El posthumanismo toma cuerpo de naturaleza en la sociedad
Las hipótesis sobre el surgimiento de un nuevo prototipo humano abren un período de reflexión sobre las promesas de la tecnología
La humanidad está a las puertas de un nuevo salto evolutivo basado en las posibilidades de manipulación de sus genes y en las de la simbiosis hombre-máquina, lo que ha dado origen a diversos escenarios de evolución que, por un lado, asustan, y por otro son motivo de esperanza. Al final todo dependerá del uso que los humanos demos a la tecnología. Por Adolfo Castilla.
Cuando hace varios años se comenzó a hablar del hombre post-humano y del post-humanismo, se hizo por parte de grupos extraños guiados por el secretismo y la iniciación.
Eran una especie de sectas que creían tener en sus manos claves sobre el futuro del hombre, difíciles de entender por el conjunto de los mortales.
Hoy, sin embargo, se habla del tema abiertamente y existen cada vez más libros y publicaciones sobre la materia de científicos y pensadores plenamente reconocidos e integrados en la sociedad.
El tema de un hombre generado in vitro, mejorado genéticamente, biónico, e incluso, clonado, se trata con naturalidad, ya sea para oponerse a ello o para defenderlo.
Limitaciones legales
El tema en muchos aspectos no está nada claro y así lo demuestran las limitaciones adoptadas cada vez por más países, en cuanto a la prohibición de investigaciones y experimentos sobre ciertas materias. Por ejemplo, las investigaciones sobre células madre y sobre la clonación humana.
Eso en cuanto a las investigaciones propiamente genéticas y biomoleculares, pero existe además la biónica --inicialmente la ciencia que trata de aplicar las soluciones de los seres vivos a la ingeniería mecánica-- y hoy generalizada a la incorporación de tecnología en forma diversa a la fisiología del hombre.
Es un tema antiguo porque como tal biónica se podrían considerar las ortopedias e implantes de otras épocas, los cuales pueden sufrir ahora cambios cualitativos considerables al basarse en los microchips y la tecnología digital en general, la interrelación del ordenador con el cerebro humano y la nanotecnología. También en este terreno hay preocupación en la sociedad y disposición a no permitir cualquier cosa.
De todo ello se nos puede venir encima un mundo ya descrito con tintes sombríos, según el hombre actual, en la visionaria obra de Aldous Huxley, Brave New World, publicado en 1932. Un libro cargado de lógica en cuanto a las leyes de la evolución, formuladas inicialmente por Charles Darwin, y aceptadas generalizadamente.
Nuevo salto evolutivo
Leyes, por cierto, hoy corregidas importantemente por algunos expertos en cuanto a la no aceptación de la escasez, la lucha por la supervivencia y la fuerza del más apto, como reglas rectoras de la evolución.
Más bien, defienden hoy algunos expertos, el salto adelante de nuestra especie, y la aparición de nuevos especímenes, se produce por la simbiosis o unión de lo esencial de dos formas de vida distintas. Esos saltos, por otra parte, no se producen linealmente, sino en forma de pulso o "catastrófe".
En pura lógica, por tanto, y sin entrar de lleno en las interioridades de la genética, da la impresión de que la humanidad puede estar a las puertas de un nuevo salto evolutivo basado en las posibilidades de manipulación de sus genes y en las de la simbiosis hombre-máquina.
A ello se refieren publicaciones actuales muy variadas debidas a autores tales como: Kurzweil (1999), Truett Anderson (1996), Stock (1993 y 2002), Silver (1998), Comings (1996), Dyaz (1999), Fukuyama (2002) y muchos otros.
Para los objetivos de este artículo, relacionados con la conveniencia o no de guiar y controlar la investigación y la tecnología producida por el hombre, se revisarán someramente tres de esas publicaciones: Dyaz, Stock (2002) y Fukuyama.
El mundo según Dyaz
La primera, titulada Mundo Artificial, es un libro reducido, aparentemente informal y desenfadado, publicado en España en 1998, por una editorial de divulgación atacada a veces por su literatura "basura", pero que resulta enormemente sugerente y se adelanta en el tiempo a lo publicado a nivel internacional más recientemente.
No se utiliza la denominación "Post-Humano", pero sí los conceptos que hay detrás de ella, sobre todo al establecer en su primer capítulo la ecuación:
Homo sapiens v.1.0 + hi-tech = Homo sapiens v.2.0
la cual se explica a lo largo de los tres siguientes, titulados: "Mente y tecnología", "Cuerpo y tecnología" y "Vida artificial".
El autor, un hombre polifacético, educado y muy informado, se declara totalmente partidario de lo artificial definido como: todo aquello incapaz de aparecer de manera espontánea fuera del hábitat del ser humano o de cualquier derivación de dicho hábitat.
Parece, de hecho, despreciar todo lo natural y la naturaleza propiamente dicha, tachando de miedos y prejuicios, las reservas existentes en el mundo en cuanto a lo artificial y en cuanto a la defensa a ultranza de la naturaleza y los productos naturales. Productos que, en lo relativo a la alimentación, serán abolidos en el planeta, según él, tempranamente en el siglo actual.
Espacios artificiales
En contra de una parte importante del pensamiento actual, el autor declara como objetivo del hombre el robo de terreno a lo natural con tecnología punta y la defensa del hombre ante la naturaleza, entre otras cosas, creando espacios artificiales en los que dicha naturaleza no esté presente.
Como es lógico, es absolutamente partidario de la clonación, de la biónica y de lo que hoy llamaríamos un ser post-humano. Tal cosa se puede deducir de la siguiente cita: Lo que preocupa a los puristas es que, si comenzamos a efectuar modificaciones genéticas en las células germinales durante una serie de generaciones, al final el ser humano ya no será como hoy. Se habrá perdido la esencia del Homo sapiens. A mí me parece fantástico. Librarse de todas las fastidiosas enfermedades hereditarias, ampliar mi capacidad muscular, mejorar mis aptitudes intelectuales... ¡Demonios, claro que cambiaremos!. Pero a mejor. No me importaría que me crecieran alas, o propulsores a chorro en las axilas, o que fuera capaz de respirar metano y amoniaco para poder colonizar Venus. Y si el problema es que ya no seguiré siendo un Hombre, en ese caso que los lingüistas y los filósofos busquen nuevos términos. PP 131-132.
En uno de los apéndices del libro se hace una cronología año por año del siglo actual, con indicación del acontecimiento más destacado en cada uno de ellos. Algunos de dichos acontecimientos son espectaculares:
2013 -- Se prohíben los alimentos de origen natural.
2022 -- La ONU concede al ciberespacio la categoría de séptimo continente.
2032 -- La telepresencia provoca el cierre de la última compañía de vuelos regulares.
2071 -- Se institucionaliza el vertido de cerebros al ciberespacio, tras la muerte de los individuos, que se convierten así en entidades autónomas
2088 -- Nacimiento de Beethoven 2, a partir de una clonación.
2100 -- Muerte y disección del último ser humano.
Ante un derroche de imaginación y de posibilidades para el mundo como la mostrada por este libro, la primera reacción es la de preguntarse si tiene algún sentido un control social de la tecnología en la forma tradicional en la que esta materia ha sido tratada; la segunda, si es posible y aconsejable guiar al hombre en ese mundo potencial que se avecina; y la tercera, ¿cómo hacerlo?.
La hipótesis Stock
El segundo libro a revisar se debe a Gregory Stock, un escritor y científico, director del Programa sobre Medicina, Tecnología y Sociedad de la Escuela de Medicina de la Universidad de California en Los Ángeles.
Su significativo título es Redesigning Humans. Our Inevitable Genetic Future. Al igual que en libros anteriores tales como, Metaman, The Merging of Humans and Machines into a Global Superorganism, y el best-seller The Book of Questions, el autor se enfrenta sin prejuicios ni temores, y aparentemente con grandes conocimientos, a la revolución genética en marcha.
Al igual que Dyaz, defiende este segundo autor las revoluciones en los conocimientos actuales y no se asusta de lo que nos puedan traer consigo, comenzando curiosamente su libro por el capítulo titulado: El último humano (The Last Human).
Antes, y a modo de introducción, establece su actitud de partida con deliciosos poemas de Tucídedes y Marcus Garvey, en los que respectivamente se defienden el conocimiento y la visión clara de las cosas que se avecinan, ya sean benignas o peligrosas, sin en ningún caso asustarse ni darles la espalda; y la autonomía del hombre sin más límites que Dios y el cielo y sin más medida que la Eternidad.
Revolución imparable
El posicionamiento general de Stock ante la revolución genética es que nada ni nadie podrá pararla, ni en cuanto a la selección de los genes de un embrión, ni en cuanto a la ingeniería de las células germinales en general, ni siquiera en cuanto a la clonación.
Y esto porque nadie se detendrá ante ninguna barrera cuando se trate de salvar la vida de un hijo, evitarle enfermedades o mejorar sus características físicas e intelectuales. Mucho menos, si se trata de mejorar la vida de uno mismo o de alargarla.
Cree, sin embargo, este autor, que estas cosas no deben asustar porque nunca se harán por verdaderos científicos y médicos hasta que no haya seguridad de tener éxito y estén perfectamente resueltas.
No las ve él, por otra parte, tan inmediatas como determinados libros de ciencia ficción y determinadas películas pueden hacernos creer. Da en este sentido mucha importancia al tiempo y a la madurez de la sociedad para enfrentarse a esos cambios, analizando los problemas físicos y morales que la revolución genética puede traer consigo.
Evolución creativa
A muy largo plazo, según Stock, el hombre puede diferenciarse sustancialmente de los humanos actuales, pero más en un sentido verdaderamente evolutivo y sin traumas que en un sentido monstruoso.
Tiene confianza en tal futuro porque los hombres aprenderán de sus errores y porque a diferencia, dice él, de la energía nuclear, las nuevas tecnologías genéticas no son peligrosas en cuanto a destrucción masiva de las personas.
Cree poco en la llamada "Constitución Genética" que protegería a los embriones de la manipulación y les daría el "derecho genético" a que nadie altere sus genes.
Y, finalmente, es partidario de una orientación en el sentido de libre-mercado donde exista una verdadera libertad de elección de los individuos.
Dicha orientación puede ir acompañada de una modesta supervisión de la sociedad y, sobre todo, de robustos mecanismos de aprendizaje social que permitan al hombre protegerse de los abusos y asignar recursos a todo aquello que sea bueno para alcanzar las metas deseadas.
El futuro según Fukujama
El tercer libro a glosar es el muy reciente de Francis Fukuyama, Our Post-Human Future. Fukuyama es el conocido autor del controvertido, The End of History and the Last Man. Es Bernard Schwartz Professor de Economía Política Internacional en la Escuela Paul H. Nitze de Estudios Internacionales de la Universidad Johns Hopkins. Ha sido nombrado miembro del Consejo Asesor del Presidente de los Estados Unidos sobre Bioética.
En esta ocasión Fukuyama parece actuar como regulador profesional de un cuerpo al servicio de una Administración Pública conservadora como la de George Bush Junior.
Su mensaje es conservador y a favor del control social de la tecnología, aunque comienza su libro analizando las ventajas para el hombre de las nuevas tecnologías genéticas e introduciendo relatividad sobre el hombre y lo humano, análogamente a los dos autores anteriores.
Futuro diferente
No ve en ese sentido, grandes problemas sobre la superación del Homo sapiens actual y por eso habla también de un futuro post-humano para el hombre. Pronto, sin embargo, comienza buscando algo sobre lo que apoyarse en cuanto a establecer reglas y directrices para actuar sobre dicho futuro.
Buscando razones para el control social de la tecnología genética, recuerda en el primer capítulo de su libro, dos de las publicaciones del siglo pasado más representativas en relación con predicciones sobre el futuro de la Humanidad.
Se trata de 1984, de George Orwell (publicada por primera vez en 1949) y Brave New World, de Aldous Huxley, (publicada en 1932). Considera Fukuyama que la primera ha acertado en describir una sociedad de la información y de los conocimientos como la actual, en la que todos los hombres están interconectados, pero ha fallado en cuanto a la existencia de un Big Brother que todo lo controla y centraliza. Internet, según él, va en una dirección absolutamente contraria: es el terreno de la libertad total, de la autonomía individual y de la descentralización.
Considera también que la Sociedad de la Información y las tecnologías de las telecomunicaciones y la comunicación, necesarias para ello, se han desarrollado sin ningún control social, porque nunca se han considerado peligrosas para la sociedad.
A este aspecto le da mucha importancia, al basar en la potencial peligrosidad de una tecnología la necesidad o no de control y planificación.
Camino correcto
En cuanto a Brave New World, considera que es ahora, y sobre todo en los próximos años, cuando sus predicciones pueden contrastarse con el mundo real, al referirse a un futuro en el que hombre podrá manipularse a sí mismo produciendo criaturas de características determinadas.
Prevé que, al igual que ha ocurrido con las predicciones de Orwell, tampoco en el caso de Huxley, las cosas llegarán a ser tan malas como este último autor suponía.
Confía así, como otros autores, en el hombre y en sus capacidades de encontrar el camino correcto de evolución, por más que haya momentos en que se tengan serias dudas sobre ello.
Para demostrar la existencia de terrenos tecnológicos en los que la sociedad ha actuado con energía controlando y limitando los desarrollos, revisa lo ocurrido con la tecnología nuclear, ratificando el éxito alcanzado.
Legislación versus regulación
Basándose en este ejemplo concluye que no puede haber reservas en cuanto la capacidad del hombre para controlar determinados desarrollos tecnológicos y en cuanto a la bondad de ello. Avala así la práctica de una evaluación social de la tecnología.
Como no todo es válido en la revolución genética actual, se plantea trazar las líneas rojas que no deben superarse y encuentra los criterios para ello en la Naturaleza física de mundo y en la conexión del hombre a ella. Es decir, hay una naturaleza humana, íntimamente unida a la Naturaleza con mayúsculas, y surgida de ella, cuya conservación parece merecer la pena.
En cuanto a como llevar a cabo el control, es firmemente partidario de la legislación y la regulación, no considerando suficiente la reflexión y el consejo asesor de expertos y científicos.
Como siempre ocurre con la tecnología, las espadas están en alto y con frecuencia se hace uso del viejo aserto: "la tecnología es siempre neutral y lo que puede ser bueno o malo es su aplicación".
Adolfo Castilla es catedrático de Economía Aplicada.
http://www.tendencias21.net/El-posthumanismo-toma-cuerpo-de-naturaleza-en-la-sociedad_a115.html
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domingo, 23 de agosto de 2009
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Transhumanismo
martes, 28 de julio de 2009
Transhumanismo
Escrito por Elena Postigo Solana
miércoles, 25 de febrero de 2009
SUMARIO: 1. Definición, fines y medios; 2. Breve historia y autores; 3. Fundamentos antropológicos y éticos; 4. Implicaciones bioéticas. Una lectura crítica; 5. Bibliografía.
1. Definición, fines y medios
El transhumanismo es un movimiento intelectual y cultural que sostiene la posibilidad y obligatoriedad moral de mejorar las capacidades físicas, intelectuales y psíquicas de la especie humana mediante la aplicación de nuevas tecnologías y la eugenesia, con la finalidad de eliminar todos los aspectos indeseables de la condición humana como la enfermedad, el sufrimiento, el envejecimiento, e incluso la muerte. El objetivo del Transhumanismo es llegar a una especie transhumana, con mayores capacidades físicas, psíquicas e intelectuales y, posteriormente, a un posthumano, un ser que ya no será humano sino superior a él.
El transhumanismo se llevará a cabo mediante ingeniería genética, eugenesia embrionaria y prenatal, nanotecnología y biotecnología aplicada al cerebro y a potenciar las capacidades sensoriales y cognitivas del hombre. Mediante fármacos que controlen el bienestar emocional y reduzcan el impacto negativo de ciertas experiencias actuando sobre los centros de control y neurotransmisores. Mediante el uso de píldoras de la personalidad que eliminen aspectos negativos como la timidez o que aumenten la capacidad creativa y emocional. Mediante la ampliación de la expectativa de vida utilizando terapias genéticas o métodos biológicos que bloqueen el envejecimiento celular. Mediante la existencia post-biológica, realizando un escaneo de la matriz sináptica del individuo y transmitiéndola después a un ordenador, una especie de emigración de un cuerpo bilógico a un substrato puramente digital. También mediante la creación de “máquinas superinteligentes”, que combinan Inteligencia Artificial con parte orgánica, serán los denominados cyborg (cybernetics-organism), mitad ordenador, mitad orgánico. Por último, mediante la crioconservación de pacientes enfermos o fallecidos y la reanimación futura de pacientes en suspensión criogénica.
2. Breve historia y autores transhumanistas
El transhumanismo, según ha afirmado uno de sus máximos exponentes, el sueco Nick Bostrom, Profesor en la Universidad de Oxford y Presidente de la Asociación Transhumanista Mundial, encuentra sus raíces en el pensamiento clásico y moderno, en el deseo constante de adquirir nuevas capacidades para el hombre mediante el uso de la técnica y de la ciencia. En la Revolución Científica y el desarrollo del empirismo anglosajón de la Edad Moderna, el Transhumanismo encuentra los pilares fundamentales que sustentan su visión: confianza desmesurada en la ciencia y concepción puramente material del hombre, o dicho con otras palabras, el hombre es una máquina y mediante la ciencia potenciaremos su funcionalidad y sus posibilidades. El “hombre-máquina” de La Mettrie, obras como El origen de las especies de Darwin y el desarrollo de la Inteligencia Artificial contribuyeron enormemente a que se fuera forjando la mentalidad primero llamada “futurista” en Estados Unidos (con autores como Drexler, Moravec, Peterson, Ettinger), y posteriormente “Transhumanista” (Bostrom, Sandberg, More, Hughes).
3. Fundamentos antropológicos y éticos
Desde el punto de vista de su fundamentación filosófica, el transhumanismo se sustenta en una antropología materialista de raíz empirista por la que se concibe al hombre como algo puramente material sin ningún espacio para la realidad metafísica o trascendente. Además, la explicación del funcionamiento humano es la del neurobiologicismo funcionalista, es decir, el hombre reducido al funcionamiento, más o menos perfecto, de sus conexiones neuronales. Todo ello unido a una fe ciega en la ciencia. Además, la perspectiva ética desde la que se mueve es fundamentalmente utilitarista y liberal. En la mayor parte de los casos los autores son ateos o agnósticos. Según algunos autores estamos en la última etapa del desarrollo del homo sapiens, en la era del homo technologicus, que tiene en sus manos la posibilidad de continuar la evolución de la especie humana hacia una superior, mejor y más feliz, utilizando todos los medios tecnológicos a su alcance.
4. Implicaciones bioéticas
La teoría transhumanista plantea numerosas cuestiones tanto de orden teórico como práctico, sus autores no han contestado todavía a muchas de ellas. En primer lugar, la tesis transhumanista parte de un postulado todavía no demostrado, a saber, el hombre es un ser que se reduce solo y exclusivamente a sus conexiones neuronales. El fisicalismo neurobiologicista todavía no ha sido demostrado satisfactoriamente, es más, encontramos cada vez más autores que sostienen la tesis del no reduccionismo materialista del hombre. Hay otra cuestión de fondo importante: Quién me dice que cuanto más perfecto sea física y psíquicamente, que cuántas más capacidades tenga voy a ser más feliz. ¿Qué es la felicidad? ¿Qué significa ser mejor o más perfecto, quién lo determina? La respuesta a esta pregunta no estriba en una cuestión meramente material sino moral y ontológica. Ser mejor o ser feliz no depende solo de cuestiones materiales. La ecuación perfección física igual a felicidad no es siempre real, es más a veces se puede dar el caso contrario. Lo que realmente es el hombre, y lo que le hace feliz, está fuera de un cálculo meramente material.
Hay después una serie de cuestiones de carácter práctico a la hora de poner por obra el plan transhumanista: selección embrionaria y eliminación eugenésica de embriones y fetos con defectos, problemas derivados de la nanotecnología aplicada al cerebro y neuroética, problemas de la crioconservación, uso de fármacos que cambien la personalidad, problemas de distribución de recursos, etc. En conclusión, aunque en teoría el transhumanismo pueda tener un fin bueno, hacer de la vida del hombre algo mejor, fin hacia el que ha tendido siempre la medicina, la ciencia y en general el progreso, este fin no puede ser alcanzado a través de cualquier medio. En el núcleo de esta teoría encontramos la pérdida del sentido del valor y la dignidad del hombre, que hacen de este un ser especial en el resto de la naturaleza, aún con sus límites y finitud. La no aceptación de la realidad humana hace que el hombre forje un futuro utópico, puramente material, que le lleva fuera de los cauces humanos, incluso programando su propio exterminio.
5. Bibliografía
- Nick Bostrom, “A History of Transhumanist Thought”, Journal of Evolution and Technology, Vol 14, 2005.
- Nick Bostrom, Why I want to be a Posthuman when I Grow up (en prensa).
- Simon Young, Designer Evolution. A Transhumanist Manifesto. New York, 2006.
www.nickbostrom.com
www.transhumanism.org
www.enhanceproyect.org
http://www.bioeticaweb.com/content/view/4669/786/lang,es/
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TRANSHUMANISMO
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Beatriz Campillo
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¿Podemos transformarnos en personas de diseño?
Felicidad transhumana
¿Podemos transformarnos en personas de diseño?
La potenciación artificial de todas las capacidades humanas –físicas, intelectuales y emocionales– cuenta con una batería de medios cada vez más sofisticados. Ciencias como la informática, la farmacología, la neurocirugía o la nanotecnología se aplican en la construcción de una verdadera utopía terapéutica cuyo objeto no son sólo las enfermedades, sino cualquier insatisfacción a la que quiera ponérsele remedio. Por su parte, y aunque al servicio del consumidor, el diván del psiquiatra advierte que no viene de Ikea con garantía incorporada de proporcionar el equilibrio mental.
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Xavier Reyes Matheus / Aceprensa - 16-01-09
El deseo del ser humano por mejorar sus aptitudes y condiciones mediante el uso de sustancias se pierde en la noche de los tiempos
Entre los logros programáticos de la filosofía expuesta en la web http://www.transhumanism.org/ hay uno de nombre elocuente: la “euforia sustentable”, de que se dice goza ya una minoría tratada con antidepresivos. “Hoy en día –sostiene la página– se encuentran en desarrollo fármacos que prometen a un número creciente de gente el elegir reducir drásticamente la incidencia de emociones negativas en su vida”.
Aunque se reconoce que estas sustancias pueden tener efectos secundarios negativos para quienes las usan, los partidarios del “transhumanismo” confían en que el progreso de las investigaciones llevará finalmente a descartar estos riesgos y a concretar un ideal que explica el nombre del movimiento: “una era post-Darwinista en la cual toda experiencia adversa pueda ser reemplazada por niveles de placer más allá de la experiencia humana normal. A medida que se desarrollen estas nuevas drogas más seguras, combinadas con terapias que actúen sobre nuestros genes, será posible la realidad de construir un paraíso terrenal”, reza la glosa del pensamiento de David Pearce, el filósofo británico del utilitarismo negativo cuyo manifiesto, El imperativo hedonista, abunda en estos principios.
Mejorar las aptitudes
Como ha señalado Étienne Klein, creador del Laboratorio de Investigaciones sobre las Ciencias de la Materia (Larsim) en el Comisariado para la Energía Atómica (CEA), la fe transhumanista parece entroncar con la mentalidad ilustrada y sus expectativas sobre el progreso.
El deseo del ser humano por mejorar sus aptitudes y condiciones mediante el uso de sustancias se pierde en la noche de los tiempos. El desarrollo actual de las ciencias cognitivas ha permitido establecer el mapa de las diversas regiones y funciones cerebrales, lo que hace posible ubicar con exactitud la zona que es necesario estimular para obtener un determinado efecto. Esto puede lograrse mediante sustancias químicas (medicamentos), bien con estímulos eléctricos (captadores), e incluso a través de la interconexión del cerebro a prótesis internas o externas, como los “exoesqueletos” probados en el mundo del ejército y de ciertas industrias.
Las nanotecnologías, que permiten un trabajo a escala de millonésima de milímetro, ofrecen la posibilidad de dirigir y de dosificar el mensaje, químico o electrónico, de manera precisa. A la alianza de todos estos recursos es a lo que suele dársele el nombre de convergencia NBIC (nano, bio, informática, ciencias cognitivas).
Como señala un reportaje de Le Monde, las posibilidades ofrecidas por el genio genético emparejado a la convergencia de las NBIC permitirían manipular los genes y su expresión proteónica de cara a “mejorar” el desempeño biológico no sólo de un individuo, sino también de sus descendientes. Las investigaciones en materia de “epigenética”, es decir del estudio de las interacciones entre el patrimonio genético y el entorno, abren en particular nuevos horizontes: experimentos han mostrado que ha sido posible modificar la estructura genética de seres vivientes.
Riesgos y efectos secundarios
Como antes se ha dicho, la realización del edén transhumanista aspira a la superación de los efectos colaterales implicados en el uso de los fármacos del bienestar. Pero la diversidad y la naturaleza de estas sustancias complican el panorama.
Están, por un lado, y quitando las drogas ilegales, ciertos medicamentos que poseen un efecto estimulante sobre las funciones biológicas, algunos de los cuales, agrupados bajo el rótulo de “psicoestimulantes y nootrópicos”, incluso se prescriben con aquel único objetivo. Los más frecuentes, sin embargo, son los que se administran para compensar una insuficiencia patológica, como los antidepresivos, los ansiolíticos o los medicamentos para la demencia (contra las enfermedades degenerativas del sistema nervioso, del tipo del mal de Alzheimer).
La anfetaminas, asimismo, descubiertas a finales del siglo XIX, fueron utilizadas en patologías pulmonares para dilatar los bronquios antes de que sus propiedades estimulantes pasasen a un primer plano. Como en el caso de la cocaína, se trata de sustancias que mantienen alerta y aumentan la actividad al favorecer la liberación de ciertos neurotransmisores (noradrenalina y dopamina) que van por el cerebro activando las células nerviosas. Pero estos productos agotan las reservas de neurotransmisores, de modo que se hace necesario un tiempo de recuperación para que las células nerviosas sean capaces de volverlos a liberar. A este factor limitante se añade otro más serio: el riesgo de desencadenar una dependencia al producto.
Por otra parte, las anfetaminas y la cocaína provocan un fenómeno que acaba conduciendo a la privación del sueño, puesto que aumentan la fase onírica de nuestro descanso y con ella la posibilidad de pesadillas o de confusión mental, sobre todo para las personas mayores.
El uso de la anfetaminas se propagó en el curso de la Segunda Guerra Mundial entre combatientes de los dos bandos, y en particular entre los pilotos de caza. La guerra, en efecto, ha sido y sigue siendo uno de los grandes motores para el desarrollo de este tipo de sustancias. Según un reciente informe médico del ejército de tierra americano citado por la revista Time, 12% de las tropas desplegadas en Iraq y 17% de las que sirven en Afganistán consumen regularmente antidepresivos (Prozac y Zoloft) y somníferos (Ambien). Estas cifras son probablemente inferiores a la realidad, porque muchos de los soldados afectados de PTSD (post-traumatic stress disorder, trastorno de estrés postraumático), no se atreven a contarlo a un médico o a un superior.
Una de las consecuencias más graves del PTSD es la multiplicación de los suicidios. Así, 115 soldados pertenecientes al ejército de tierra americano se suicidaron en 2007 (frente a 102 en 2006), lo que se traduce en una proporción de 18,8 casos por cada 100.000 hombres. Ahora bien, el 40% de las víctimas de suicidio en el ejército de tierra tomaba antidepresivos.
Finalmente, la forma en que los intereses económicos condicionan el uso de los medicamentos plantea serios dilemas. Se ha señalado, por ejemplo, que la producción anual de eritropoyetina (EPO) en el mundo supera cinco o seis veces la cantidad necesaria para cubrir las necesidades terapéuticas (tratamiento de anemias o de insuficiencias renales). Una de las explicaciones apunta a la existencia de un importante mercado negro destinado a los deportistas.
http://www.cope.es/16-01-09--podemos_transformarnos_personas_diseno,28368,noticia_ampliada
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