Avances científicos que son toda una revolución
Embarazos de laboratorio
En la Clínica de Fertilidad de Profamilia, expertos ofrecen las más modernas técnicas de reproducción asistida a las parejas que no logran un embarazo. En el mundo, más de un millón de niños sanos han nacido gracias a la fertilización 'in vitro'.
Redacción Salud
El doctor Carlos Jiménez, coordinador de la Clínica de Fertilidad de Profamilia, dice que los que más llegan son mujeres solteras y parejas que no han podido tener hijos.
Gabriel Aponte - El Espectador
sábado, 03 de noviembre de 2007
Cuando las parejas dejan a un lado los métodos anticonceptivos con el propósito de buscar un embarazo, la probabilidad de lograrlo en cada mes de intento es entre el 15 y el 18%. Los científicos calculan que luego de un año, entre el 80 y 85% de las parejas ya han logrado la gestación. Sin embargo, ese 15% a 20% restante no lo alcanza y constituye el grupo de población con trastornos reproductivos que pueden acercarse a una clínica de fertilidad en busca de ayuda especializada.
Los avances científicos de las últimas décadas en materia de fertilidad humana constituyen una revolución. Después de las primeras fertilizaciones in vitro a principios de los años 70, la técnica se esparció rápidamente por otros países, llegando a Colombia a principios de los años 80, y se convirtió en una alternativa para millares de parejas que buscaban un embarazo infructuosamente. Se calcula que al menos un millón de niños sanos han nacido gracias a este procedimiento en el mundo.
Hoy, el menú de servicios que ofrecen estas instituciones a sus clientes parece extraído de las viejas novelas de ciencia ficción: inseminación artificial, transferencia de embriones, inyección intracitoplasmática de espermatozoides, congelación de embriones, donación de óvulos, banco de semen, espermograma y capacitaciones espermáticas.
Los avances en los descubrimientos genéticos, así como los instrumentos y técnicas desarrollados por la biología para manipular las células que originan la vida, han permitido que mujeres y hombres que en otros tiempos estarían condenados a no tener hijos, hoy, de la mano de un grupo de profesionales interdisciplinario, lleguen a concebirlos.
En la Clínica de Fertilidad de Profamilia, creada hace cuatro años, cada mes se realizan en promedio 17 ó 18 fertilizaciones in vitro y entre 35 y 40 inseminaciones artificiales, dos de los tratamientos que permiten a las parejas con dificultades reproductivas lograr el embarazo deseado, además de un alto volumen de consulta ( 3.500 por año) y procedimientos quirúrgicos con fines reproductivos. La Clínica de Fertilidad está compuesta por un área clínica para llevara a cabo la consulta, ecografías y procedimientos menores, por un área quirúrgica y por los laboratorios donde se realizan las técnicas de reproducción asistida, en las que trabajan un equipo de ginecólogos, biólogos, enfermeras, genetistas, psicólogos y personal del laboratorio clínico.
Las medidas de seguridad y asepsia son extremas. Nadie puede traspasar las puertas que conducen a la sala de procedimientos y los laboratorios de andrología y fertilización in vitro sin vestirse con trajes de cirugía. Está proscrito el uso de perfumes y maquillaje tanto para las pacientes como para las mujeres que laboran allí. No es para menos: las neveras que se ven a un lado, reproducen todas las condiciones de los úteros, temperatura, humedad, oscuridad, y dentro de ellas, varios embriones esperan ser implantados en sus madres receptoras. Las sustancias volátiles que se desprenden de los perfumes podrían contaminarlos.
"Las personas que se acercan a nuestra consulta son aquellas que quieren tener un hijo y que por un motivo u otro no han podido lograr el embarazo", comenta el doctor Carlos Jiménez, coordinador de la Clínica de Fertilidad de Profamilia. "Si es una mujer soltera, viene en busca de un embarazo a través del banco de semen, y en los casos de parejas, porque alguno de los dos tiene una dificultad reproductiva".
El promedio de edad de las mujeres que se someten a algún tipo de tratamiento en esta clínica está en 34,5 años. "Aquí llegan muchas que rondan los 50 años y que quieren embarazarse, pero las descartamos porque tenemos nuestros protocolos. La edad máxima de las pacientes que aceptamos es 50 años y en esos casos siempre se hace con óvulos donados. Las posibilidades de embarazo en una mujer mayor a los 40 años no superan el 5% y las posibilidades de malformaciones son cuatro o cinco veces mayores en este grupo poblacional", explica el doctor Jiménez.
En la primera consulta en la Clínica de Fertilidad, a la pareja se le realiza una extensa entrevista para configurar la historia clínica. Según los directivos de la clínica de Profamilia, "siempre exigimos que venga a consulta la pareja. Erróneamente, sobre todo en estas latitudes donde el machismo es tan arraigado, se suele creer que eyacular es un signo de fertilidad y por esto muchos hombres creen que la responsable de la dificultad reproductiva es la mujer. Pero lo cierto es que el porcentaje de responsabilidad en casos de infertilidad es similar entre hombres y mujeres".
La consulta inicial se complementa con una serie de exámenes que buscan determinar el origen de la falla reproductiva. A las mujeres se les practica un perfil hormonal que permite determinar el funcionamiento de los ovarios y luego una laparoscopia o histerosalpingografía. La laparoscopia es una técnica quirúrgica en la que se chequea la integridad del útero y las trompas, mientras la histerosalpingografía permite a los especialistas este mismo objetivo pero a través de medios radiológicos. A los hombres se les ordena un espermeograma, una especie de "examen de aptitudes" para los espermatozoides. Con estas pruebas iniciales se puede detectar el origen de un 80 a 85% de las dificultades reproductivas de una pareja.
Entonces se decide el tratamiento a seguir, que abarca una gama de posibilidades que va desde estrategias tan sencillas como regular los ciclos hormonales en los casos de pacientes con alguna enfermedad como la diabetes u otro trastorno endocrino, pasando por tratamientos quirúrgicos para recuperar el estado funcional de los órganos reproductivos hasta la inseminación artificial y fertilización in vitro.
Fertilización 'in vitro'
Una de las técnicas de reproducción asistida de más alta complejidad es la fertilización in vitro, con la que se busca que la fertilización (unión de óvulo y espermatozoide) y los pasos iniciales para el desarrollo de embriones se logren en un laboratorio, para posteriormente depositarlo en el útero y que se inicie el embarazo.
"Es una técnica útil en casos de mujeres que tienen sus trompas obstruidas o ausentes, infertilidad inexplicada y cuando han fallado ciclos previos de inseminación", explica el doctor Jiménez.
En las mujeres seleccionadas para este tipo de fertilización, el primer paso es estimular sus ovarios con medicamentos especiales para que se produzca un mayor número de óvulos. Luego, mediante un procedimiento quirúrgico, estos óvulos son extraídos. Es un proceso ambulatorio con una duración aproximada de 30 minutos. A través de una punción por vía vaginal guiada por ecografía, se recuperan estos óvulos y se trasladan rápidamente al laboratorio.
En el laboratorio de Reproducción Asistida, el embriólogo separa y selecciona los óvulos. Simultáneamente, se han preparado los mejores espermatozoides, bien sean de la pareja o de un donante anónimo, y bajo condiciones ambientales ideales, óvulos y espermatozoides se ponen en contacto. Después de 16 a 20 horas, se verifica a través del microscopio si ocurrió la fertilización , y luego se espera a que se formen los embriones hasta máximo 5 días, los cuales entre un número de 1 a 3 como máximo serán devueltos al útero de la mujer para que se inicie el embarazo.
Inseminación artificial
Pero en muchas ocasiones la solución no es la fertilización in vitro, un procedimiento de alta complejidad, sino una inseminación artificial, un tratamiento de reproducción asistida de baja complejidad. El objetivo de esta técnica es depositar dentro de la cavidad uterina, una cantidad de espermatozoides seleccionados de una muestra de semen, mediante una preparación llamada capacitación espermática. Este procedimiento debe realizarse de manera coordinada con el momento de la ovulación, para que la fecundación se logre de forma natural en las trompas uterinas.
La inseminación puede ser homóloga (semen de la pareja) o heteróloga (semen de donante) y está indicada cuando la dificultad radica en alteraciones del moco cervical que impidan que los espermatozoides puedan entrar al útero de forma natural, alteraciones leves de la calidad espermática (cantidad, movilidad, forma), infertilidad inexplicada, alteraciones en la eyaculación, disfunción eréctil, disfunciones hormonales o en los casos de hombres que han congelado su semen pues han sido sometidos a tratamientos para cáncer o cirugía testicular.
Según estadísticas mundiales y las de Profamilia-Fértil, los tratamientos de inseminación ofrecen una posibilidad de embarazo de 18-25% por cada intento, porcentajes que pueden aumentar en la medida que el procedimiento se repita; al cabo de tres intentos, las probabilidades se acercan al 50%.
Donantes de semen
En las clínicas de fertilidad resulta indispensable contar con un banco de semen. De allí provienen los espermatozoides que se utilizan en los casos de mujeres solteras que quieren embarazarse, así como los que reemplazarán los de los hombres que no los producen. En tanques llenos de nitrógeno líquido, a -196°C, el semen recolectado de un grupo de donantes permanece congelado esperando su momento de actuar.
"Tenemos un programa de donantes muy exigente. La búsqueda del donante la hacemos a través del voz a voz, por avisos o reclutando hombres que llegan por su propia cuenta", dice el doctor Jiménez.
El proceso de selección para convertirse en donante de semen es muy exigente. Comienza con la revisión de hojas de vida, en la que se prefieren candidatos con formación universitaria o técnica. Se estudian sus rasgos físicos, que no tengan problemas de drogadicción, alcoholismo, enfermedades hereditarias o enfermedades psiquiátricas. A esto se suma una larga lista de exámenes de laboratorio para descartar enfermedades infecciosas. También pruebas para sus espermatozoides. Se exige que sean hombres con una producción espermática superior al promedio, porque el 20% de los espermatozoides, cuando se someten a congelación, se mueren. Normalmente un eyaculado tiene entre 20 y 250 millones de espermatozoides por mililitro. En la Clínica de Fertilidad de Profamilia se exigen mínimo 80 millones por mililitro a sus donantes.
"Permanentemente se necesitan donantes y es muy difícil conseguirlos. Menos del 10% de los candidatos entran al programa", comenta el doctor Jiménez. Los donantes permanecen vinculados al programa al menos seis meses. En una ciudad como Bogotá, el semen que aporta un solo donante puede utilizarse hasta en 27 casos de fertilización asistida.
Las mujeres o parejas en las que la fertilización exige el uso de semen del banco nunca conocen la identidad del donante, pero pueden leer un perfil de los candidatos para escoger el que más se ajusta a sus preferencias. El donante 1018 de la Clínica de Fertilidad de Profamilia, por ejemplo, nació el 19 de junio de 1983, es de ojos de color café, cabello negro y ondulado, piel trigueña, 1,71 metros de estatura, 53 kilogramos de peso, aficionado a las motos y se desempeña como técnico dental.
En Colombia, las técnicas de fertilización asistida no están incluidas en los programas de salud. Pero algunas instituciones, como la Clínica de Fertilidad de Profamilia, ofrecen acceso a estos procedimientos con precios cada vez más cómodos. La fertilización in vitro, que es uno de los tratamientos más complejos, puede alcanzar un costo de 8 a 10 millones de pesos, mientras una inseminación artificial ronda los 2 millones.
http://www.elespectador.com/elespectador/Secciones/Detalles.aspx?idNoticia=17437&idSeccion=50
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Embarazos de laboratorio
miércoles, 12 de agosto de 2009
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PROCREACIÓN HUMANA ASISTIDA
Publicado por
Beatriz Campillo
en
2:04
¿Y la objeción de conciencia?
MIÉRCOLES | 14 de noviembre del 2007 | Guayaquil, Ecuador
Nicolás Parducci | nparducci@romeromenendez.com
¿Y la objeción de conciencia?
El tema de la objeción de conciencia, tan importante para los seres humanos, apenas está normado en nuestra Constitución vigente.
En su artículo 23 numeral 11, leemos, entre los derechos civiles reconocidos y garantizados "La libertad de conciencia", lacónicamente, sin explicación alguna, a diferencia de otros derechos como el de la libertad religiosa, cuya explicación consta en ese mismo numeral.
Otra referencia es la del artículo 188, al tratar el servicio militar obligatorio, donde se lee que el ciudadano será asignado a un servicio civil a la comunidad, si invocare una objeción de conciencia fundada en razones morales, religiosas o filosóficas, en la forma que determine la ley.
Esto nos permite concluir cuales son, en Ecuador, las tres vertientes que pueden llevar a una persona a negarse a cumplir una obligación emanada de una norma jurídica válida.
La objeción de conciencia es de vieja data, como se consigna en un estudio al que tuve acceso, donde se recuerdan los históricos casos de Sócrates, de los primeros mártires cristianos y de los santos ingleses John Fisher y Thomas More, que murieron ejecutados por ser fieles a su conciencia.
Actualmente está reconocida como un derecho por las Naciones Unidas en una resolución del 10 de marzo de 1987, suscrita por muchos Estados. El respeto al derecho a la objeción de conciencia está siendo exigida actualmente en varios países como en Chile, donde, por considerar que se trata de un producto abortivo, hay farmacéuticos que no desean comercializar "la píldora del día después", cuya venta es obligatoria so pena de sanciones económicas, que ya se han impuesto.
Otras personas en riesgo de tener que actuar contra lo que les dicta su conciencia son los servidores públicos de la salud: médicos, enfermeras, paramédicos o administrativos en aquellos países donde está oficializada la eutanasia o el aborto, que pueden ser legalmente exigidos por los usuarios.
Otro tanto puede ocurrir con quienes laboran en el registro civil en lugares donde se admite el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Lo curioso cuando se reclama amplia viabilidad para el ejercicio de la objeción de conciencia es la argumentación de quienes se oponen a ella.
Resulta paradójico porque quienes consideran una conquista de la libertad individual decidir libremente la supresión voluntaria de la vida, ajena o propia, en casos de aborto y eutanasia, o de unirse en matrimonio con personas del mismo sexo, no admiten esa misma libertad para los que consideran que por razones morales, religiosas o filosóficas no deben participar en tales actos.
¿Qué defensa tenemos en nuestro país contra las decisiones de jefes que exijan a sus subordinados actuar contra su conciencia? ¿Qué podrían hacer si hubieran retaliaciones laborales, económicas o sociales contra los objetores de conciencia?
He aquí un campo fértil, no labrado, listo para que en la ya cercana Asamblea Constituyente sus integrantes pongan de manifiesto sus virtudes morales y cívicas normando como se debe tan importante recurso liberador: el derecho a la objeción de conciencia.
¿Es el momento oportuno para tratar y decidir lo más conveniente para el cabal respeto de las personas? ¿Sería tan amable en darme su opinión?
http://www.eluniverso.com/2007/11/14/0001/21/316535C0A0084327B958F1301FE13BAA.aspx
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OBJECIÓN DE CONCIENCIA
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Beatriz Campillo
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2:02
La Ética para las máquinas, nuevo campo de investigación
La Ética para las máquinas, nuevo campo de investigación
Considera a las máquinas, computadoras y robots, como un tipo de agentes éticos
Hasta hoy, sólo el Hombre se comprometió a un razonamiento ético, pero ya es hora de incorporarle una dimensión ética a algunas máquinas complejas. Se trata de un nuevo campo de estudio que considera a las máquinas, computadoras y robots, como un tipo de agentes éticos e intenta implementar en ellos facultades morales de toma de decisiones. Dado que las investigaciones científicas y los objetos tecnológicos tienen el poder de afectar a toda la humanidad, las decisiones sobre su curso actual y futuro no deben involucrar únicamente a los científicos, los empresarios y los gobernantes. Es necesario que la mayoría de la gente tenga una participación mucho más activa a fin de fijar los límites adecuados. Por Sergio Moriello.
La ética es la ciencia que estudia el comportamiento moral del hombre y su accionar. Se relaciona con los propios actos que cada uno realiza, las cuales –a su vez– dependen de los propios valores. No es su función prohibir o aceptar indiscriminadamente, sino permitir el discernimiento –dentro de un determinado contexto– entre lo “correcto” y lo “equivocado”, lo “bueno” y lo “malo”.
Pero quien juzga es siempre, en última instancia, la propia persona. Dentro de una comunidad o una sociedad, la ética consiste en aquellas conductas que tienden a ser preferidas a lo largo de períodos suficientemente largos de tiempo, como para convertirse en una especie de codificación. Por ese motivo, y para cualquier actividad humana, la ética es tan igualmente esencial como la creatividad, el conocimiento profesional o las habilidades [Mulej et al, 2002].
Con respecto a la relación entre la tecnología y la ética, se pueden considerar tres aspectos:
• el uso responsable e irresponsable que algunas personas hacen de los objetos tecnológicos;
• cómo los seres humanos deben de tratar a los objetos tecnológicos complejos; y
• los problemas relacionados con los objetos tecnológicos complejos y su interacción con el ecosistema.
Relaciones tirantes
En cuanto al primer punto, y en general, lo que preocupa no es tanto la tecnología en sí misma, sino la utilización que se puede hacer de ella [Ricard y Xuan Thuan, 2001, p. 27]. Lo que provoca miedo es la velocidad e imprevisibilidad de su avance y, en especial, la posibilidad de que se vuelva incontrolable [Capanna, 2000].
Los objetos tecnológicos son neutros: multiplican las posibilidades humanas tanto para hacer el bien como para hacer el mal. Pero definitivamente no son neutros los impactos que tienen dichos objetos sobre la vida de los individuos y las sociedades.
Es el caso de la energía atómica: ofrece tanto la posibilidad de construir centrales eléctricas (que otorgan luz y calor a grandes ciudades) como la posibilidad de construir bombas (que destruyen esas mismas grandes ciudades). Y es también el caso del robot inteligente y autónomo: si su objetivo principal fuese el de satisfacer al Hombre, sería de valiosa ayuda; pero si su objetivo principal fuese el de satisfacer su propia supervivencia, sería extremadamente peligroso [Fritz, 2007].
Por eso, todo avance es percibido de forma ambivalente: como sublime y, a la vez, nefasto; como maravilloso y, al mismo tiempo, monstruoso. Esto no hace más que revelar las contradicciones intrínsecas de una sociedad escindida entre los tecnófilos y los tecnófobos, entre los que se ufanan por los beneficios que puede brindar el poder tecnológico y los que temen al daño irreparable que puede acarrear su utilización descontrolada.
De todas formas, ya no es posible revertir el inevitable proceso de aceleración tecnológica acaecido en las últimas décadas. Sólo queda como única posibilidad la de tomar adecuadas decisiones a fin de suavizar los peligros que pudiese originar, pero sin renunciar a la multiplicidad de sus ventajas. En otras palabras, no se discute si se utiliza o no la tecnología, sino solamente la forma en que se la va a emplear.
Es responsabilidad del homo sapiens ser mucho más crítico con respecto a lo que hace y por qué lo hace; sólo así podrá –en parte– prever algunas de las consecuencias indeseadas. Cuanto más amplio es su poder, mayor debe ser su sentido de la responsabilidad.
Dado que las investigaciones científicas y los objetos tecnológicos tienen el poder de afectar a toda la humanidad, las decisiones sobre su curso actual y futuro no deben involucrar únicamente a los científicos, los empresarios y los gobernantes. Es necesario que la mayoría de la gente tenga una participación mucho más activa a fin de fijar los límites adecuados. Y, en ese punto, el periodismo de divulgación tiene una responsabilidad fundamental [Dalai Lama, 2006, p. 221, 231/2 y 242].
¿Cómo tratarlas?
Las actuales máquinas inteligentes son simples en extremo; en parte porque son muy “jóvenes”: apenas tienen poco más de medio siglo de existencia. No obstante, su avance arrollador las hará inmensamente más complejas en poco tiempo más. Aunque es posible que retengan el nombre “máquina”, con seguridad serán otra cosa.
Si una máquina puede desarrollar tanto actividades cognitivas como afectivas (emociones), habría que empezar a pensar seriamente sobre qué posición ocupa la máquina. ¿Tendrá el propietario derecho a desenchufarla, o a destruir su programación inteligente? ¿Constituiría esto un asesinato? [Ritchie, 1985, pág. 145] ¿Aunque, una vez “asesinada”, se pudiese reconstruir tan bien como si fuera nueva? ¿Sería este caso un “intento de asesinato”? [Freitas Jr., 1985].
De acuerdo con las leyes vigentes, los robots son simplemente una propiedad inanimada sin derechos ni deberes. No son personas legales (al igual que las máquinas y las computadoras) y no los toma en cuenta el sistema judicial. Sin embargo, se debe recordar que, en algún momento de la historia del Hombre, tampoco fueron considerados como personas legales los negros, los niños, las mujeres, los extranjeros y las empresas [Freitas Jr., 1985].
Si la máquina fuese un robot antropomorfo, si fuese capaz de pensar, de sostener debates interesantes o de hacer nuevos descubrimientos científicos (en suma, si desarrollase habilidades cognitivas), tal vez no habría dudas de que “apagarlo permanentemente” constituiría una especie de asesinato.
Pero, si en vez de ser intelectualmente brillante, ¿qué sucedería si mostrase una gama de emociones equivalentes a las que componen al ser humano promedio? Incluso más, si tuviese la forma de un perro, con un nivel mental equivalente a ese animal y su limitada gama de emociones, ¿sería cruel pegarle, o sería nada más que golpear a piezas metálicas o de plástico? [Storrs Hall, 2000].
¿Chatarra o asesinato?
Por otra parte, el cambiar un robot –ya obsoleto y/o pasado de moda– por un modelo más nuevo y tirarlo como “chatarra”, como se hace con un automóvil o cualquier electrodoméstico, ¿no sería también una especie de asesinato?
Antes de construir humanoides inteligentes, se deberían resolver algunos problemas. De hecho, al momento de diseñarlos se debería tener definido si no es una crueldad producir en masa androides sintientes y luego eliminarlos en “campos de exterminio”.
Actualmente, cualquier robot se considera un bien instrumental; en consecuencia, su propietario puede hacer el uso que quiera… incluso hasta destruirlo. Es probable que, con el tiempo, surja un movimiento tendiente a atenuar los derechos derivados de la propiedad de los androides [Monopoli, 2005].
Incluso puede ser que, algún día, éstos argumenten que son seres conscientes y demanden la igualdad de derechos. Es por eso que, por uno u otro camino, hay quienes afirman que el homo sapiens compartirá el planeta con formas de vida sintética que hasta podrían tener “derechos legales”.
¿Qué tipos de derechos se les debería otorgar y/o negar? ¿Se les pueden aplicar los “derechos humanos”? Si un robot emula perfectamente las características humanas, ¿podría reclamar ser miembro de la especie? No se podría exigirle que tenga un cuerpo físico como el humano, ya que –con ese criterio– se deberían rechazar también a las personas que cuentan con partes artificiales [Lucas, 2006]. ¿Cuál será el lugar que los robots ocupen dentro de la sociedad? ¿Formarán su propia sociedad?
Por otra parte, ¿deberían los robots llevar armas? Si se envía un robot para asesinar a un ser humano, ¿de quién es la culpa: de la máquina, de las personas que la diseñaron, de la empresa que la diseñó, de las personas que la construyeron o de la empresa que la construyó? Asimismo, ¿deberían concedérseles patentes a las máquinas? Si un robot (una computadora o una máquina) inventa una patente, ¿pertenece a su dueño o a él mismo?
Nuevo campo
Con respecto a la ética para las máquinas, se pueden distinguir dos niveles: la “humana” y la “artificial” propiamente dicha [Palmerini, 2004]. La función de la primera es la de restringir quién debe construir y quién debe usar robots. Pero su desarrollo no va parejo con el de la ciencia y la tecnología; en otras palabras, no está en condiciones de seguir el vertiginoso ritmo de las proezas científicas y tecnológicas del ser humano.
En lo referente a los nuevos desarrollos tecnológicos, mucho de lo que –en poco tiempo- será factible, está más relacionado con los cálculos financieros empresariales y con las previsiones políticas y económicas gubernamentales, que con los nuevos descubrimientos o paradigmas científicos [Dalai Lama, 2006, p. 221].
La ética artificial de los robots, o “roboética”, es aquella parte de la ética que se ocupa de los problemas relacionados con los robots y con su interacción con el hombre, los animales, la sociedad, la naturaleza y el mundo [Monopoli, 2005].
Se trata de un nuevo campo de estudio que considera a las máquinas, computadoras y robots como un tipo de agentes éticos e intenta implementar en ellos facultades morales de toma de decisiones [Allen, Wallach y Smit, 2006] [Moor, 2006].
La idea es otorgarles un determinado conjunto de reglas o guías de comportamiento universal, un “código de ética”, a medida que se vayan haciendo cada vez más complejas, a fin de que sus acciones no se aparten mucho de la normas humanas (ya que se tornaría imposible controlarlos) [Proença, 2001].
Hasta hoy, sólo el Hombre se comprometió a un razonamiento ético; ya es hora de incorporarle una dimensión ética a algunas máquinas complejas [Anderson y Leigh Anderson, 2006].
Otros agentes éticos
Es enfoque se sustenta en el hecho de que existen casos de otras clases de agentes éticos. Por ejemplo, los perros tienen un sentido de lo que es correcto y lo que es incorrecto. Incluso, los niños son una forma distinta de agente ético: tienen limitados derechos y responsabilidades, y los adultos tienen deberes para con ellos.
Es más, hay una variación continua de agente ético que va desde el bebé hasta el adolescente [Storrs Hall, 2000]. Sin embargo, la mayoría de las personas establece una frontera divisoria para la ética entre lo que considera consciente y lo que considera no-consciente.
Por ejemplo, si se piensa que una serpiente no es consciente, no se harán muchos cuestionamientos en caso de tener que matarla. De igual manera, si se piensa que una máquina no es consciente, se tendrá mucho menos escrúpulo en lastimarla.
Recientemente un equipo internacional de científicos y académicos –pertenecientes a EURON (EUropean RObotics research Network)– elaboró un prototipo de “código de ética”. A grandes rasgos, sus recomendaciones son las siguientes:
• Asegurarse el control de los humanos sobre los robots.
• Prevenir su utilización nociva o ilegal.
• Proteger los datos obtenidos por los robots.
• Rastrear y grabar la actividad de los robots.
• Brindar una identificación única a cada robot.
Bibliografía
1. Allen, Colin; Wallach, Wendell y Smit, Iva (2006): Why Machine Ethics? IEEE Intelligent Systems, julio/agosto, Vol. 21, N° 4, p. 12-17.
2. Anderson, Michael y Leigh Anderson, Susan (2006): Machine Ethics. IEEE Intelligent Systems, julio/agosto 2006, Vol. 21, N° 4, p. 10-11.
3. Capanna, Pablo (2000): ¿Se puede orientar la tecnología? Página 12, Suplemento Futuro, 4 de marzo.
4. Dalai Lama (2006): El universo en un solo átomo. Buenos Aires, Editorial Grijalbo.
5. EURON
6. Freitas, Robert (Jr.) (1985): The Legal Rights of Robots. Student Lawyer, Nº 13, enero, p. 54-56.
7.Fritz, Walter (2007): Sistemas Inteligentes y sus Sociedades. Enero (última actualización).
8. Lucas, Chris (2006): Alien Consciousness - Philosophical Problems Version 4.83, mayo.
9. Monopoli, Antonio (2005): Roboetica. Sitio italiano.
10. Moor, James (2006): The Nature, Importance, and Difficulty of Machine Ethics. IEEE Intelligent Systems, julio/agosto, Vol. 21, N° 4, p. 18-21.
11. Mulej, Matjaž; Kajzer, Stefan; Ženko, Zdenka y Potocan, Vojko (2002): Ethics of interdependence and systems thinking. Proceedings on IDIMT-2002, p. 97/117.
12. Palmerini, Chiara (2004): Diamo una morale ai robot. Il manifesto, 18 de febrero.
13. Proença, Ana (2001): Conversando sobre Inteligência Artificial. Lisboa, Revista Intelectu, Nº 5, febrero.
14. Ricard, Matthieu y Xuan Thuan, Trinh (2001): El infinito en la palma de la mano. Barcelona, Editorial Urano.
15. Ritchie, David (1985): El Cerebro Binario. Barcelona, Editorial Sudamericana-Planeta.
16. Storrs Hall, John (2000): Ethics for Machines.
Sergio A. Moriello es Ingeniero en Electrónica, Postgraduado en Periodismo Científico y en Administración Empresarial y Magister en Ingeniería en Sistemas de Información. Lidera GDAIA (Grupo de Desarrollo de Agentes Inteligentes Autónomos, UTN-FRBA) y es miembro activo de ALAS (Asociación Latinoamericana de Sistemas) y de GESI (Grupo de Estudio de Sistemas Integrados). Es autor de los libros Inteligencias Sintéticas e Inteligencia Natural y Sintética.
Domingo 13 Mayo 2007
Sergio Moriello
http://www.tendencias21.net/
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ANDROIDES - HUMANOIDES Y CYBORG'S,
ROBÓTICA
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Beatriz Campillo
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De nuevo: el caudillismo
De nuevo: el caudillismo
Para tener democracias sólidas y funcionales es imprescindible respetar la superioridad de las leyes sobre los gobernantes
Por Héctor Abad Faciolince
Fecha: 11/03/2007 -1331
Hay que levantar la nariz y aspirar el perfume (o la hediondez) de los tiempos. Al husmear el ambiente político en América Latina se notará que una nueva pestilencia nos recorre. Aquí todo se da por oleadas, por modas que se contagian: juntas militares, partidos únicos o intentos democráticos. La nueva epidemia es una enfermedad cíclica que ya habíamos vivido en los pasados siglos, y que podría llamarse el virus de los "grandes hombres" que, mediante piruetas constitucionales, se convierten en presidentes vitalicios. Contra esa peste se inventó hace mucho la vacuna de una consigna que se coreaba por toda la América hispana: "¡Sufragio universal, no reelección!" Pero ha pasado el tiempo y esa ya es una lección olvidada de la historia. La acromegalia presidencial ha vuelto a América, tal vez con las felices excepciones de México y Chile.
Ahora los áulicos de los distintos mandatarios suramericanos, sin importar su ideología, desde Argentina hasta Colombia, pasando por Brasil, Bolivia, Venezuela y Ecuador, adulan a sus ídolos y los bautizan salvadores de la Patria, hombres imprescindibles, inteligencias superiores enviadas por la Providencia para iluminarnos, y en últimas nos embarcan, en todos estos países, en peligrosos y simultáneos proyectos que huelen a monarquía. A sus cortesanos esto les resulta útil pues son ellos, incluso más que el monarca, quienes se apropian de la cosa pública y la usan para su conveniencia. Los mismos áulicos saben que ellos, sin el "hombre fuerte", volverían a ser lo que son: figuras insignificantes.
Digo proyectos monárquicos, así no se sugiera la creación de una casta hereditaria de gobernantes, porque monarquía quiere decir, como es sabido, el mono-gobierno, el gobierno del Uno, del Único, del Elegido. Pero en vez de monarca, si lo prefieren, al nuevo Ungido lo podemos llamar, según una tradición más nuestra, el Caudillo Vitalicio.
Es esto lo que el contagio regional les intenta imponer a unos ciudadanos embrutecidos por la propaganda y ablandados por un ciclo económico mundial que por un instante ha hecho levantar cabeza a nuestros países. ¿Cuál es el motivo de esta mejoría, sobre todo si se la contrasta con la penuria de ayer? No se la atribuye a los buenos precios del petróleo ni del carbón ni del café o el níquel, ni a la coyuntura del excedente de capitales del primer mundo que vienen a invertirse por estos lados. El motivo de la bonanza es que en cada país nos ha llegado un Mesías, un Salvador, y por lo tanto hay que perpetuarlo en el poder. Así Kirchner (o su consorte, que es lo mismo), así Evo Morales, Chávez, Correa… Y así mismo el presidente Uribe que, después de rechazar (hace unos meses) "in límine" la propuesta de trielección, ahora la admite siempre y cuando sea para-salvar-a-la-Patria-de-una-hecatombe. Y para lograrlo se hará la reforma -vía referendo- de un "articulito" de la Constitución.
Nuestra incultura política, nuestra supersticiosa creencia en las soluciones providenciales, mágicas, nos impide ver que para contar con democracias sólidas y funcionales es imprescindible respetar la superioridad de las leyes sobre los gobernantes, e incluso por encima de los "hombres virtuosos". Es la obnubilación que produce el poder, y la adulación permanente de las camarillas íntimas, la que lleva a creer a todos estos caudillos que ellos están por encima de las leyes y que pueden hacer reformas constitucionales con nombre propio. Si en las encuestas registran buenos índices de aprobación, su vanidad se vuelve arrogancia, y ésta los vuelve ciegos a toda opinión contraria. Y para perpetuarse, simplemente, cambian la Constitución a su amaño.
El antiguo debate griego, donde se enfrentaban los partidarios de una visión del gobierno fundado en la voluntad de los mejores hombres y los partidarios de una visión del gobierno basado en las mejores leyes, se revive hoy en Suramérica. La historia de los últimos siglos nos enseña que el gobierno de los mejores hombres ha sido un fracaso y que es la creación de instituciones sólidas, la madurez política de los ciudadanos, y no el culto a la personalidad, lo que conduce a países más justos y menos inciviles. No es conveniente que el "pueblo ignorante" delegue el poder en el "hombre sabio", pues el caudillo acaba gobernando a favor de una camarilla restringida.
Pero los que nos oponemos a esta nueva (y recurrente) enfermedad latinoamericana, parecemos locos clamando en el desierto. Si exponemos en Venezuela la teoría de la superioridad de las leyes y las instituciones sobre los "hombres sabios", les parece bien, pero no para aplicársela a Chávez, sino a Uribe. Y si lo decimos en Colombia, la teoría les parece muy sana para Chávez, pero Uribe se salva de la regla. Nos volveremos a hundir en estos pantanos con presidentes dementes que se creen, cada uno, un nuevo Napoleoncito. Al mismo Bolívar le dio la misma enfermedad. La infección y el contagio ya empezaron y no sabemos cómo ni cuándo nos vamos a curar.
http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?idArt=107486
Demanda en el mundo real por robo que ocurrió en 'Second Life', un mundo virtual
Noviembre 1 de 2007
Demanda en el mundo real por robo que ocurrió en 'Second Life', un mundo virtual
Este es el lugar de donde el personaje 'Rase Kenzo' habría robado los juguetes eróticos. La tienda es muy popular en 'Second Life'.
Kevin Alderman, exitoso empresario ('Stroker Serpentine' en el mundo virtual), demandó a 'Thomas Simon ('Rase Kenzo') por haber asaltado su tienda y haberse robado algunos juguetes sexuales.
Alderman, inventor de la cama de múltiples posiciones para tener relaciones sexuales virtuales, instauró la demanda ante un juez de Brooklyn, Nueva York (Estados Unidos). Simon, de 36 años, vive en el barrio Queens, de la misma ciudad. A seguró que no es la primera vez que es víctima de un robo en su emporio virtual de almacenes para adultos.
Alderman se ha enriquecido en su vida real con la venta de sus objetos, pues la moneda que se usa en el mundo virtual (dólar linden) tiene un equivalente en el mundo real. Por estos días, un dólar linden equivale a unos 8 pesos.
Ese es justamente el argumento que usará para sustentar el caso: que por tener un precio de verdad, los objetos robados son propiedad de verdad y, por tanto, el robo ocurrió en la vida real.
La defensa de Simon es aún más descabellada: dice que las fotos tomadas en su casa en el mundo virtual cuando fue allanada fueron obtenidas sin una orden.
Este es otro de los casos que demuestran que en el cada vez más populoso mundo ficticio -hoy son 10,6 millones de habitantes- cualquier cosa puede pasar.
Así funciona 'Second Life'
El mundo virtual 'Second Life' es un programa de computador en el que las personas crean un personaje y con él interactúan con otras en un entorno conectado a Internet.
Usar el programa no tiene costo, pero para contar con propiedades básicas como casa, carro o ropa hay que tener dólares linden, la moneda oficial. Para obtenerlos se puede cambiar dinero real (con un dólar de Estados Unidos se compran 250 lindens) o trabajar.
Entre los delitos virtuales más comunes están el acoso sexual y el robo.
http://www.eltiempo.com/justicia/2007-11-02/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3799159.html
Etiquetas:
MUNDO VIRTUAL
Publicado por
Beatriz Campillo
en
1:52

