Cruel, T., Le Vagueresse, R., & Caballo, J., 1999. Bacillus thuringiensis serotype H34 isolated from human and insecticidal strains serotypes 3ª 3b and H14 can leadto death of inmunocompetent mice afear pulmonary infection. FEMS Inmunology and Medical Microbiology. 24: 43-47.

    · Ho, M., y Li, L., 2003. En defensa de un mundo sustentable sin transgénicos. Grupo de Ciencia Independiente, Londres. 186p.

    · Pengue, W., 2003. Glifosato: Dominación y Guerra. Revista Biodiversidad 37: 1-7p, julio.

    · Vázquez, P., Moreno, L., Neri, L., De la Riva, G., & López, R., 1999.

    · Intragastric and intraperitoneal administration of Cry 1Ac protein from Bacillus thuringiensis induce systemic and mucosal antibody responses in mice. Life of Science. 64: 1897-1912

    · Xue, D., 2002. A summary of research of environmental impacts of Bt Cotton in China. Greenpeace, june 2002.

http://www.semillas.org.co/sitio.shtml?apc=a1d1--&x=20154613

Aprueban uso de transgénicos en el país

lunes, 17 de agosto de 2009

Miércoles, 30 de Abril de 2008 / 18:21 h
Aprueban uso de transgénicos en el país

Gloria Silvia Orellana
Redacción Diario Co Latino

ARENA, PDC y PCN aprobaron hoy el uso e ingreso de semillas transgénicas al país. Con 49 votos se logró derogar el artículo 30 de la Ley de Semillas, que prohíbe el uso, comercio e importación de transgénicos.

La argumentación, de los parlamentarios de derecha, se orientó en la necesidad de aumentar la capacidad productiva de los pequeños agricultores. Añadieron que la iniciativa constituye una medida de "emergencia", para que el agro salvadoreño haga frente a la crisis alimentaria que impacta al país.

Vicente Menjívar de ARENA afirmó que al peticionar la derogatoria del artículo 30, de la Ley de Semillas, pretenden dotar a los campesinos de insumos que tengan resistencia a los insectos, plagas, sequías.

"Es necesaria la introducción de semillas transgénicas al país, como apoyo al sector agrícola, contribuir a la seguridad alimentaria y proteger la biodiversidad de los países en desarrollo", opinó.

En ese mismo razonamiento Orlando Arévalo del PCN agregó que los suelos en la zona rural se encuentran contaminados y agotados en sus componentes minerales naturales, haciéndose necesario el uso de este tipo de biotecnología.

"Tendremos mejores cosechas y la productividad será más alta, utilicemos la tecnología de punta y mal haríamos en prohibir a los campesinos que las utilicen, por eso apoyamos la pieza", afirmó

La adición del diputado Rodolfo Parker del PDC, fue de inmediato, quien justificó la necesidad de obviar el debate con expertos y organizaciones de campesinos sobre la conveniencia o no del uso de transgénicos.

"Equivoquémonos haciendo algo, y no dejemos esto para después, no dejemos que la gente en el campo coma salteado", señaló.

La oposición a esta derogación fue por el partido FMLN, Lourdes Palacios rechazó la iniciativa al alegar que la soberanía alimentaria del país estaba en riesgo con este tipo de reformas.

"No pueden votar por una tecnología que no conocemos y no se puede controlar… esto no ofrecerá ningún cambio , ni solución a los problemas de alimentación", señaló.

Por su parte, el diputado Héctor Dada Hirezi, de Cambio Democrático, opinó que la decisión de adoptar los transgénicos no era la solución definitiva.

"Pedimos que se estudie la ley en la comisión, no estamos en contra de los transgénicos, pero no podemos dejar la puerta abierta para todos esos productos; el gobierno debe realizar un control de calidad y supervisar esos efectos", concluyó

Albert Sasson, doctor en Ciencias Naturales de la Universidad de Paris, Francia; y consultor de alto nivel en la UNESCO, dio una conferencia, organizada por FUSADES, la UES y CAMAGRO, en la que señaló que hasta la fecha no existen estudios definitivos en los que se demuestren efectos negativos en la población.

En esa ocasión Sasson hizo un llamado a manejar con cautela este tipo de tecnología, ya que "todas las tecnologías deben ser vigiladas".

FUSADES presentó el uso de biotecnologías como una opción para disminuir el impacto a la crisis alimentaria a la que se enfrenta el país.

Opción que ha sido secundada por la Cámara Agropecuaria y Agroindustrial de El Salvador (CAMAGRO), quienes han señalado que el uso de este tipo de tecnología contribuirá a la disminución de los costos de producción de los agricultores, ya que no es necesario utilizar pesticidas ni fertilizantes.

http://www.diariocolatino.com/es/20080430/nacionales/54561/

Transgénicos, no

domingo, 16 de agosto de 2009

Transgénicos, no
RAFAEL GÓMEZ DíAZ - Córdoba - 01/05/2008
Está clarísimo que las multinacionales han desplegado todo su poder económico y mediático para convencer a la opinión pública de que los transgénicos son la solución al hambre en el mundo. Basta con leer opiniones como la que publica en su diario el profesor José Vicente Gil de la Universitat de Valencia el pasado día 24. Le invito a leer el informe titulado Diez razones que explican por qué la biotecnología no garantizará la seguridad alimentaria, ni protegerá el ambiente ni reducirá la pobreza en el Tercer Mundo, escrito en octubre de 1999 por Miguel Ángel Altieri, profesor de la Universidad de Berkeley, California y por Peter Rosset, del Food First/Institute for Food and Development Policy. En el mismo, apoyándose en una amplia y diversa bibliografía científica, se explican y desarrollan esas 10 razones aludidas en el enunciado.
Desde otros amplios sectores de la ciudadanía mundial (comunidad científica incluida) sostenemos que la alternativa al hambre en el mundo es la agricultura ecológica, basada en el respeto y defensa de la biodiversidad, apuesta por un desarrollo sostenible, promueve una relación directa entre consumidores y productores y transforma el entorno económico y social del mundo rural para construir un mundo más justo apoyándose en iniciativas de economía social y local.
Los cultivos transgénicos suponen la negación de todo lo anterior, pues las semillas son patentes registradas de unas pocas empresas multinacionales que conseguirán, si no lo impedimos, llegar a ser los dueños de nuestros alimentos en muy poco tiempo.
http://www.elpais.com/articulo/opinion/Transgenicos/elpepuopi/20080501elpepiopi_10/Tes

El filete, ¿de ternera o de laboratorio?

El filete, ¿de ternera o de laboratorio?
Activistas pro-animales premiarán el desarrollo in vitro de carne para consumo
JAVIER YANES - Madrid - 30/04/2008 20:56


El pasado 1 de abril, la presidenta y cofundadora de PETA (siglas en inglés de Personas por el Trato Ético de los Animales), Ingrid Newkirk, publicaba en el blog de esta organización un avance sorprendente: el desarrollo por primera vez de carne humana cultivada in vitro para consumo. Los llamados Newkirk Nuggets se habrían producido en un laboratorio a partir de una biopsia del brazo de la activista y se ofrecerían en breve para una degustación en Londres.
Como era de esperar, se trataba de una broma de April Fool's Day, el día de los inocentes en el mundo anglosajón. Pero la falsa noticia anticipaba un nuevo anuncio, esta vez real: 20 días después, PETA ofrecía un premio de un millón de dólares –poco más de 600.000 euros– al individuo o grupo de investigadores que antes de 2012 logre producir in vitro carne de pollo con sabor y textura auténticos.
Más allá de sus connotaciones exóticas, lo cierto es que el cultivo de carne de animales en laboratorio para consumo humano ha sido un asunto considerado por la comunidad científica en la última década. Dejando a un lado el sufrimiento animal –el argumento esgrimido por PETA–, los partidarios de este campo de investigación mencionan sus ventajas potenciales: alimentar a una humanidad en crecimiento desbocado, hacerlo con un producto controlado y libre de infecciones, y aliviar las emisiones de CO2 debidas a la actividad ganadera.
Entre los paladines de esta tecnología, destaca The In Vitro Meat Consortium , un grupo promovido por cuatro investigadores de universidades de EEUU, Holanda y Noruega. Los holandeses, de la Universidad de Utrecht, trabajan desde hace tres años en un proyecto para desarrollar la producción industrial de carne in vitro para consumo. Del 9 al 11 de este mes, los grupos interesados se reunieron en Noruega para celebrar el primer simposio especializado. Entre sus conclusiones, figura un estudio económico: producir una tonelada de carne de pollo natural cuesta 1.800 euros, mientras que su equivalente in vitro alcanzaría los 3.500.
Por lo demás, "la tecnología ya permite producir tejido muscular in vitro", apunta Antonio Campos, director del Grupo de Ingeniería Tisular de la Universidad de Granada. Para ello, se emplean células progenitoras y matrices 3-D que actúan como andamios. Campos añade que las aplicaciones industriales son inminentes, pero evita pronunciarse sobre la viabilidad de la carne in vitro.
Sin duda, el asunto aún no está bien cocinado. Incluso en el seno de PETA, según The New York Times, la propuesta del premio casi ha desatado una "guerra civil". Lisa Lange, vicepresidenta, declaró que "antes fomentaría el consumo de animales atropellados".

Canibalismo legal y dignidad vegetal: ¿estamos locos?
La inocentada de la presidenta de PETA –ofrecer presuntos canapés de su propia carne– va más allá de la broma. En algunos foros de Internet, se ha suscitado el debate sobre si la carne cultivada para consumo podría incluir la humana. Para el experto en ciencia y ética Francisco Capella, "el problema ético no es comer carne humana, sino de quién es esa carne". Consultado por 'Público', el miembro del Comité de Bioética de España, Pablo Simón, se confiesa "estupefacto" ante la sola idea de plantear esta "frivolidad".
Si las propuestas de PETA se sustentan en el vegetarianismo, a las plantas también les ha nacido un abogado: según 'Nature', el Gobierno suizo vigilará si los proyectos de biotecnología vegetal respetan la "dignidad de las plantas".

http://www.publico.es/ciencias/076538/filete/de/ternera/laboratorio

Diez razones que explican por qué la biotecnología no garantizará la seguridad alimentaria, ni protegerá el ambiente ni reducirá la pobreza en el t

Diez razones que explican por qué la biotecnología no garantizará la seguridad alimentaria, ni protegerá el ambiente ni reducirá la pobreza en el tercer mundo

Miguel A. Altieri University of California, Berkeley
Peter Rosset Food First/Institute for Food and Development Policy
Octubre 1999

Las compañías biotecnológicas frecuentemente afirman que los organismos modificados genéticamente (OsMG) - específicamente las semillas transformadas genéticamente - son descubrimientos científicos indispensables necesarios para alimentar el mundo, proteger el ambiente y reducir la pobreza en países en desarrollo. Esta opinión se apoya en dos suposiciones críticas las cuales cuestionamos. La primera es que el hambre se debe a una brecha entre la producción de alimentos y la densidad de la población humana o tasa de crecimiento. La segunda es que la ingeniería genética es la única o mejor forma de incrementar la producción agrícola y, por tanto, enfrentar las necesidades alimentarias futuras.

Nuestro objetivo es objetar la noción de biotecnología como una solución de bala mágica a todos los males de la agricultura, mediante la aclaración de conceptos erróneos relacionados con estas suposiciones implícitas.

  1. No hay relación entre la ocurrencia frecuente de hambre en un país dado y su población. Para cada nación densamente poblada y hambrienta como Bangladesh o Haití, existe una nación escasamente poblada y hambrienta como Brasil e Indonesia. El mundo produce hoy más alimento por habitante que nunca antes. Existe suficiente para suministrar 4.3 libras por persona cada día: 2.5 libras de grano, frijoles y nueces, aproximadamente l libra de carne, leche y huevos y otra libra de frutas y vegetales. Las verdaderas causas del hambre son la pobreza, la desigualdad y la falta de acceso. Demasiadas personas son muy pobres para comprar el alimento que está disponible (pero frecuentemente pobremente distribuido) o carecen de la tierra y recursos para cultivarlos ellos mismos (Lappe, Collins and Rosset 1998).
  2. La mayoría de las innovaciones en biotecnología agrícola han sido dirigidas a obtener ganancias más bien que empujados por la necesidad. La verdadera fuerza propulsora de la industria de ingeniería genética no es hacer a la agricultura del tercer mundo más productiva, sino preferiblemente generar ganancias (Busch et al 1990). Esto se ilustra al revisar las principales tecnologías hoy en el mercado: a) cultivos resistentes a los herbicidas tales como los frijoles de soya "Roundup Ready" de Monsanto, semillas que son tolerantes al herbicida Roundup de Monsanto, y b) cultivos "B1" las cuales son transformados por ingeniería genética para producir su propio insecticida. En el primer caso, la meta es ganar una mayor participación en el mercado para un producto patentado y en el segundo, promover las ventas de semillas al costo de dañar la utilidad de un producto clave en el manejo de una plaga (el insecticida microbiano basado en el Bacillus thuringiensis) en el que confían muchos granjeros, incluyendo la mayoría de los granjeros orgánicos, como una alternativa poderosa contra los insecticidas. Estas tecnologías responden a la necesidad de compañías biotecnológicas de intensificar la dependencia de los granjeros a las semillas protegidas por el llamado "derechos de propiedad intelectual", los cuales se oponen a los derechos de antaño de los granjeros de reproducir, compartir o almacenar semillas (Hobbelink 1991). Cada vez que sea posible las corporaciones solicitarán a los granjeros comprar los suministros de la marca de su compañía y prohibirán a los granjeros guardar o vender semilla. Al controlar el germoplasma de la semilla para la venta y forzar a los granjeros a pagar precios inflados por paquetes de semillas químicas, las compañías están determinadas a extraer la mayor ganancia de su inversión (Krimsky y Wrubel 1996).
  3. La integración de las industrias de semillas y químicas parece destinada a acelerar incrementos en los gastos por acre de semillas más productos químicos, lo que procura significativamente menos utilidades a los cultivadores. Las compañías que desarrollan cultivos tolerantes a los herbicidas están tratando de cambiar tanto costo por acre como sea posible del herbicida hacia la semilla por la vía de los costos de la semilla y/o costos tecnológicos. Las reducciones crecientes en los precios de los herbicidas estarán limitadas a los cultivadores que compren paquetes tecnológicos. En Illinois, la adopción de cultivos resistentes a los herbicidas constituye el más caro sistema de semilla de frijol de soya más pesticida en la historia moderna - entre US$40.00 y US$60.00 por acre en dependencia de los precios, presión de infestación, etc. Tres años atrás, el promedio de los costos de semilla más control de plaga en fincas de Illinois era de US$26 por acre y representaba 23% de los costos variables: hoy representan 35-40% (Benbrook 1999). Muchos granjeros están dispuestos a pagar por la simplicidad y robustez del nuevo sistema de manejo de plagas, pero tales ventajas pueden tener corta duración ya que surgen problemas ecológicos.
  4. Pruebas experimentales recientes han mostrado que las semillas fabricadas por ingeniería genética no aumentan el rendimiento de los cultivos. Un estudio reciente del USDA Servicio de Investigación Económica muestra que los rendimientos de 1998 no fueron significativamente diferentes en cultivos provenientes de la ingeniería genética contra los que no provenían de la ingeniería genética en 12 de las 18 combinaciones de cultivo/región. En las seis combinaciones de cultivos/región donde los cultivos Bt o HRCs OJO VER QUE SIGNIFICA EN INGLES LAS SIGLAS prosperaron mejor, exhibieron rendimientos crecientes entre 5-30%. El algodón tolerante al glifosfato no mostró aumento significativo del rendimiento en ninguna región donde fue encuestado. Esto fue confirmado en otro estudio que examinaba más de 8,000 pruebas de campo, donde se encontró que las semillas de soya Roundup Ready producían menos bushels de frijoles de soya que variedades similares producidas convencionalmente (USDA, 1999).
  5. Muchos científicos explican que la ingestión de alimentos construidos por ingeniería genética no es dañina. Sin embargo, la evidencia reciente muestra que existen riesgos potenciales al comer tales alimentos, ya que las nuevas proteínas producidas en dichos alimentos pueden: actuar ellas mismas como alergenos o toxinas, alterar el metabolismo de la planta o el animal que produce el alimento, lo que hace a éste producir nuevos alergenos o toxinas, o reducir su calidad o valor nutricional como en el caso de los frijoles de soya resistentes a los herbicidas que contenían menos isoflavones, un importante fitoestrógeno presente en los frijoles de soya, que se considera protegen a las mujeres de un número de cánceres. Actualmente, hay una situación en muchos países en desarrollo que importan frijol de soya y maíz de los EEUU, Argentina y Brasil, donde alimentos construidos genéticamente están comenzando a inundar los mercados, y nadie puede predecir todos sus efectos en la salud de los consumidores, la mayoría de ellos ignorantes de que están comiendo tal alimento. Debido a que el alimento fabricado por ingeniería genética se mantiene sin rótulo, los consumidores no pueden discriminar entre alimento por IG y no-IG, y de surgir serios problemas de salud, sería extremadamente difícil rastrearlos hasta su origen. La falta de etiqueta también ayuda a proteger a las corporaciones que pudieran ser potencialmente responsables de obligaciones (Lappe y Bailey, 1998).
  6. Las plantas transgénicas que producen sus propios insecticidas siguen estrechamente el paradigma de los pesticidas, el cual está fracasando rápidamente, debido a la resistencia de las plagas a los insecticidas. En lugar del fracasado modelo "una plaga un producto químico" , la ingeniería genética enfatiza una aproximación "una plaga un gen", que ha mostrado fracasar una y otra vez en pruebas de laboratorio, ya que las especies de plagas se adaptan rápidamente y desarrollan resistencia al insecticida presente en la planta (Alstad y Andow 1995). No solamente fracasarán las nuevas variedades sobre las de corto a mediano plazo, a pesar de los llamados esquemas de manejo de la resistencia voluntaria (Mallet y Porter 1992), sino que en el proceso pudiera hacer ineficaz al pesticida natural "Bt", en el cual confían los granjeros orgánicos y otros que desean reducir la dependencia de productos químicos. Los cultivos Bt violan el principio básico y ampliamente aceptado de "manejo integrado de pesticidas" (MIP), que es que la confianza en una tecnología particular de manejo de plagas tiende a provocar cambios en especies de plagas o la evolución de resistencia a través de uno o más mecanismos (NRC 1996). En general, mientras mayor sea la presión de selección en el tiempo y espacio, más rápida y más profunda la respuesta evolucionaria de las plagas. Una razón obvia para adoptar este principio es que reduce la exposición de la plaga a los pesticidas, lo que retarda la evolución de la resistencia. Pero cuando el producto es preparado por ingeniería genética dentro de la misma planta, la exposición de la plaga salta de mínima y ocasional a exposición masiva y continua, lo que acelera dramáticamente la resistencia (Gould 1994). El Bt será rápidamente inútil tanto como peculiaridad de las nuevas semillas al igual que como una vieja ayuda rociado cuando resultaba necesario por los granjeros que desean escapar de la rutina de los pesticidas (Pimentel et al 1989).
  7. La lucha global por participación en los mercados está llevando a las compañías a desplegar masivamente cultivos transgénicos en todo el mundo (más de 30 millones de hectáreas en 1998) sin el adecuado avance en la experimentación de impactos a corto o largo plazo en la salud humana y en los ecosistemas. En los EEUU, la presión del sector privado ha llevado a la Casa Blanca a decretar "sin diferencia sustancial" la comparación entre las semillas alteradas y las normales, evadiendo así la prueba normal del FDA y el EPA. Documentos confidenciales hechos públicos en un litigio por demanda en curso, reveló que los propios científicos del FDA no coinciden con esta determinación. Una razón es que muchos científicos están preocupados de que el uso en amplia escala de cultivos transgénicos plantea una serie de riesgos ambientales que amenazan la sustentabilidad de la agricultura (Goldberd, 1992: Paoletti y Pimentel, 1996: Snow y Moran 1997: Rissler y Mellon, 1996: Kendall et al 1997 y Royal Society, 1998):
    1. La tendencia a crear amplios mercados internacionales para productos particulares, está simplificando los sistemas de cultivo y creando uniformidad genética en los panoramas rurales. La historia ha mostrado que un área muy grande sembrada con una sola variedad de cultivo es muy vulnerable a nuevas parejas de cepas de patógenos o plagas de insectos. Además, el uso extendido de variedades transgénicas homogéneas llevará inevitablemente a la "erosión genética", según las variedades locales utilizadas por miles de granjeros en el mundo en desarrollo sean reemplazadas por las nuevas semillas (Robinson, 1996).
    2. El uso de cultivos resistentes a los herbicidas debilita paulatinamente las posibilidades de diversificación de cultivos y reduce así la agrobiodiversidad en tiempo y espacio (Altieri 1994).
    3. La transferencia potencial a través del flujo de genes de los genes de cultivos resistentes a los herbicidas hacia parientes salvajes o semidomesticados puede llevar a la creación de supermalezas (Lutman, 1999).
    4. Existe un potencial para las variedades resistentes a los herbicidas de convertirse en serias malezas en otros cultivos (Duke, 1996, Holst y Le baron 1990).
    5. El uso masivo de cultivos Bt afecta a los organismos que no son objetivo y a los procesos ecológicos. Evidencia reciente muestra que la toxina Bt puede afectar a los insectos beneficiosos depredadores que se alimentan de las plagas de insectos presentes en los cultivos Bt (Hilbeck et al, 1998), y que el polen movido por el viento de los cultivos Bt encontrado en la vegetación natural que rodea los campos transgénicos puede matar a los insectos no objetivo tales como la mariposa grande de alas anaranjadas con borde y venas negras (Losey et al, 1999). Es más, la toxina Bt presente en el follaje de los cultivos enterrados después de la cosecha puede adherirse a los coloides del suelo por hasta 3 meses, lo que afecta negativamente las poblaciones de invertebrados del suelo que descomponen la materia orgánica y desempeñan otros papeles ecológicos (Donnegan et al, 1995 y Palm et al, 1996).
    6. Existe potencial para la recombinación de vectores para generar nuevas cepas virulentas de virus, especialmente en plantas transgénicas producidas por ingeniería genética para la resistencia viral con genes virales. En plantas que contienen genes con cubierta de proteína, existe una posibilidad de que tales genes sean absorbidos por virus no emparentados lo que infecta la planta. En tales situaciones, el gen extraño cambia la estructura de la cubierta de los virus y puede conferir propiedades tales como método cambiado de transmisión entre plantas. El segundo riesgo potencial es que la recombinación entre los virus ARN y un viral ARN dentro del cultivo transgénico puede producir un nuevo patógeno que conduce a más severos problemas de enfermedad. Algunos investigadores han mostrado que la recombinación ocurre en plantas transgénicas y que bajo ciertas condiciones produce una nueva cepa viral con un rango hospedero alterado (Steinbrecher, 1996).

La teoría ecológica predice que el panorama de homogenización a larga escala con cultivos transgénicos agravará los problemas ecológicos ya asociados con el monocultivo en la agricultura. La expansión incuestionable de esta tecnología en los países en desarrollo pudiera no ser prudente o deseable. Hay fortaleza en la diversidad agrícola de muchos de esos países, y no debe ser inhibida o reducida por el monocultivo extensivo, especialmente cuando las consecuencias de hacerlo así resulta en serios problemas sociales y ambientales (Altieri, 1996).

Aunque la consecuencia de los riesgos ecológicos ha recibido alguna discusión en círculos gubernamentales, internacionales y científicos, las discusiones frecuentemente se han practicado desde una perspectiva estrecha que ha rebajado la seriedad de los riesgos (Kendall et al. 1997: Royal Society 1998). De hecho los métodos para la evaluación de los riegos de cultivos transgénicos no están bien desarrollados (Kjellsson y Simmsen, 1994) y existe una preocupación justificable de que el actual campo de pruebas de bioseguridad dice poco acerca de los riesgos potenciales ambientales asociados con la producción a escala comercial de cultivos transgénicos. Una preocupación principal es que las presiones internacionales para ganar mercados y ganancias está resultando en compañías que liberan cultivos transgénicos demasiado rápido, sin la apropiada consideración por los impactos a largo plazo en las personas o el ecosistema.

  1. Existen muchas preguntas ecológicas sin respuesta con relación al impacto de cultivos transgénicos. Muchos grupos ambientalistas han indicado la creación de una regulación apropiada que medie entre la experimentación y la liberación de cultivos transgénicos para compensar los riesgos ambientales y demandar una mejor evaluación y comprensión de las consecuencias ecológicas asociadas con la ingeniería genética. Esto es crucial ya que muchos resultados que surgen del comportamiento ambiental de los cultivos transgénicos liberados sugieren que en el desarrollo de "cultivos resistentes", no hay solamente la necesidad de probar los efectos directos en el insecto objetivo o maleza, sino también los efectos indirectos en la planta (por ej. crecimiento, contenido nutritivo, cambios metabólicos), suelo y organismos que no son objetivo. Desafortunadamente, los fondos para la investigación sobre evaluación del riesgo ambiental son muy limitados. Por ejemplo, el USDA gasta solamente 1% de los fondos asignados a la investigación biotecnológica sobre evaluación de riegos, alrededor de US$1-2 millones por año. Dado el actual nivel de despliegue de plantas de ingeniería genética, tales recursos no son suficientes para incluso descubrir la "punta del iceberg". Es una tragedia en desarrollo que tantos millones de hectáreas hayan sido plantadas sin adecuados patrones de bioseguridad. Mundialmente, tal área (en acres) se expandió considerablemente en 1998 con el algodón transgénico que alcanzó 6.3 millones de acres, maíz transgénico: 20.8 millones de acres y frijol de soya: 36.3 millones de acres, ayudados por convenios de mercado y distribución en los que participan corporaciones y distribuidores (por ej. Ciba Seeds con Growmark y Mycogen Plant Sciences con Cargill) en ausencia de regulaciones en muchos países en desarrollo. La polución genética, a diferencia de los derrames de aceite, no puede ser controlada arrojando un botalón en su derredor, y por tanto sus efectos no son recuperables y pueden ser permanentes. Como en el caso de los pesticidas prohibidos en los países nórdicos y aplicados en el sur, no hay razón para asumir que las corporaciones biotecnológicas asumirán los costos ambientales y de salud asociadas con el uso masivo de cultivos transgénicos en el sur.
  2. Como el sector privado ha ejercido más y más dominio en promover nuevas biotecnologías, el sector público ha tenido que invertir una cuota creciente de sus escasos recursos en incrementar las capacidades biotecnológicas en instituciones públicas incluyendo el CGIAR OJO VER SIGLAS y en evaluar y responder a los retos planteados al incorporar tecnologías del sector privado en los sistemas agrícolas existentes.Tales fondos serían mucho mejor utilizados para extender el apoyo a la investigación basada en la agricultura ecológica, ya que todos los problemas biológicos que la biotecnología se propone pueden ser solucionados utilizando aproximaciones agroecológicas. Los efectos dramáticos de las rotaciones y el intercalamiento en la salud y productividad de la cosecha, al igual que el uso de agentes de control biológicos en la regulación de plagas han sido repetidamente confirmados por la investigación científica. El problema es que la investigación en instituciones públicas refleja cada vez más los intereses de las instituciones financieras privadas a expensas de la investigación de bien público tales como control biológico, sistemas de producción orgánicos y técnicas generales agroecológicas. La sociedad civil debe solicitar más investigación sobre las alternativas a la biotecnología por universidades y otras organizaciones públicas (Krimsky y Wrubel, 1996=. Existe también una necesidad urgente de desafiar al sistema de patentes y derechos de propiedad intelectual intrínseco al OCI OJO VER SI ES ASI la cual no solamente provee a las corporaciones multinacionales del derecho de tomar y patentar recursos genéticos, sino también acelerarán la tasa a la cual las fuerzas del mercado ya alientan el monocultivo con variedades transgénicas genéticamente uniformes. Basados en la historia y la teoría ecológica, no es difícil predecir los impactos negativos de tal simplificación ambiental en la salud de la agricultura moderna (Altieri, 1996).
  3. Aunque pudiera haber algunas aplicaciones útiles de la biotecnología (por ej. las variedades resistentes a la sequía o cultivos resistentes a la competencia de malezas), porque estos rasgos deseables son poligénicos y difíciles de construir por ingeniería, estas innovaciones tomarían por lo menos 10 años para estar listas para uso en el campo. Una vez disponibles y si los granjeros pueden afrontarlos, la contribución al fortalecimiento del rendimiento de tales variedades serían entre 20-35%; el resto de los aumentos del rendimiento debe provenir del manejo agrícola. Mucho del alimento necesario puede ser producido por los pequeños agricultores localizados en el mundo utilizando tecnologías agroecológicas (Uphoff y Altieri, 1999). De hecho, nuevas aproximaciones de desarrollo rural y tecnologías de bajo insumo encabezados por granjeros y ONGs en el mundo están haciendo ya una contribución significativa a la seguridad alimentaria a los niveles familiar, nacional y regional en Africa, Asia y Latino América (Pretty, 1995). Se han alcanzado aumentos de rendimiento al utilizar aproximaciones tecnológicas, basadas en principios agroecológicos que enfatizan la diversidad, sinergismo, reciclaje e integración; y los procesos sociales que destacan la participación y autorización de la comunidad (Rosset, 1999). Cuando tales características son optimizadas, se logra el incremento del rendimiento y la estabilidad de la producción, al igual que una serie de servicios ecológicos tales como la conservación de la biodiversidad, la rehabilitación y conservación del suelo y agua, mecanismos mejorados de la regulación natural de las plagas, etc. (Altieri et al, 1998). Estos resultados son un punto de partida para lograr la seguridad alimentaria y la preservación ambiental en el mundo en desarrollo, pero su potencial y futura extensión depende de inversiones, políticas, apoyo institucional y cambios de actitud por parte de los que hacen la política y la comunidad científica, especialmente el CGIAR OJO VER SIGLAS el cual debe dedicar mucho de sus esfuerzos para ayudar a los 320 millones de granjeros pobres en ambientes marginales. El dejar de estimular a las personas dedicadas a la investigación agrícola y al desarrollo, debido a la desviación de los fondos y la práctica hacia la biotecnología, desperdiciará una oportunidad histórica de elevar la productividad agrícola a formas de mejoramiento social económicamente viables y ambientalmente benignas.

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http://www.foodfirst.org/progs/global/ge/altieri-11-99s.html

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Medellín, Antioquia, Colombia
Magister en Filosofía y Politóloga de la Universidad Pontificia Bolivariana. Diplomada en Seguridad y Defensa Nacional convenio entre la Universidad Pontificia Bolivariana y la Escuela Superior de Guerra. Docente Investigadora del Instituto de Humanismo Cristiano de la Universidad Pontificia Bolivariana. Directora del Grupo de Investigación Diké (Doctrina Social de la Iglesia). Miembro del Grupo de Investigación en Ética y Bioética (GIEB). Miembro del Observatorio de Ética, Política y Sociedad de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del Centro colombiano de Bioética (CECOLBE). Miembro de Redintercol. Ha sido asesora de campañas políticas, realizadora de programas radiales, así como autora de diversos artículos académicos y de opinión en las áreas de las Ciencias Políticas, la Bioética y el Bioderecho.

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